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El Big Tech se viste de Prada

En el cortejo de Silicon Valley con el mundo de la moda, se entrevé la trama de una reconocible romcom adolescente

El año pasado, escribí en este mismo diario sobre Las mean girls de Silicon Valley, un selecto grupo de billonarios tecnológicos que se aproximaron a Trump al anuncio de su segundo mandato. Un año después, embriagados al sol de su presidente y amigo, colocan su vista sobre nuevas fronteras: la moda. Cabe preguntarse, ¿quién dicta hoy las tendencias sobre la pasarela? 

Zuckerberg en Milán

Mark Zuckerberg demuestra estar cómodo en la primera fila. El creador de Facebook, caracterizado durante su juventud por una despreocupada apariencia y torpe personalidad, se sentaba entre los «guays» durante la inauguración presidencial de Donald Trump en 2025. Junto a sus compañeros Elon Musk y Jeff Bezos, advirtió al mundo que las dinámicas del patio habían cambiado. El pasado mes se colocaba al lado del hijo de Miuccia Prada mientras atendía al desfile de esta legendaria firma en la Semana de la Moda de Milán.

Priscilla Chan, Mark Zuckerberg y Lorenzo Bertelli | Fuente: Instagram (@zuck)

Esto ha ocurrido entre rumores, inspirados por CNBC, sobre una posible e inesperada colaboración entre Meta y Prada para diseñar unas gafas inteligentes potenciadas por Inteligencia Artificial. Hasta ahora, las gafas IA de Meta han sido distribuidas por Ray Ban. Con este paso, el mismo chaval —que en la universidad era un nerd— se codea ahora con Anna Wintour en Milán. Y, con ello, el mundo de la moda tácitamente toma posición sobre el actual tablón internacional.

Cortejando al diablo

«Lo que vistes es cómo te presentas al mundo, especialmente hoy, cuando los contactos humanos son tan rápidos. La moda es un lenguaje instantáneo»

–Miuccia Prada

La alta costura siempre ha pertenecido a la élite, pero la pasarela es también un espacio que responde y refleja a la contemporaneidad. Solo hace falta recordar la revolución que supuso el Little Black Dress de Coco Chanel, símbolo de una época de gran cambio en la percepción del género.

Póster promocional de ‘El Diablo viste de Prada’ | Fuente: IMDB

La importancia de la moda sorprende a Andy Sachs, el personaje de Anne Hathaway en la célebre película El diablo viste de Prada (2006). Siguiendo el estilo de los tempranos 2000, esta comedia cuenta la historia de una periodista recién graduada y lanzada al exigente mundo de Runway. Ahí conoce al diablo, o su jefa, Miranda Presley, interpretada por Meryl Streep.

La historia encuentra su inspiración en la revista Vogue y su directora, Anna Wintour. Sus pasillos y dramas suponen una lección para la joven Andy, representando tanto el doble estándar de género en el mundo corporativo como el coste de la ambición y la popularidad.

Con ello, inspira a la protagonista a reflexionar sobre sus propias prioridades y valor: atraviesa un cambio de look, un cambio de actitud y, finalmente, una toma de conciencia. A modo de moraleja, rechaza tanto al mundo de la moda y sus mil ventajas, como su vida anterior, convirtiéndose en una oda a la independencia y autoestima.

Desde su lanzamiento, El Diablo viste de Prada ha conquistado innumerables corazones, inspirando el lanzamiento de una segunda entrega este año. La trama, para algunos estereotípica, resulta aún atractiva por la facilidad identificación entre el espectador y el deseo de Andy de alzarse entre aquellos quienes no siguen, sino que dictan la moda. «Todo el mundo quiere esto, todo el mundo quiere ser nosotras», afirma Miranda.

Gusto a la venta

En Noviembre de 2025, se anunciaba el nuevo rol de Jeff Bezos y Lauren Sanchez Bezos en la célebre Gala MET. Mientras su boda alcanzó la portada de Vogue, ahora el evento de la moda más esperado del año les alzará, en mayo, como sus reyes. Sin embargo, la noticia de su generoso patrocinio ha abierto conversaciones sobre quién decide el buen gusto en 2026.

Lauren Sánchez Bezos sobre la portada de Vogue | Fuente: Instagram (@voguemagazine)

Esto llega en una época donde la tecnología ha transformado las definiciones de gusto y la creatividad. El uso de la inteligencia artificial y la lógica de las redes sociales han racionalizado tanto el proceso creativo y sus productos. Dan pie, así, al empaquetado y la venta del gusto, el arte y la personalidad. Y, simultáneamente, a la penalización de la divergencia. En este contexto, la estética minimalista, el desmesurado cuidado facial, o la tendencia tradwife cobran un sentido más allá de simples modas pasajeras.

Con todo, se consigue hacer una nueva lectura de El Diablo viste de Prada. El año pasado dibujé las cómicas pero ciertas similitudes entre los tecnobros y Caddie, protagonista de Chicas Malas. Hoy recuerdo a Andy Sachs. Pero una vez más, estas dos heroínas demuestran tener una moral perdida en Silicon Valley. O, al menos, un menor presupuesto.

Liderados por un cliché

Mientras Silicon Valley compra las pasarelas, Condé Nast ha anunciado recortes en la plantilla de Teen Vogue, símbolo de la energía rompedora de la juventud, así como la venta de su revista Them, el único ejemplar LGBTQ+.

Como aficionada a la moda, me cuestiono hoy hacia dónde se encamina el futuro de las pasarelas o, más allá, del mundo del arte en general. La periodista Rebecca Shaw escribía el año pasado «Sabía que algún día tendría que ver cómo hombres poderosos arrasaban el mundo; lo que no esperaba era que fueran unos perdedores de tal nivel». Suena absurdo afirmar que hoy tomamos de su boca consejos sobre las tendencias de Otoño/Invierno 2026.

Sin embargo, ante el temor de lo que esto simboliza, todavía encuentro confort en las romcoms. No solo en la nostalgia, sino en su inigualable representación de los clichés que tan fielmente perpetúan los que hoy dictan las normas.

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