Marta Pérez-Carbonell nos presenta con Nada más ilusorio una obra publicada por Lumen que une en una neblina a las fronteras entre la realidad y la ficción, transportándonos a un universo donde los recuerdos y las percepciones se entrelazan en una danza exquisita.
Nada más ilusorio se despliega en distintos escenarios contrastantes: desde la vibrante y cosmopolita Londres hasta la enigmática y casi mística isla de Socotra, pasando por la incesante energía que atrae la ciudad de Nueva York. A través de estos lugares, Marta Pérez-Carbonell nos conduce por las vidas de personajes cuyas trayectorias se entrelazan por culpa de no tener ninguna otra distracción que una conversación en un viaje de tren.
Es en este mismo tren donde los protagonistas comienzan a exponer las perspectivas de un escándalo. La autora enseña en Nada más ilusorio muestra qué es lo que puede pasar cuando un escritor aprovecha la ficción para apoderarse de una realidad ajena y de cómo esta decisión puede destruirla.
Terry escribe Rocco basándose en la relación que tenía con su amigo Hans, veinte años menor que él, y en ella expone algunos entresijos que eran mejor mantenerlos en privado… aunque según Terry, no reveló nada explícito, pues solamente cogió algunos rasgos de Hans para crear al personaje principal.
Marta Pérez-Carbonell escribió Nada más ilusorio para que ocurriese, en su gran mayoría, en un viaje de tren. Los trenes son, al igual que las salas de espera, lugares de tránsito, “terceros lugares” en los que el cerebro está en off y on al mismo tiempo. Se supone que no te tienes que estar ahí durante mucho tiempo, por lo que los trayectos largos son… liminales. Raros. Un espacio de tránsito que parece no acabarse, cuando su motivo inicial es, justamente, terminar cuanto antes.
Es casi irónico que yo haya leído Nada más ilusorio, en su mayoría, en trayectos en transporte público. Me hacía sentir parte de este ritmo traqueteado. La obra de Marta Pérez-Carbonell expone los puntos de vista de una catástrofe, hace que nos cuestionemos qué es lo que la hace parecer ilusoria en poco más de doscientas páginas. Une dos bifurcaciones de un escándalo en el que se forma un laberinto de versiones en el que el lector debe elegir qué camino tomar, además de abrir incógnitas en su propia metaliteratura: ¿Dónde están los límites de la ficción? ¿Existiría la literatura si tuviésemos que pedir permiso a las personas en las que nos basamos para crear?
«El peligroso poder de contar historias»; así de puntiaguda resulta la premisa de la novela de Marta Pérez-Carbonell
Pregunta: ¿Por qué escribiste este libro? Antes tenías un archivo llamado Rocco en un archivo de Word… ¿querías escribir Rocco?
Respuesta: ¡En realidad no! La primera imagen que yo tuve fue la de esta mujer que viajaba en tren sola y se encontraba con dos personas; una de ella había escrito un libro… y yo quería ser la escritora de ese libro. El reto iba a ser que ambas historias confluyesen. El archivo se llamaba Rocco porque siempre lo veía muy claro; para mí Rocco y Terry siempre fueron dos personajes que siempre vi claros. Dentro de todo lo que implica escribir, tiene que haber un primer latido, algo inevitable y mágico que llega porque sí. Para mí, esa fue la historia que Terry había escrito.
P: ¿Qué papel juega la literatura dentro de tu propia literatura? ¿Cómo afecta a la estructura?
R: Yo diría que es la estructura de Nada más ilusorio. Fue un puzle. Como había distintos planos narrativos, yo sabía que tenía que ir dando información en el momento justo; la protagonista sabe menos que los lectores porque aún no ha leído Rocco, y nosotros la vamos leyendo. Por otra parte, ella cuenta partes de su vida a nosotros que no les cuenta ni a Bou ni a Terry. Ese juego del relato era en realidad la propia estructura de la historia, el cómo confluyen, quién sabe qué, y la idea de que no hay nadie que sepa todo.
P: ¿Cómo has integrado la literatura del mundo real dentro de la novela? ¡Porque el título es de una cita de Ricardo Piglia!
R: ¡Sí! Yo creo que cuando alguien escribe una novela (una primera novela, sobre todo), cada uno viene de un lugar, de un bagaje. Vengo de un lugar académico, pues doy clase de literatura contemporánea en Estados Unidos. He hecho una tesis sobre la obra de Javier Marías, he estudiado mucho a Rosa Montero, a Juan José Millás… así que ese era mi herramienta. Yo me apoyaba mucho en eso, y es un poco también propio de la escritura académica (siempre decimos: “según esto”, “según tal”, “según cual”), pero la escritura de ficción es distinta. Hay muchas voces, como la de Piglia, que da título a la novela. Yo me he apoyado en la prosa de Marías, de Millás… creo que sin esas voces yo no podría haber escrito Nada más ilusorio. Parte de mi trabajo fue metabolizar todo esto, que fuese una coctelera. Yo soy yo, pero también soy todas esas voces.
