El festival, que rinde homenaje al tríptico del Prado, se abre paso cada año, recreando en la realidad lo que en su lienzo se plasmó: un universo donde los placeres sensoriales encuentran su máxima expresión
El esperado festival Jardín de las Delicias 2024 desplegó en su quinta edición un mágico tapiz los días 20 y 21 de septiembre, invitando a miles de almas de la capital a sumergirse en un mundo donde la música, el arte y la alegría se entrelazaron en un frenesí inolvidable.
Como si se tratase de una interpretación contemporánea del icónico tríptico, la Ciudad Universitaria de la Universidad Complutense se convirtió en el escenario perfecto para este edén musical. La euforia y la libertad de la juventud se dieron cita bajo el cielo de Madrid, en un espacio que, por dos días, se transformó en un paraíso de emociones desbordantes.
Primeros bocetos: los artistas emergentes cada vez más consagrados
En el panel izquierdo del cuadro de El Bosco, se nos muestra la inocencia del paraíso terrenal, un lugar donde todo es nuevo, donde cada nota de música y cada voz es un descubrimiento. Así se sintió el festival en sus primeras horas, con los acordes de los artistas emergentes como Inazio, Depol, Hey Kid y Mercedes Cañas, entre muchos otros, cuyas melodías se alzaron atrayendo a un público ávido de nuevas sensaciones, aún comprendiéndose sus actuaciones en tempranas horas de la tarde. Sus voces, cargadas de promesas y futuro, marcaron el inicio de un viaje que no tardaría en elevarse a cotas aún más altas.
Explosión de color sobre el lienzo: la embriaguez sensorial
Avanzando hacia el centro del tríptico, donde el Jardín de las Delicias muestra su esplendor en el disfrute del mundo terrenal, el festival alcanzó su álgido momento con artistas que encarnan lo mejor del pop rock español y la esencia de lo festivo. Hombres G, con su legado eterno, y La Oreja de Van Gogh, con sus canciones que navegan entre la nostalgia y la esperanza, se encargaron de que el público se entregara sin reservas. Taburete, con su carisma y «joda» desbordante, y Juan Magán, consagrado como «el rey del electro-latino», hicieron vibrar a una multitud que cantaba y bailaba como si el tiempo fuera a detenerse.
Y en esta fiesta del alma y los sentidos, no podía faltar la fuerza desgarradora de Viva Suecia, ni la lírica urbana de Beret y, ni mucho menos, la alegría contagiosa de Andy y Lucas. Cada uno, desde su particular universo sonoro, fue parte de este mosaico vibrante, de este jardín donde cada rincón ofrecía una experiencia única, un regalo para los sentidos, pues se ha consolidado como uno de los festivales que mejor cuida hasta el mínimo detalle del panorama nacional. Porque, como en la obra de El Bosco, allí también se celebra la diversidad, la coexistencia de estilos y la libertad de disfrutar sin prejuicios.
Culmina el éxtasis: 364 días para el siguiente
En el ala derecha del cuadro, El Bosco nos muestra la consecuencia del exceso, un recordatorio de que todo placer lleva consigo un desenlace. Pero en el Jardín de las Delicias 2024, esa melancolía final se transformó en un deseo: el de volver a este edén musical el próximo año, de repetir una experiencia que, para muchos, ha sido un respiro y la guinda a un pastel llamado verano.
Madrid, con su luz dorada de septiembre, fue testigo de un festival que, como el lienzo que lo inspira, es una obra maestra de contrastes: la inocencia y la experiencia, la juventud y la madurez, el pasado y el presente. Y es que, al igual que en el cuadro, cada asistente encontró en este jardín su propio paraíso, su propio momento de felicidad efímera, como bien menciona el bueno de Melendi en sus canciones, también partícipe en otras ediciones; de conexión pura con la música y con quienes compartieron estas dos jornadas de magia.
En el preciso momento en el que las luces del escenario se apagaron y el eco de los aplausos se diluyó con ellas en la noche madrileña, el Festival Jardín de las Delicias cerró sus puertas, dejando tras de sí el recuerdo para siempre de un festín para los sentidos. Un edén que, como cada septiembre, promete regresar para ofrecernos, una vez más, ese paraíso donde la música se convierte en el lenguaje universal de la alegría.

