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Alex Michaelides, «Me importa conocer cómo trabaja la mente del ser humano»

El novelista de éxito internacional publica La furia, un thriller sorprendente por sus ingeniosos cruces entre realidad e ilusión

Alex Michaelides, el chipriota conocido por La paciente silenciosa (2019), escoge el amor, el teatro y los traumas de la infancia para trazar “la crónica de un asesinato”. Lejos de ser una novela de misterio al uso, La furia es el thriller psicológico que lleva al límite las consecuencias de las heridas del pasado. Editada por Alfaguara, la traducción de Laura Manero Jiménez y Lara Martín de Dios apunta a ser una de las promesas de novela negra este verano.  

El planteamiento inicial no es inédito: Lana Farrar, una actriz multimillonaria invita a sus amigos más íntimos a la isla griega de su propiedad; sin embargo, la historia pronto toma unos derroteros inimaginables. En un diálogo intertextual con Diez negritos, de Agatha Christie, la acción comienza una noche de ventisca cuando la aparición de un cadáver desata el caos – o “la furia” – entre el grupo de amigos.

El narrador es Elliot Chase, una figura poco fiable que transmite sus pensamientos sin tapujos.Su discurso, directo y personal, mantiene la tensión con viajes al pasado e intentos de aportar los puntos de vista de todos los personajes. Desde su memoria, se adentra en el interior de cada uno de ellos para desentrañar los motivos, las relaciones y los actos que los unen. Es curioso, casi todos viven del gremio de la mentira: el cine y el teatro. De forma inevitable, poco a poco emergen las consecuencias lógicas de una vida atravesada por la actuación y las apariencias.

La fascinación de su autor por la mitología y la tragedia clásicas enriquece la historia con elementos fascinantes. No es casualidad que el nombre de la isla que habitan los protagonistas sea “Aura”, como las ninfas de las brisas, asociadas a los dioses de los vientos. También la obra de Heráclito cobra importancia en una trama marcada por el carácter de sus personajes, al igual que el afecto de las tragedias griegas los destinos predispuestos… Por supuesto, hace falta leer La furia para desentrañar todos sus misterios, dejarse sorprender con su final y tratar de empatizar con las contradicciones que martirizan a sus personajes.

Su autor, Alex Michaelides, cuenta con millones de lectores en todo el mundo. Ha sido galardonado con el Premio de los lectores de Goodreads y los derechos cinematográficos de su novela La paciente silenciosa han sido comprado por la productora de Brad Pitt. Además, ha guionizado películas como Un robo inesperado (Uma Thurman y Tim Roth). Su éxito como novelista de misterio bebe de sus estudios en literatura inglesa y psicología, combinación que ofrece una perspectiva única sobre los personajes.

Las claves de una narración enrevesada y absorbente

Pregunta: A medida que avanza la historia los giros narrativos son cada vez más impredecibles, ¿Cómo se vive desde la postura de escritor? ¿Llegan a sorprenderte tus propias ocurrencias?

Respuesta: Exacto. Con los dos primeros libros trabajé cada detalle antes de lanzarme a escribir, lo que supone eliminar el elemento sorpresa y restarle alegría al proceso. Con La furia pensé en lo divertido que sería planificar los personajes y el espacio, pero comenzar a narrar la historia sin saber nada más. De modo que traté de sorprenderme a mí mismo durante todo su proceso.

P: Tus novelas se han convertido en best sellers mundiales, ¿Ha cambiado de algún modo tu proceso creativo tras el éxito?

R: Intento no pensar en las expectativas que se puedan crear en torno a mis novelas. De hacerlo, me paralizaría, me volvería demasiado consciente de mí mismo. En cambio, me preocupa mejorar como escritor. Me importa crecer y no limitarme a copiar lo que ya he hecho. Para conseguirlo, me planteo nuevos retos.  Con La furia quise escribir un libro completamente diferente y descubrir lo que me provocaba. Sin duda fue toda una experiencia creativa.

P: ¿Qué nuevo reto literario te espera?

R: Para el siguiente libro trataré de escribir algo muy personal y profundo. Ese es el desafío que me voy a proponer.

P:  De hecho, en una entrevista ya comentaste como, en un principio el narrador de La furia iba a ser en tercera persona; sin embargo, terminaste creando una voz protagonista con un flujo de pensamiento muy libre. ¿Qué ventajas te ha aportado una primera persona tan sincera y cercana al lector como es Elliot?

R: Cuando leí el primer borrador en tercera persona me di cuenta de que no tenía vida, así la historia no funcionaba. Entonces, me cuestioné quien debía contarla y me cuadró este personaje sarcástico y observador. Le imaginé sentado en la barra de un bar, relatando los sucesos de la novela a alguien… también en otras situaciones similares. En cierto modo, yo era la persona que le escuchaba. Pronto Elliot tomó la historia, se hizo cargo de ella y la cambió. No era mi intención, pero por eso por eso ha sido una escritura tan creativa para mí. Precisamente, por dejarle hablar de él mismo y narrar una novela completamente diferente a la inicial cobró vida de una manera que no he logrado con ningún otro personaje que he escrito.

«busqué personajes psicológicamente complejos dentro de los libros de misterio»

Mirar atrás para comprender nuestros actos

P: Destaca en tus libros un tratamiento meticuloso de la psicología de los personajes. ¿Lo consideras un elemento esencial para que los lectores te elijan entre tantísimas publicaciones anuales en el género de novela negra?

