El centro cultural abre sus salas para acoger tres nuevas exposiciones con propuestas que van de lo performativo a lo reflexivo
La nueva temporada en La Casa Encendida se inaugura con la llegada de los seis proyectos ganadores de la XXVI edición de Generación. La iniciativa tiene como finalidad dar visibilidad a artistas emergentes al proporcionarles una plataforma y una dotación para que materialicen y expongan sus proyectos.
En las alturas, en el torreón I, se encuentra la instalación escultórica del artista brasileño Marlon de Azambuja. El espacio fue concebido para ser habitado: Fundación, como se titula la instalación escultórica, sumerge al espectador en una incómoda calma que lo lleva a mirar hacía adentro, hacía los cimientos, para encontrar nuevos puntos de vista.
En contraste, la artista iraní Hoda Afshar analiza el poder de la mirada externa. The Fold es una investigación visual y psicológica que parte de un archivo fotográfico de principios del siglo XX que recoge la imagen de miles de mujeres veladas. A través de una exposición compleja que aglutina proyecciones, archivo y texto, la artista devuelve la mirada al espectador para cuestionar los actos de poder que se ejercen al mirar y retratar.
Generación 2026
La convocatoria expone anualmente, desde inicios de siglo, una selección de obras de jóvenes artistas residentes en España. Hasta la fecha han participado más de 18 mil proyectos, muchos de ellos elaborados por destacados artistas de la comunidad artística española. Con instalaciones visuales, inmersivas y sonoras los seleccionados de esta edición, exploran la materia y lo corpóreo: La obras dialogan a través del acto de transformar y resignificar.
Claudia Pagès (Barcelona 1990), incursiona en una investigación sobre las marcas de agua en documentos oficiales del siglo XV que descubrió en el archivo del Museu Molí Paperer de Capellades. Estas marcas, o filigranas, solo son visibles a contra luz y eran usadas como sellos de calidad o autenticidad. Pagès reconoce en las filigranas la representación oculta del poder de una época marcada por la violencia, que no hacía sino extenderse. Propone entonces la resignificación a través de la voz de su sobrina de dos años que se escucha de fondo en la instalación artística: «¿Castillo?», pregunta Pagès, «no» contesta enfática su sobrina. Ella toma elementos concebidos para ser señas de una identidad impositiva y los despoja de su significado al traerlos de nuevo al plano visible.
La suya es una práctica situada en lo local que nace desde la escritura, que conecta con lo vernáculo, lo específico, con lo sistémico. — Rosa ferre
Élan d’Orphium (Badajoz, 1992), en Acto de amor, como se titula su obra, trabaja con lo que, de manera jocosa y un tanto irónica, señala como un material innovador: hielo dorado. Durante la presentación de su obra, Élan distinguió la «lluvia dorada» de la orina: No son lo mismo, aclara, «la lluvia dorada gurda complicidad, compromiso y dedicatoria». En una jaula del deseo, como llama a un frigorífico de paredes transparentes, contiene a 7 pájaros que, a su vez, contienen la «lluvia dorada» congelada de d´Orphirum. Esta se va renovando cada cierto tiempo, y los pájaros, que recuerdan a los canarios, van variando de color y posición según vaya siendo reemplazado su contenido. A través de su obra siempre inacabad, Élan busca congelar un acto cotidiano para convertirlo en un Acto de amor: «Más amplio y más horizontal».