P: Además, si estás muy metido en la literatura, te acabas convirtiendo en lo que lees.
R: ¡Totalmente! Te da una lente para el mundo. No es que esté en todas partes, pero está en tu manera de relacionarte con los demás, de querer, de padecer… de existir. Todas las historias, para mí, te sitúan como una historia más. Te quitan hierro, el ego del “yo”.
P: ¿Cómo ha influido tu estancia en la creación de los personajes?
R: Yo me fui de España en 2002, me fui a estudiar a Inglaterra y viví allí hasta 2015. Toda esa época tan formativa la pasé en otro lugar. Pensar en otro idioma, ver otras realidades y vivirlas, también pone en perspectiva la tuya, porque te das cuenta de que es una más. Somos producto de lo que somos, pero somos un pequeño anclaje en algo mucho mayor. En 2016 me fui a Estados Unidos por el trabajo de la universidad, y he vivido allí hasta ahora. Creo que todos esos escenarios, tratados como ficción (siempre he vivido con esta lente de la literatura), son en los que yo me he movido, pero yo quería hacer un filtro para los escenarios. El escenario que mejor conozco es Londres, pero otros como Socotra en los que nunca he estado. Yo quería que todos tuvieran un aspecto de personaje ficticio. Al final, la novela tiene ese rollo de capas de cebolla o muñecas rusas que van apareciendo. Tiras de un hilo en el que la realidad te lleva a la ficción, y la ficción a la realidad
P: Mencionas dos tipos de “nada” en Nada más ilusorio; el ling灵 y la nada absoluta ¿Cómo los desarrollaste?
R: Es un tema que tengo muy trabajado por mi tesis. Uno de los capítulos era un análisis de las ausencias. Yo hice una primera clasificación entre las ausencias verbales (los silencios en la literatura) y otra que llamé “ausencias factuales”, que era todo lo que no ocurría. Yo tiré del hilo de todos estos estudios de la nada y comencé a concebir la idea de que las nadas no son iguales. Una cosa es lo que no ha ocurrido nunca, esos agujeros inconcebibles en los que hay una ausencia de materia, pero es inconcebible para el ser humano. La mayoría de las nadas que conocemos son ausencias en las que ha habido algo y luego deja de haberlo (la propia muerte no es más que eso), y este tipo de ausencia tiene un trazo y una huella. Cuando yo descubrí el ling灵 (que mi gran amiga Yang Song me enseñó a escribirlo), a mí me pareció fascinante. Da un peso a todo lo que no ocurre. A mí me interesa mucho esa idea, pues todo lo que no ocurre también te forma: todo lo que ocurre, los trabajos que tienes, la persona que tú te acabas juntando… todo eso ocurre gracias a las oportunidades que has dejado. Todo lo que tú no has hecho, los trabajos que no escogido, lo que no has estudiado, esas parejas con las que no has acabado… todo eso que no eres, posibilita lo que eres, y en cambio lo ignoramos como si no existiera.
P: Es una forma muy distinta de verlo.
R: ¡Sí! En esta novela hay una historia de algo que no llega a ocurrir a un personaje que tiene un gran peso. Es algo que ese personaje que siente muy central en su vida y en su cuerpo. Me interesa esa idea de dar una visibilidad de lo que no llega a ser.
P: ¿Qué significado tiene para ti el concepto de «estar en tránsito» y cómo se refleja en tu obra?
R: Es la esencia de Nada más ilusorio, para mí. Yo concibo esta historia como “liminal”. No es en un lugar en el que ocurren cosas, hay historias que no han ocurrido y toda historia es un “ir de aquí allí”. Son lugares que parecen la nada, que parecen la manera de llegar a un lugar y que, sin embargo, se convierten en “el lugar”. Para mí, estar en tránsito tenía mucho de todo lo que ocurre en los bordes, en los límites, en la sensación de lo que hay entre la realidad y la ficción, entre el sueño y la vigilia (¡que es otro tránsito!).
P: ¿Cuál es la diferencia entre estas alucinaciones hipnagógicas y las parálisis del sueño?
R: ¡Mi hermana es neuróloga y es especialista en trastornos del sueño, y ella me ayudó en esta parte para que fuese científicamente correcto! Me decía: “A ver, Marta, los terrores nocturnos es una cosa, esto es otra”. Muchas veces, a las alucinaciones hipnagógicas las acompañan las parálisis del sueño, pero no siempre, parece ser. También puedes tener parálisis del sueño sin que tengas estas visiones. En esta historia, se entiende que Hans tiene estas alucinaciones, pero la neuróloga le hace entender que no hay nada que temer. ¡Es de lo más horrible!
