Fosca es una obra llena de luces y sombras que nos recuerda que en lo humano no hay absolutos
Inma Pelegrín es una escritora nacida en Lorca, Murcia que ha consolidado una carrera como poeta. Ha publicado diversos poemarios y ha recibido numerosos premios, nacionales e internacionales por sus letras. Fosca, ganadora del III Premio Lumen, es su primera novela.
La historia se desarrolla en el campo lorquiano donde vive Gabi, un niño sensible con atributos físicos diferentes que se enfrenta a un entorno hostil. Su madre, su vecina Marcela y su perra Sombra son el refugio donde la ternura resiste. Gabi, al igual que Inma Pelegrín, padece de prosopagnosia, una condición que le impide reconocer y recordar rostros. Será este el problema al que se enfrentará Gabi cuando quiera averiguar quien fue el autor del atroz crimen del que ha sido testigo.
Con un lenguaje poético que se entremezcla con el habla popular, la autora sumerge al lector en una historia tan oscura como conmovedora. La vida íntima y cotidiana de una familia se convierte en el escenario en el que Pelegrín esboza todas las complejidades del carácter humano. Es una historia en la que la infancia se difumina ante recuerdos cargados de nostalgia que llenan la narración de una belleza particular. La autora habla con nosotros sobre la novela y su proceso creativo.
Sobre el libro
Pregunta: Cuando recibiste el premio comentaste que siempre habías querido escribir sobre la prosopagnosia, condición que compartes con el protagonista de Fosca. ¿Por qué contar esta historia y no cualquier otra?
Respuesta: No sé hasta qué punto elegimos las historias o las historias nos eligen a nosotros. El tema de la prosopagnosia surgió porque yo la tengo. Me cuesta mucho recordar o identificar a las personas por su cara. A no ser que vea a una persona muchísimas veces, no soy capaz de recordar su rostro. Los recuerdo por lo que hacen, por cómo se mueven, por dónde están… por otras cosas. Yo quería hablar de eso, siempre ha sido una gran obsesión. Además, existían otras grandes obsesiones que me han ido conduciendo a contar esta historia. Ella misma me iba poniendo piedras para que yo encontrara el camino.
Luego existen otras coincidencias, o no, que me han llevado a contar esta historia. Por ejemplo, la casita en la que se ambienta que es en realidad la pizzería favorita de una amiga, que está situada en medio de la nada. Esto me llevó a preguntarme cómo sería vivir allí en una época como en la que yo me crié cuando apenas había agua y no había luz. También influyó el hecho de que el padre de mi hijo creció en el campo de Lorca y tuve la oportunidad de escuchar sus historias de infancia. Han sido una serie de hechos que han confluido para que yo pudiera escribir la historia de Gabi.
P: Fosca es una novela que usa un lenguaje poético para narrar eventos que muchas veces rozan la crueldad. ¿Es intencional esta forma tan particular de narrar simplemente es el lenguaje que usas para expresarte como escritora?
R: Un poco de las dos, pero me decanto más hacia que ha sido intencional. Antes de escribir la novela yo siempre he escrito poesía. Sí hay una intencionalidad porque en la poesía cuando hablamos de una verdad -porque la poesía normalmente habla de verdades- aunque sea dura, no tiene por qué dejar de ser hermosa. Yo no veo belleza de ninguna manera cuando hay crueldad en el mundo real, pero el arte puede partir de una premisa cruel.
P: La novela se caracteriza por una marcada presencia del habla popular.
R: Sí. Es un patrimonio cultural que tenemos y que se está perdiendo. Yo quería que quedara registrado de alguna manera. Quise que quedaran plasmados un lenguaje y la forma de hablar de determinada zona. Quería recoger esas palabras que son tan nuestras, aún las escucho, especialmente en el campo y entre la gente mayor. Me parecen hermosas. El propio título del libro viene de ahí: los abuelos decían «¡Qué fosca que está haciendo!» para referirse al calor. Son palabras que aparte de nombrar cosas nos dicen quiénes somos, es nuestra identidad. Me gusta escribir desde la propia realidad, con las palabras de los ancestros y del lugar.
P: ¿Cómo fue el proceso de recopilar este lenguaje?
R: Preguntando. Yo empecé a vivir en el campo de Lorca hará unos treinta años, pero el padre de mi hijo se crio allí. A él le preguntaba por el nombre de ciertas cosas, especialmente herramientas que se usan en el campo. Incluso fui preguntando por las casas: «oye, ¿Cómo le decía tu abuela a esto?».
Me ayudó también una amiga que andaba con varios diccionarios castellano-murciano, y a la que recurrí para que me aclarara dudas de cómo se escribían las palabras que he ido escuchando, o sus significados. Su madre también usaba palabras preciosas que se han quedado arcaicas en el castellano, pero que siguen vigentes en el murciano. Por ejemplo, a ella le gustaba mucho la palabra repropiarse, que en castellano antiguo se usaba para indicar que un caballo volvía en sí luego de desbocarse. En murciano se usa para hablar de una confrontación o desahogo tras un enfado.

