145 años. 76 millones 263 mil 600 minutos. Las agujas de la Relojería Antigua de Madrid son como una ruleta de casino, no se cansan de girar por gente que sigue pujando por ellas.
En la Calle de la Sal, una de las arterias urbanas que desembocan en la Plaza Mayor, reposan los cimientos de un establecimiento al que no parecen pesarle los años. Como decía Doc, el ilustre científico de Regreso al Futuro: “ si vas a viajar en el tiempo, al menos hazlo con estilo”.
Prueba de ello es la estética antigua de la fachada, mimada al detalle, y presidida por un autómata de un relojero en movimiento que canta las horas y media.
Nacho, heredero de una dinastía de relojeros
El local, inaugurado en 1880, es toda una institución en la capital, y constituye una parada obligatoria en la historia de Madrid. Su padre fundador fue Inocencio López, íntimo de Genaro García, abuelo de los actuales propietarios. Este le compró el local a su amigo en 1939, iniciando así una dinastía de relojeros que perdura hasta hoy.
“Vendemos la hora, pero regalamos tiempo”. Nacho, el último heredero de la relojería, desempolva esta frase en sus declaraciones. Fueron palabras que le dedicó el periodista Alfredo Amestoy a su familia. “Nosotros vivimos de vender relojes, pero por encima de todo somos generosos con nuestro tiempo, porque se lo dedicamos a nuestra gente”.

Nacho trabaja junto a sus dos hermanos, Reyes y Javier. Reyes, que estudió Historia, se dedica a la venta online. Javier, farmacéutico titulado, se ocupa de la reparación de relojes. Nacho, por su parte, es licenciado en marketing y regenta el local, encargándose de las gestiones del negocio.
El local ha sido también casa para Nacho: ”es un trabajo muy entrañable, todavía recuerdo venir con 10 años en navidades a la tienda para ayudar a mi padre, siempre tuve claro que era mi primera opción”.

Tu muñeca = tu personalidad
Más allá de hierros y engranajes bien puestos, ¿que es un reloj? Nacho lo tiene claro: “Hora tiene todo el mundo, nosotros tenemos que transmitir al cliente algo más. Para mí un reloj es personalidad, identidad. Te define”. Lo digital parece haber devorado al formato analógico, pero existe una variable irremplazable en la ecuación: los píxeles no crean sentido de pertenencia.
Según Nacho, la industria de los relojes sigue viva precisamente por eso. ”Podría parecer que nuestro público objetivo son personas mayores, pero aquí acuden muchas familias con hijos que adquieren relojes para sus bodas, además de jóvenes que se interesan por el tema y que crean vídeos en instagram”.

El propietario también hace énfasis en el hecho de comprar presencialmente en un local. Nacho piensa que hay cierta mística a la hora de acudir in situ, y que le aporta un valor emocional añadido al producto. “El probarte un reloj en la mano es imprescindible, hay que verlo, sentirlo, charlar con el vendedor.
Está bien hacer una preselección online, echarle un ojo por internet, pero tras eso lo bonito sería venir”. En definitiva, si el producto se encuentra en un escaparate real, tiene un alma.
No obstante, a medida que las manillas avanzan, los tiempos también cambian, y ellos tampoco han querido dejarse atrás. Tanto Nacho como Reyes opinan lo mismo: los smartwatches son “más juguetes que relojes”, pero hay que subir al carro para estar en el mercado.

Los patrocinios también son esenciales, y Reyes lo tiene claro: “Tenemos relojes patrocinados por marcas de moda que sirven mucho de incentivo para los jóvenes, como del call of duty, stranger things, snoopy . Incluso hace poco lanzaron un reloj conmemorativo por los 40 años de Regreso al Futuro”.
¿Negocio o parque temático?
Respecto a la gente que concibe la relojería como una atracción turística, Nacho echa balones fuera: “Nosotros somos una relojería viva”, no queremos que la gente nos encasille como un museo. La tienda es muy bonita para admirarla, pero mejor que vengan a admirarla y a comprarse un reloj”. No obstante, reconoce que esa promoción turística se puede traducir en ventas, pero prefiere no abrazarlo como el factor clave de sus ventas.
Sea como sea, Nacho y sus hermanos le ven un horizonte próspero a su negocio: “Parece una industria en detrimento, y lo es, cada vez hay menos relojerías, pero menos competencia para nosotros”. Si antes eran una referencia, en el futuro puede que sean aún más exclusivos. En cuanto a los futuros propietarios, no tienen claro si podrán continuar su dinastía familiar, aunque ven tiktak para rato.