P: La novela aborda la responsabilidad en las relaciones afectivas. ¿Cómo abordas este tema?
R: Este tema era muy importante. También situaba un poco en este ambiente de historias liminales, porque, ¿dónde está la línea entre la responsabilidad y la culpa? Los personajes sienten una o sienten otra, pero no necesariamente la culpa les lleva a ser responsables en las relaciones afectivas. Esto es algo que vemos en Terry, que a través de Bou se plantea cómo ha sido irresponsable con Hans, pero eso también le remite a la propia protagonista a pensar en su propia relación fallida. Sin embargo, todos los personajes se mueven en una ambigüedad, porque yo también pienso que la vida es así. Uno puede intentar no hacer daño, y luego hacerlo, y que luego se lo hagan, y que a través de ese daño uno reflexione sobre un daño ejercido. Esa humanidad de los personajes era muy importante, que no hubiese un “sin mezcla”.
P: Yo veo muchas relaciones en las que se ejercen dinámicas de poder sobre los personajes.
R: A mí me interesaba mucho esa idea de las relaciones intergeneracionales mezcladas con la responsabilidad afectiva. ¿Cómo es esta responsabilidad en la que hay una persona mucho mayor que otra? Por eso decía lo de la ambigüedad. En caso de Alicia, no es su profesor, pero es el amigo íntimo de un profesor ¿Le convierte ello en responsable? Después, también, lo que sucede después, le pensar que ella también es responsable de alguna manera. Me gustaba ver cómo afectan estas relaciones de poder en las otras personas. ¿Qué le ocurre a Alicia, a Rocco y a Hans? ¿Cómo les ha afectado? No lo sabemos, porque creo que en realidad esta novela plantea más preguntas que respuestas (risas), porque están planteadas como situaciones que ocurren en la vida, pero que hay afectados que ni siquiera comprenden su dolor, o el dolor que han ejercido. Esta idea de “jugar con fuego” que aparece un par de veces en la novela… ¡ahí está la pregunta!
Arrolladora, incesante y destructiva
P: ¿Basarte en alguien para escribir ficción puede destruirle?
R: Absolutamente. Ese dilema ético a mi me fascinaba. ¿Cuáles son los límites de la ficción? ¿Puedo yo ficcionalizarme y hacer una autoficción? Puedo, claro. ¿Es posible que meta a otras personas de mi entorno, al hablar de mí? ¿Cuál es el límite? ¿Hace falta el beneplácito de esas personas? ¿Y si ya no están? ¿Y si ha sido un evento histórico en el que ha habido víctimas, pero han fallecido? ¿Cuál es el límite de utilizar la realidad? Yo no tengo respuesta. Me interesa mucho este debate porque es muy latente. En Nada más ilusorio, el límite se plantea como un riesgo, porque la ficción no existe en un vacío. Esta ficción tiene mucho efecto en este escritor, pero eso es así, y los escritores lo saben. Publicas algo y este “algo” tiene un efecto en tu vida y en los que la rodean.
P: Como hace Terry… ¿Hay algún personaje de Nada más ilusorio que esté basado en alguien que conoces?
R: Ni Terry ni ningún otro son alguien que yo conozca, pero todos son amalgamas de personas y vivencias mías. Yo soy estudiante, profesora, escritora, traductora… seguro que he hecho daño, a mí me lo han hecho. Para mí no había nadie en concreto que inspirase, pero sí la idea de que estos tipos de personas podrían ser seres humanos. Podrían existir una serie de concatenaciones, que hubiese alguien como Bou, como Terry… que alguien escribiese una historia como Rocco.
P: No has estado en Socotra. ¿Cuál fue la razón para incluir la historia de la isla y su negrura en el contexto de Nada más ilusorio?
R: A mí esta isla me parece un escenario de ficción, esos árboles de dragón son impresionantes. Me gustan mucho las islas, como concepto de ficción, como realidad… mi familia es, en parte, de Menorca. Me gusta el aislamiento que produce (¡el aislamiento de la isla!), que igual que estos personajes aislados en un compartimento de tren, que conversan pues no tienen nada que hacer, existe un aislamiento de mar. No hay muchas islas por aquí en las que puedes estar verdaderamente aislado aunque puedas tener esa sensación. Socotra me daba un escenario de ficción, una idea de “lo sublime”, en las palabras de Carme Riera, de “cómo estas islas son un terreno paradisíaco”. Había una idea de ficcionalizar, en realidad, todos los escenarios, tanto Nueva York como Londres, que Alicia imagina como un escenario detectivesco. Para mí era importante que, al margen de mi experiencia en estos lugares, pudiesen ser todo ficción y todo realidad.
