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¿Por qué el cadáver de Goya no tiene cabeza?

Un hecho real y no tan conocido de su biografía como lo es la desaparición de su cráneo, aún sigue siendo objeto de debate para los historiadores y las historiadoras del arte. 

Goya, una figura prodigio que huyó apresuradamente a Francia

Francisco José de Goya y Lucientes es considerado el mayor representante del arte español del siglo XVIII y principios del XIX. Consiguió adelantarse a los movimientos pictóricos que surgirán después de él, como el impresionismo (La lechera de Burdeos) o el surrealismo (Los caprichos). Asimismo, fue el artista que mejor supo reflejar el convulso período histórico en el que vivía y las contradicciones de su época. 

Las tropas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis tomaron Madrid en 1823 para restaurar la monarquía absoluta de Fernando VII. Este hecho se tradujo en la represión inmediata de los liberales que habían defendido la constitución de 1812. Atemorizado, Goya pidió permiso para salir del país con el pretexto de acudir a un balneario.

Instalado en Burdeos, su estado de salud se vio cada vez más desmejorado, no solo por un tumor que sufría sino también por una reciente caída por las escaleras que le obligó a reposar en la cama, de donde no pudo llegar a salir por sí mismo.

Su cabeza… ¡en busca y captura!

Goya fue enterrado el 17 de abril de 1828 en el cementerio de la Chartreuse de Burdeos junto a los restos de su consuegro Martín Miguel de Goicoechea. El cónsul español de dicha ciudad, Joaquín Pereyra, quiso repatriar su cuerpo a nuestro país. Cuando se exhumó siete décadas después, saltó una alarma: a los restos del ilustre pintor le faltaba el cráneo. La perplejidad fue de tal magnitud que se puso en marcha una exhaustiva búsqueda para encontrar algún testimonio que ofreciera algún tipo de información. Un testigo de edad avanzada, pero seguro de lo que vio en aquel mes de abril, insistió en que se enterró íntegro. 

Berna González Harbour, en su libro biográfico Goya en el país de los garrotazos, dedicó un capítulo a la explicación de la presente anécdota mortuoria. La autora  sostiene que la respuesta está relacionada con la frenología, una pseudociencia actualmente en desuso que estudiaba la localización exacta de las diferentes funciones cerebrales para determinar los rasgos de la personalidad de cada individuo. De esta manera, sugiere que alguien robó su cráneo para llevar a efecto el estudio, habitual en figuras destacadas como lo fue Goya. En este punto, algunas teorías sugieren que el mismísimo artista accedió a que su amigo Jule Laffargue le cortara la cabeza después de muerto para realizarlo.

González Harbour mencionó también una obra de Dionisio Fierros que contiene un cráneo. En su reverso se puede observar una inscripción que dice: “El cráneo de Goya pintado por Fierros en 1849”, una fecha que se sitúa cronológicamente entre su fallecimiento y su exhumación. Según su teoría, Fierros robó el cráneo para retratarlo.

Cráneo de Goya | Fuente: Wikipedia

Pero esta hipótesis continúa. En teoría, un nieto de Fierros afirmaba que su abuelo tenía un cráneo que podría ser el del artista fuendetodino. La calavera pudo haber acabado en la Universidad de Medicina de Salamanca, donde uno de sus hijos estuvo estudiando y donde finalmente se extravió. Sin embargo, hay investigadores que amplían aún más esta teoría al añadir que el estudiante, sin conocer la procedencia de los restos, se los dio de comer a un mastín.

Regreso póstumo a la capital española

A pesar de la incompletud de sus restos mortales, fue trasladado al cementerio sacramental de San Isidro, donde reposó hasta noviembre de 1919. Posteriormente se trasladó a la ermita de San Antonio de la Florida, donde hoy descansa y donde Goya pintó unos maravillosos frescos en 1798. Ermita que, por cierto, constituye una de las joyas ocultas más impresionantes de la ciudad y que, sin duda, merece la pena visitar. 

Tumba de Goya | Fuente: Ainoa Rodríguez

Después de la Guerra Civil, la Real Academia replanteó modificar la situación de la actual tumba dentro de la ermita para ubicarla en el centro de la misma y, en 1992, un médico del Instituto Anatómico Forense propuso exhumar su cadáver para investigar las causas de su muerte. Sin embargo, ninguna de las dos proposiciones se llegaron a realizar.

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