Los componentes de la agrupación emocionaron a su público con sus composiciones llenas de catalán, instrumental y armonía
El disruptivo estilo arquitectónico de la Sala Villanos, a escasos minutos de la Glorieta de Embajadores, impone entre las edificaciones residenciales que la rodean. Este viernes se prepara para acoger un concierto a las 21 del compositor irlandés JC Stewart. Posteriormente, ofrecerá a los asistentes una noche de jazz a cargo del DJ Dan Shake, ya que el recinto es reconocido por reivindicar ese estilo musical.
No obstante, hace justo una semana, el 28 de marzo, Blaumut era el protagonista del espacio. El grupo catalán, en plena gira por el lanzamiento de su último álbum Abisme, hacía allí su parada por Madrid. Minutos antes de empezar el directo, cientos de cabezas se encuentran aguardando la triunfal entrada. El perfil es claro; los treinta y cuarenta años imperan entre casi todos los asistentes. Pedro, uno de ellos, cariñosamente define la propuesta como música para boomers. Acude en calidad de acompañante de la verdadera fan, Carmen, valenciana que conoció al quinteto por redes.
Tras un apagado de la luz, el parloteo existente se desvanece y, finalmente, aparecen las perseguidas cinco figuras en el escenario. Cada uno cumple una encomienda; Xavi de la Iglesia es el vocalista y guitarrista, a su izquierda Vassil Lambrinov ostenta el violín, y a su derecha Oriol Aymat el violonchelo. Detrás de ellos, Manuel Krapovickas carga con la guitarra eléctrica y Toni Pagès se resguarda tras la batería. Quizás la diversidad instrumental y rítmica es la clave del éxito interlingüístico de los artistas.
Un concierto con todos los sentimientos combinados
La obra comenzó al son de Miopia, incluida en su último disco. A partir de ese momento, sacan toda su artillería y consagran su firma con más de hora y media de música en vivo con la emoción, lírica y pasión que les caracteriza. El mensaje es ampliamente respaldado por los oyentes, que mientras se entonan melodías como En el nome de la mare o Atles, las enamoradas parejas deciden abrazarse.

No todo iba a ser en honor a Cupido, pues también se escuchó vitoreo juvenil cuando sonaron los primeros compases de Abisme, la pieza que da nombre al último de sus proyectos. Para no quedarse con las ganas, el público también empezó a recitar la letra de su par de, probablemente, temas más famosos; 21 buttons y Pa amb oli.
La lengua viva allá donde vaya
Resulta sorprendente y alentador que tantas personas lejos de la comunidad autónoma donde es oficial parezcan recitar el catalán con tanta soltura. Joel, que trabaja como manager de la banda, considera que también hay muchos autóctonos entre la muchedumbre, buscando el hogar a cientos de kilómetros del propio. De todos modos, las procedencias son dispares, como las canarias Aída y Marina. Se exhiben como buenas admiradoras, ya que sobre sus hombros retienen el peso de una bolsa de tela con una de sus estrofas bordadas. El idioma para ellas no es un inconveniente, pues es totalmente comprensible.

Tras desaparecer de la palestra y retornar al escuchar los gritos de sus adeptos como buenos maestros del espectáculo, despidieron la jornada con unas últimas sintonías, usando una sierra como instrumento. Después del adiós definitivo, la música deja de alumbrar el recinto y es el momento de abandonarlo. Afortunadamente, para aquellos que quieran degustar la poesía cantada de Blaumut, quedan bolos por ejecutar. Al día siguiente se desplazaban para ello a Valencia. El próximo 11 de abril también llegarán a Bilbao. Queda claro que, como Aída y Marina recalcaron, hay sentimientos que se entienden más allá de la letra.