P: Me llamó mucho la atención la decisión incluir un fragmento en Nada más ilusorio de Alicia en el país de las maravillas en la novela, porque veo muchas similitudes al momento en el que ella entra en la madriguera del conejo, y también que la protagonista se llame Alicia y se remarque junto al fragmento elegido. ¿Es a propósito?
R: ¡Absolutamente! ¡Yo tenía un master plan, con mis post-its en la pared! ¡Salía de la cama, o de la ducha mojada directa a ellos! (risas) Yo siempre supe que ella se llamaba Alicia. Para mí, Alicia en el país de las maravillas es el libro que se pone el foco aquello que no podría ocurrir. Alicia entra en un mundo paralelo en el que se ve la nada, el “no cumpleaños”, todos estos negativos de la N, del nada, del no, todas estas negaciones están en Alicia, es una historia totalmente ilusoria.
P: Es un libro donde los personajes obtienen más preguntas que respuestas… y el lector más aún
R: Yo creo que respuestas contundentes tienen mucho de que nosotros queremos buscar una certidumbre. Yo me pasé cinco años haciendo una tesis sobre la incertidumbre (risas). Yo temo la incertidumbre y tengo que tener el control sobre las cosas para estar tranquila, ¡estoy aterrada de que hoy salga este libro y que deje de estar bajo mi control! A mí me gusta controlar lo que escribo, y cuando no tengo el control de lo que va pasando, es algo con lo que yo tengo que lidiar de una manera específica… y por eso decidí escribir sobre la incertidumbre. No nos queda otra que aceptar que las respuestas totalmente contundentes son muy complicadas. Es muy complicado que eso tenga una veracidad, pues depende completamente de dónde lo estés mirando tú. Tú tienes la versión de Terry, pero luego hay otra versión de Bou… ¿cuál es la versión de Hans?
P: Que es la que falta.
R: Y siempre falta. Estamos llenos de sombras, (frase de Marías) en la literatura, en la vida, el “quiero decir lo que no es mío”, y la literatura que a mí me gusta es la que refleja eso. Si entre tú y yo, ahora, que estamos una frente a la otra hubiese una escultura, veríamos algo completamente diferente. Para comprendernos tendríamos que movernos, porque estamos viendo una realidad distinta. Esa parte es lo que me hace desconfiar de la certidumbre… ¡y aún así la busco!
P: ¿Te ha ayudado este libro a luchar contra ese miedo… o estás peor?
R: ¡Seguro que peor! (risas) Yo creo que escribir una novela, si incluyes algo real y latente para ti, siempre te enseña algo, pero no es tangible. No está claro qué es lo que hay dentro de ti que ahora es más fácil, pero siento que hay algo dentro de mí que está más claro, menos alterado y más ordenado, después de escribirla. Es como haber nombrado y haber dado una realidad (aunque sea literaria y ficticia) a temas que a mí me mueven, me interesan, me obsesionan (¡si sales de la ducha mojada directa a tu pizarra, es que estás obsesionada con ello!)
P: Hablando finalmente de la ambigüedad que recorre toda la novela… ¿Hay algún mensaje específico que quisieras que los lectores se lleven después de leer Nada más ilusorio? Marta Pérez-Carbonell
R: No. Una frase genial que leí de Eduardo Mendoza fue que le preguntaron sobre el mensaje de una novela, y él dijo, “el mensaje es para el contestador automático”. Cada uno extrae algo, pero no un mensaje, no una enseñanza. Si me ha enseñado algo a mí, que no soy capaz de poner en palabras, es que sería incapaz de hacerlo. Como profesora sí que lo enseño, pero un libro… no te enseña. El arte te añade algo a tu mirada del mundo y de ti mismo, pero no una enseñanza.
Marta Pérez-Carbonell es una prometedora escritora que ha irrumpido en el mundo literario con su primera novela, Nada más ilusorio. A pesar de ser su debut, la obra de Marta Pérez-Carbonell obra ha comenzado a captar la atención de los lectores por su profunda exploración de la realidad y la ficción, así como por su capacidad para crear personajes complejos y escenarios evocadores.
El estilo de Marta Pérez-Carbonell se caracteriza por una prosa rica y un enfoque introspectivo. Aunque Nada más ilusorio es su primera novela, Marta Pérez-Carbonell ha demostrado un talento innato para la narración y una profunda comprensión de la condición humana. Con una sólida formación académica y una pasión evidente por la literatura, su futuro en el mundo literario es resplandeciente.