La voz se convierte en la protagonista en la instalación de Hodei Herreros Rodríguez (Vitoria 1997): su obra se construye de la mano de diversas performers quienes cantan una partitura basada en un ejercicio de calentamiento vocal. La artista, pretende cuestionar las estructuras que definen que voces deben ser audibles y cuales no. La voz, el labial y la boca son el centro de la instalación que se centra en trae los elementos típicamente feminizados, como el maquillaje, al arte. Una multiplicidad de voces femeninas, cis y trans, resuenan con fuerza por las sala de exposiciones como una forma de resistencia.
La obra Víctor Ruiz Colomer (Barcelona, 1993), Se centra en la exploración del espacio y la transmutación. En esta ocasión, l>ii<z, pone el foco en los trastornos formales de pensamiento y la relación con la contención del espacio físico. Colomer Propone un diálogo entre el espacio y los estados cognitivos como un campo relacional donde el lenguaje, el cuerpo y la materia se desajustan, se traducen y se reconfiguran constantemente. Su trabajo se expresa en materiales que pierden su flexibilidad y se unen a través de fuerza magnética, en referencia a los elementos electromagnéticos usados para el estudio del cerebro. Junto a las esculturas reposa un libro de investigación psiquiátrica con anotaciones del propio Colomer.
La instalación de Maya Pita-Romero (Madrid, 1999) nace de una obsesión: la idea de ser tragada por su propia garganta. Un túnel formado de telas, elementos vegetales y látex, que recuerda a las propias fibras y tejidos corporales, invita entrar en un recorrido que puede ser tanto acogedor como asfixiante.

Una estructura concebido para su auto destrucción. El proceso de colapso, explica Víctor Santamarina (Madrid, 1990), es a la vez un momento de destrucción y de generación. Con estructuras sólidas en su interior, cuatro pilares recubiertos de piezas de cera transitan una evolución activa hacía su propio colapso. Es la incapacidad de la cera de mantener cualquier forma lo que le resulta fascinante a Santamarina. Son estructuras, que, puntualiza, solo son estables en apariencia. Como ocurre muchas veces con discursos políticos e ideológicos. El tiempo de colapso de cada una de las estructuras es desconocido para el artista. Él entiende que cada una tiene su ritmo y los tiempos son caprichosos.

La organización ha decidido reducir de ocho a seis los proyectos ganadores. También ha sumado dos mil euros de honorarios a los diez mil de dotación. Con esta decisión pretende también dar más espacio físico a cada una de las piezas. La Fundación Montemadrid se muestra compromentida con la promoción y profesionalización de los artistas jóvenes.
Fundación, Marlon de Azambuja
El artista brasileño trabaja con los procesos de pensamiento que nacen de la contemplación. En un espacio diáfano inundado de luz natural, la instalación escultórica de dispone por debajo del nivel del suelo y es absolutamente habitable. Olas de cemento se reparten de manera disforme hasta llegar a una gradería que invita a la introspección y la conversación. De hecho, de Azambuja, anima a los visitantes a travesar la incomodidad inicial para llegar al otro lado, a una nueva comodidad que permite encontrar respuestas.
A un costado de la sala reposa el molde de un sombrero, hecho también de cemento: «Al ser tan pesado no te lo puedes poner, te obliga a llevar la cabeza a él, eso te coloca con la mirada invertida». El ejercicio es simbólico, pero el cuestionamiento queda latente: ¿Por qué el norte global es el referente?

El espacio contará también con artistas invitados que «acentuarán», comenta de Azambuja las cualidades reflexivas de la instalación. Cada uno aportando desde su propio campo de entendimiento, aclara el artista. Alguno de ellos lo hará desde el ámbito político, otros desde lo individual y alguno otro incluso desde lo espiritual.
The Fold, Hoda Afshar
El recorrido audiovisual invierte la mirada y el discurso que la acompaña. El archivo sobre el que trabaja la artista Iraní perteneció al psiquiatra y fotógrafo francés Gaëtan Gaitan de Clérambault. El psiquiatra tomó las fotografías durante un investigación en Marruecos, en tiempos en los que la perspectiva occidental tomaba el velo como un elemento sintomático. La muestra de Afshar expone las imágenes fragmentadas: durante su proceso de investigación descubrió que al intentar descargar las imágenes estas aparecían recortadas. Esta limitación técnica se convirtió en la base crítica que sostiene el trabajo gráfico de la artista.

En una exposición compleja, comprendida de video, texto y fotografía, se cuestiona el legado colonial de la representación de orientalista de la mujer. La artista pone en duda valía de ciertas prácticas científicas y artísticas que son de fondo fetichizadas y paternalistas.
Tanto las instalaciones de Generación 2026 como la de Afshar podrán visitarse hasta finales de abril (días 19 y 26 correspondientemente). Marlon de Azambuja acompañará a La casa Encendida hasta el día 27 de septiembre.


