10 millones de personas se unieron a protestas masivas por toda Francia
Hace 57 años París frenó. Los estudiantes primero, y posteriormente los obreros, tomaron la capital francesa, lo que desembocó en una de las mayores movilizaciones civiles del siglo XX. El conocido como mayo francés no solo puso en jaque al Gobierno del momento, sino que encarnó un estallido generacional sin precedentes. Sus consignas, sus sueños y su desafío al orden establecido marcaron el pulso de los años 60 y siguen resonando hoy en los debates sobre libertad, autoridad y justicia social.
Francia antes del 68
La revolución no llegó de la nada; fue la respuesta a diversos factores que instigaron a la juventud a tomar las calles. La Francia de los años 60 vivía bajo el gobierno de la Quinta República, con Charles de Gaulle. Su figura, presidente desde 1958, se convirtió en un símbolo de estabilidad tras las complicadas décadas de mediados del siglo XX. A pesar de su aprobación general, los jóvenes lo percibían como un líder autoritario y ajeno a sus inquietudes.
A pesar del llamado «milagro económico», tras la Segunda Guerra Mundial, los universitarios veían muy complicado su futuro laboral, con tasas de paro juvenil muy altas. Las fábricas seguían funcionando bajo estructuras rígidas, y los trabajadores comenzaban a cuestionar las condiciones laborales que no se correspondían con el supuesto progreso del que presumía el Gobierno. El crecimiento económico no se traducía en justicia social, lo que empezó a inquietar a gran parte de la población.
Asimismo, Francia mantenía una estructura conservadora y patriarcal. Pero la nueva generación, influida por la contracultura, el feminismo y otras revueltas que empezaban a extenderse por todo el mundo, rechazaba esta visión social. Los jóvenes querían más libertad; solo necesitaban un impulsor para movilizarse.
Primeras manifestaciones
El detonante de las protestas tuvo lugar en marzo del 68. Los estudiantes de la Universidad de Nanterre, a las afueras de París, exigían la libre circulación de los alumnos por los dormitorios del campus. Las estancias estaban segregadas por género y la dirección del centro prohibía a los hombres acceder a los edificios donde vivían las mujeres.
Sus quejas no fueron escuchadas por el rectorado y, ante el autoritarismo académico, los estudiantes decidieron actuar. Varios jóvenes tomaron la Torre Central de la universidad en la que protestaron no solo en contra de la segregación, también contra la Guerra del Vietnam. Tras las revueltas estudiantiles en el campus, el 3 de mayo, el decano de la facultad ordenó su cierre, estallando así la revolución en París.
Las revueltas estudiantiles se intensificaron en mayo cuando los enfrentamientos se trasladaron a la Universidad de la Sorbona, situada en el Barrio Latino. La policía intervino y clausuró el centro el 3 de mayo. Durante los días siguientes, miles de jóvenes ocuparon plazas, levantaron pancartas con lemas como “La imaginación al poder” y exigieron reformas profundas en el sistema educativo y social.
El punto más tenso fue la Noche de las Barricadas, cuando los manifestantes levantaron decenas de barricadas en las calles del barrio Latino. La policía cargó contra los estudiantes, dejando más de 400 heridos y decenas de detenidos. Estos hechos dieron lugar a que la opinión pública comenzara a apoyar a los manifestantes. Las imágenes de los estudiantes sangrando cambiaron el relato: ya no eran los alborotadores, sino una generación que se rebelaba ante el sistema.
¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!
Ante la situación que experimentaban los estudiantes, muchos jóvenes obreros se unieron a las movilizaciones del Barrio Latino. Las condiciones laborales de los obreros eran pésimas: largas jornadas de trabajo, bajos salarios, empleos precarios y escasa representación sindical, lo que, unido a la queja de los estudiantes, desembocó en la frustración de miles de trabajadores. Como consecuencia, se convocó una huelga general el 13 de mayo de 1968.

Esta huelga se convirtió en la más importante de la historia de Francia. 10 millones de trabajadores salieron a las calles a protestar en contra del Gobierno de Gaulle, paralizando las principales ciudades francesas. Con el paso de los días, más sectores se unieron a las protestas, como periodistas, controladores aéreos o trabajadores del transporte.
Entre los eslóganes más escuchados se repetían consignas como “Seamos realistas, pidamos lo imposible» o “La imaginación al poder”, reflejando el espíritu reivindicativo, influido por culturas como la hippie. Las reivindicaciones eran tan diversas como los sectores que salieron a la calle, pero todas coincidían en el deseo de romper con el orden establecido.
Reacción del Gobierno
Al comienzo de las protestas, el Gobierno francés restó importancia a la situación. Incluso, De Gaulle realizó un viaje oficial a Rumania, lo que fue duramente criticado por los manifestantes. Con el paso de los días, las protestas comienzan a ser más violentas, lo que incrementó la indignación del pueblo. Uno de los puntos claves fueron los acuerdos de Grenelle, donde sindicatos y Gobierno aprobaron medidas para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. A pesar de estos avances, las protestas continúan.
El punto de inflexión se da el 29 de mayo, cuando durante unas horas el presidente desaparece, dejando un vacío de poder en el país. De Gaulle viajó hasta Alemania para reunirse con el jefe del ejército de la región de Baden-Baden para pedirle apoyo militar. Al día siguiente, De Gaulle convoca elecciones, al mismo tiempo que la policía recupera el control de las universidades y fábricas ocupadas por los manifestantes. Tras más de un mes de protestas, la normalidad comienza a volver a Francia.
Consecuencias del intento de revolución
Aunque el mayo francés no consiguió cambiar el sistema francés, sí tuvo consecuencias tanto en la política como en la sociedad del país. Estos hechos adelantaron el fin del gobierno de De Gaulle, que, a pesar de ganar las elecciones en junio del 68, dimitió al año siguiente después de que su imagen se viera muy desprestigiada. Asimismo, las protestas supusieron un cambio de organización en la izquierda, perdiendo poder el Partido Comunista a favor del socialismo.
Socialmente, las protestas del mayo francés supusieron un punto de no retorno. De estos hechos, surgió una nueva generación más libre y crítica, consiguiendo romper con la moral tradicionalista de la época. Además, se impulsó al movimiento feminista que en los años posteriores cobraría fuerza en la lucha por la igualdad y la liberación sexual. Incluso, se consiguió una reforma del sistema universitario que otorgó mayor autonomía y promovió la participación activa de estudiantes y profesores en su gestión.
Mayo del 68 en el resto del mundo
Pero el sentimiento del Mayo del 68 no solo dejó marca en Francia; las protestas influyeron también a diversos países de todo el mundo. Las manifestaciones coincidieron con un momento histórico en el que los jóvenes comenzaban a rebelarse contra los modelos establecidos por las generaciones anteriores, surgiendo movimientos como el feminismo, el ecologismo o la lucha por los derechos civiles en EE.UU.
El ejemplo de Francia fue seguido en países como Italia y Alemania, donde los estudiantes alzaron la voz contra el autoritarismo. La influencia de mayo del 68 también inspiró la Primavera de Praga, una de las primeras manifestaciones claras contra la influencia soviética en Checoeslovaquia, marcando el comienzo de unas protestas que cuestionaron el control de la URSS. 57 años después, el mayo sigue siendo recordado no por sus logros inmediatos, sino por su simbolismo. Aunque no cambió la sociedad francesa, sí transformó mentalidades: dando el poder a las nuevas generaciones para cambiar el mundo.