R: Puede ser, pero tampoco lo hago para diferenciarme de nadie. Lo hago por lo que me interesa, que es la psicología. Cuando me dispuse a escribir mi primera novela, sabía que quería escribir una historia de detectives como Agatha Christie, pero busqué personajes psicológicamente complejos dentro de los libros de misterio. Esa combinación tan interesante ha sido mi enfoque desde el primer momento. Suelo tener una vaga idea de cuál es la historia, pero es cuando empiezo a pensar realmente en los personajes, a entender quiénes son y escribir sobre su infancia cuando se consolida lo que va a ser el libro.  Me importa conocer cómo trabaja la mente del ser humano, y a la hora de entender por qué hacemos lo que hacemos, por qué alguien puede cometer un asesinato, tenemos que viajar a la infancia.

P: Es recurrente en la novela una cita de Heráclito, “el carácter del hombre escribe su destino” ¿Por qué llamó tu atención?

R:  Porque en ese pensamiento la tragedia griega se encuentra con la psicología actual. Heráclito trataba de explicar cómo los dioses no son responsables del destino de cada uno, sino su carácter… es una declaración muy moderna.

P: Has mencionado a Agatha Christie, también la mencionas en La furia, donde aparecen múltiples guiños a tus referentes literarios…

R: Agatha Christie inspiró la novela; sobre todo, Y no quedó ninguno (Diez negritos), el primer libro suyo que leí, que también está ambientado en una isla. Mientras escribía ella estuvo en cabeza todo el tiempo y supe que tenía que aparecer de alguna forma. Supongo que, al final, mi libro es una respuesta al suyo.

P: Desde luego, ambos invitáis a una serie de personas privilegiadas a una mansión lujosa situada en una isla, la de La furia en Grecia, la de Christie es inglesa. En La paciente silenciosa y en Las doncellas, también escoges como protagonistas a figuras adineradas relacionadas con el mundo del arte. ¿No te preocupa que las historias pierdan verosimilitud con personajes tan ajenos a la realidad de los lectores?

R: Creo que no importa si alguien es privilegiado o no, lo esencial es adentrarse en su interior, comprender sus emociones y saber de dónde vienen, por lo que han pasado en la infancia. Así se crea la empatía. Es cierto que La furia es un caso extremo, Lana es infinitamente rica, pero todo viene de mi experiencia, cuando trabajé en Hollywood estuve rodeado de personas extremadamente poderosas. Tenía interés en escribir sobre aquello, pues las personas comunes no sabemos casí nada de ese mundo. Escribo sobre sus mansiones, sus comidas, sus viajes en jet privado porque para el lector es inusual, es un sueño.

Una historia que se enmarca en una cultura milenaria

P: La literatura contemporánea mantiene una relación cercana con la mitología clásica, quizás, por su poder de dar sentido a lo inexplicable. También en La furia toman un papel casi protagónico los motivos mitológicos, ¿por qué son importantes para ti?

R: En parte es muy instintivo, estos mitos son lo que soy, conforman la cultura en la que me he criado. Crecí aprendiendo sobre mitología y tragedia griega desde niño Simplemente amo esas historias, creo que son maravillosas. Luego, a medida que maduré, me di cuenta exactamente de lo que has dicho; son historias eternas y tienen una profundidad psicológica real. Lo que me sorprende es que si tomamos una obra de Eurípides, que la escribió en la Atenas del siglo V a.C., todos los personajes son realistas a nivel emocional, aunque se creasen miles de años antes de Freud y los primeros terapeutas. Esto nos dice dos cosas, que Eurípides era un gran genio y que los seres humanos no hemos cambiado demasiado. Es más, si recontamos estas historias en la modernidad todavía funcionan, esencialmente porque somos los mismos. El ser humano siempre va a ser el ser humano.

P: ¿Crees en la capacidad de tu novela para transmitir la cultura clásica a los lectores ajenos a ella?

R: En realidad, pronto me di cuenta de que estos mitos no pertenecen solo a Grecia, son de todos. Aquí es a donde me interesa llegar, a su universalidad. Es muy positivo que en la última década la mitología griega se haya vuelto tan popular. Parece una tendencia realmente poderosa, y eso está genial… Es algo que me encanta.

¿Ficción o realidad? Cuando teatro y misterio se cruzan

P: Tanto la narración como lo narrado mantienen un diálogo muy potente con lo teatral, ¿qué te interesa del universo de la actuación?

R: Por un lado, quise situar la historia en un mundo que conocía bien. Durante el tiempo que trabajé como guionista en Hollywood conocí muchas actrices, y consideré que podría escribir sobre ellas de manera convincente. Además, es divertido escribirlas, son personajes muy exagerados. Sin embargo, durante la escritura se hizo evidente que la historia no trataba solo de un misterio protagonizado por actores profesionales, iba más allá, hablaba de personas que pretenden ser algo que no son, de las máscaras que usamos… Lo performativo emergió como una reflexión importante en la novela a medida que la escribía. Es muy satisfactorio cuando estas cosas ocurren. Por ejemplo, de primeras el viento no iba a cumplir más papel que complementar la historia, pero termino convirtiéndose en una metáfora de la ira de los personajes.

P: ¿Echas de menos Hollywood?

R: Es gracioso que lo preguntes, porque La furia va a ser adaptada al cine y me han pedido que escriba el guion. Estoy un poco nervioso porque no he escrito un guion en diez años, pero ha sido un proceso  del que he aprendido muchísimo… sin duda una de las cosas más divertidas que he hecho. Así que sí, seguro que haré más guiones en el futuro.

 

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