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‘Ella era yo’: memorias de Lucy Sante, en la memoria de todo lector

Una autobiografía que se nos ofrece como una maravillosa lectura en la que deleitar, sentir y aprender

Lucy Sante – nacida bajo el nombre de Luc Sante – nació en el pequeño pueblo Verviers, Bélgica en 1954. Mediante obras como Mata a tus ídolos, ha pasado a ser una de las cronistas norteamericanas más importantes de las últimas décadas. En 2021, cuando el mundo se ocultaba en sus cobijos de un virus, Sante se encontraba, a sus 66 años, por primera al descubierto, un caparazón de casi siete décadas roto. Entre las páginas de Ella era yo: memorias de una transición, nos lo relata.

Una vida en la sala de espera

Un café a la derecha, Françoise Hardy me canta desde el otro lado del cuarto (una de las muchas mujeres que se veneran en estas páginas), y en mi un barullo de sentimientos que difícilmente me dispongo a expresar. Esta es la situación desde la que tecleo, y necesito empezar con su descripción. Debo la explicación para hacer justicia esta obra; porque existen libros que se meten en vena, se esconden en recovecos de nuestra memoria, ponen un ladrillo más en la casa que llamamos vida, y en este caso… ¡dejan una resaca emocional terrible! ¿Cómo expresar esto en unos renglones?

El 28 de febrero escribió un email a sus seres queridos, presentando a Lucy. Y leyendo este mensaje, emprendemos dos viajes. Una narrativa que relata su vida se entrelaza con aquella de la transición; todo con nuevos ojos que escribieron The Factory of Facts: A Memoir, su previa autobiografía. Ojos que ven que Lucy no es una recién llegada al mundo; ha estado entre bambalinas, esperando con ansias a que llegase su solo estelar, mientras tanto observando a un actor en su lugar, interpretando un difícil papel ante su público.

«Me había liberado de mis secretos […], Estaba preparada para enfrentarme al mundo con todos mis defectos»

Lucy Sante posando mientras fuma | Fuente: X (@prototypepubs)

El mundo bajo mascarillas; Lucy por fin respira

Mediante estas dos narrativas y una magistral redacción, como lectores nos sentimos confidentes de Lucy. Vemos el desarrollo de una vida a caballo entre dos culturas y entre dos personas. Con 9 o 10 años, Sante ya estaba consumida por la idea del género, convirtiéndose en el epicentro de su atención. Con eso de pusieron los cimientos que los próximos 55 años construirían una fortificación entre Lucy y el mundo.

“Si solo tengo una vida, dejadme vivirla como si fuera mentira”

(estribillo escrito por sante para THe Del-Byzanteens)

A los doce años, una vez instalada su familia en Nueva York tras emigrar desde Bélgica, fue premiada en un concurso literario de su colegio. “Cuando se publicó la foto en el New Providence Dispatch, apareció en el pie como Lucy Sante”. A los 66, jugando con la aplicación FaceApp, introdujo una foto y vio como un algoritmo colocaba sobre la pantalla a la que hubiera sido Lucy en su juventud; repitió esto una y otra vez con fotografías de toda etapa de su vida (incluidas en el libro). El paralelismo es innegable, Ella era yo, dice de la chica que cobró vida sobre la pantalla. Eso mismo vio el joven Luc, donde otros veían una errata.

“Siempre fui mujer”

Como es característico de su estilo comentarista de la cultura actual, nos movemos entonces entre las calles la Gran Manzana durante los 70 y 80, en el centro de la contracultura y sus estrellas (Patti Smith, Jackie Curtis…) en los hot spots de la época, el CBGC y Max’s. Vivía en un ambiente frecuentemente transitado por mujeres trans, entre ellas Greer Lankton y Teri Toye, artista y modelo queer respectivamente. Admite el pavor de enfrentarse a ellas como una realidad, admite la vulnerabilidad que solo supo combatir buscando salidas de emergencia y escondites para sus sentimientos.

Lankton y Toye sosteniendo una muñeca de la modelo, creada por la artista | Fuente: X (request_healing y @yugiohmachinim2)

“Yo las eludía (Lankton y Toye) evitando toda interacción, que fueran mujeres transgénero de verdad las convertía en un señuelo especialmente peligroso y en una amenaza activa”

Sante se casó dos veces, y en su primer matrimonio tuvo un hijo, Raphael. “Vivía de forma mecánica, como si me manejase un mando a distancia”; se adentro en la adultez de pleno y todo ello con una actitud que puede interpretarse como heredada del fuerte catolicismo de su madre. Una actitud basada en la represión del deseo, y el consecuente autocastigo constante.

La transición de amenaza a libertad

Su correo electrónico y sus progresivas confesiones no reciben más que apoyo de sus amistades. Convierte este libro en una canción de amor a estas personas que le han acompañado, además del gran número de referentes femeninas que menciona: Françoise Hardy, Collette, Joni Mitchell, entre muchas otras.

Explora su vida, sin predicar ni explicar, tan solo observa; tan solo narra. Por ello, no dudo de que estas páginas se conviertan en un referente para la comunidad queer de todo el mundo; porque no nos ofrece un manual, o teoría, sino una realidad sin escrúpulos.

Su prosa de toque cómico a la vez que tierno emana un carácter profundamente humano, y sin quererlo, su amor por la música y sus frecuentes alusiones a la banda sonora de su vida ponen melodía a las páginas.

Con todo ello, Sante ha conseguido apela a un público mayor. Un público integrado por aquellos que se esconden. Que esperan entre bambalinas. Cuyo momento bajo el foco ha llegado. Esto es Ella era yo: memorias de una transición de Lucy Sante, publicado por Libros del K.O.

«[…] He quedado sanada»

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