Sobre la escritura
P: El personaje que narra Fosca es un niño con una sensibilidad especial y en los agradecimientos mencionas a Mafalda por enseñarte que «hay más de una manera de ver el mundo». ¿Cuál es la relación que tienen estos dos personajes?
R: Para mí Mafalda tiene una visión muy poética de la vida y la poesía sirve para que los objetos cotidianos adquieran un nuevo significado. Quino, a través de Mafalda, hace algo parecido: mira el mundo con otros ojos. No son los ojos con los que vemos las noticias, ella tiene una mirada muy particular de las cosas y he intentado que Gabi también tenga esa mirada poética.
Quise también hacerle un guiño a la editorial como agradecimiento. Yo crecí con Mafalda, recuerdo mucho el nombre escrito con la «L» de Lumen. Además, me encanta toda la obra gráfica de Quino.
P: ¿Cómo llega la escritura a tu vida?
R: Llega raro. A los seis años, una tía mía me regaló una colección de libros de Puck detective y yo siempre soñaba con escribir libros así. Más grande, durante el instituto, escribí algo de prosa, nunca poesía. De hecho, aborrecí la poesía durante el último año, con sus métricas y rimas me parecía una cosa horrorosa de aprender, pero el sueño siempre estuvo. A veces pasa que cuando creces te olvidas un poco de quién eres, te despista la vida , y a mí la vida me distrajo mucho. Hasta los cuarenta y tantos años no recordé quien era, y yo era quién había soñado eso desde niña.
Pasó que un día iba en el coche de una amiga y ella tenía puesta en la radio a un señor hablando. Cuando me di cuenta tenía un nudo en el corazón, tenía hasta ganas de llorar. El hombre estaba recitando El amor, las mujeres y la vida de Mario Benedetti, recuerdo particularmente el poema Bodas de perlas: ahí yo ya estaba que me moría. Me extrañó mucho porque yo pensaba que no me gustaba la poesía, pensé que tal vez solo me gustaba este señor. Pues en cuanto llegamos al destino me compré todos los libros que pude de Benedetti. A raíz de ahí me volvió el deseo de volver a escribir y me nació el de escribir poesía.
P: Tienes una carrera consolidada como poeta. ¿Cómo fue lanzarse a escribir prosa?
R: Tenía en tareas pendientes escribir una historia larga y como no era capaz de hacerlo sola, porque lo intenté y los resultados fueron fatales, me matriculé hace tres años en un taller de prosa en Club Renacimiento de Murcia. Yo no tenía las herramientas: no he estudiado literatura ni lengua y la carrera de Psicología es más ciencia. De hecho, trabajo en un laboratorio haciendo análisis, con lo cual, letras cero patatero. El taller me ha servido de mucha ayuda, porque aunque cuando escribes estás solo y tienes que tomar tú las decisiones, si te dan las herramientas te allanan mucho el camino.
Sobre el galardón
P: ¿Cómo ha sido el proceso desde que te enteras que ganaste el Premio Lumen de novela hasta ahora, hasta la publicación?
R: Ha sido como una especie de milagro. Desde el día que me puse a escribir hasta el momento en que llamaron para decirme que había ganado, y estaba yo allí en casa con mis pintas de colores y mis perros, he tenido la sensación de que todo ha sido mágico.
Pero he descubierto que lo que más me gusta de todo esto, es escribir. Lo de corregir, no lo llevo bien; lo de las entrevistas, es complicadete. Pero el hecho de escribir lo disfruto muchísimo, y aunque la historia no es para disfrutarla, porque lo que se cuenta no es agradable ni es dulce, yo me la he pasado pipa. Sufrí cuando ya estaba terminando, porque el final de la novela es complicado y además me estaba despidiendo del libro. Empecé a escribir despacito, como para que no se acabe. No quería que terminara el proceso.
P: Has tenido mucho movimiento desde la premiación. ¿Cómo llevas estar fuera de casa tan de repente?
R: Yo encantada, la verdad. Casa siempre va a estar ahí. A mí me encantan los viajes, conocer sitios y conocer gente. Todo lo que sea aprender, especialmente cuando voy a sitios que son diferentes a mí. Se te abre la mente. Como dicen por ahí, el paracaídas y la mente solo sirven cuando se abren.
P: Al ser una novela premiada, la crítica ha sido muy activa. Se ha definido de muchas maneras al libro, pero para ti, ¿qué es Fosca?
R: Va sobre la resiliencia, la empatía, la compasión, la falta de ella. Va de sentirse un bicho raro y de no encajar, y de que a veces, es mejor no encajar. Va también de que nadie es del todo bueno ni del todo malo. Empatizas con alguien que hace cosas que no entiendes, y a veces te cuestionas si tú mismo lo harías diferente, porque de pronto no. Yo he pensado muchas veces que si yo estuviese en esa situación, pues a lo mejor haría lo mismo, a lo mejor reaccionaría igual. Es jugar con que en la vida todos somos víctimas y verdugos de alguna forma. Al final las historias siempre son una excusa para hablar de muchas otras cosas.

