10.9 C
Madrid
lunes, 19 enero, 2026
10.9 C
Madrid
lunes, 19 enero, 2026

David Jiménez: «Uno tiene cierta nostalgia del país que fuimos antes de que todo se encabronara»

El loable y reconocido periodista barcelonés publicó el pasado mes de mayo Días salvajes, una novela cruda y conmovedora de la “eufórica” España de los años 2000. Pasado el tiempo y a propósito de ello, atiende a esta entrevista por teléfono mientras disfruta de sus vacaciones.

David Jiménez (Barcelona, 1971) bien podría ser la encarnación de eso a lo que llamamos periodismo. O a lo que deberíamos llamar. Fue corresponsal en Asia durante más de dos décadas y ha trabajado como reportero en más de 30 países. Dirigió el diario El Mundo durante algo más de un año, pero su lucha por la verdad, la transparencia y la honestidad se topó de bruces contra todo un convoy de intereses, cinismo y poder. Así, y un poco a modo de hijo bastardo, nació El director (Libros del K.O., 2019), su libro más vendido hasta el momento. Días salvajes (Planeta, 2024) no es sino su séptima publicación —la segunda en forma de novela—, aunque él, por encima de todo, dice seguir considerándose reportero. En este libro se cruzan dos realidades —o se embisten, o una embiste a la otra—: la de los Zabala, toda una dinastía banquera y multimillonaria, y la de Luis Delgado, viudo, padre, activista y profesor de un instituto en Villaverde. Entre medias, un accidente kamikaze, un pulso con la justicia, una hija perdida, la cárcel, los intereses, el duelo, la amistad, la lujuria, la miseria, la vaciedad, el desfase o la España de los años 2000.

Pregunta: ¿Qué te sugiere hoy este libro, tres meses después de su publicación?

Respuesta: Bueno, pasadas unas semanas tienes una idea de cómo los lectores han percibido el libro y te llegan comentarios y empiezas a entender cosas que ni tú pensabas haber escrito y que la gente ha ido descubriendo, porque al final los lectores leen cada libro a su modo y lo hacen suyo de una manera particular, y lo cierto es que la respuesta ha sido muy buena. La mayor parte de la gente me dice que se ha emocionado leyéndolo, que se ha situado en la piel de los protagonistas, que se ha planteado dilemas morales en sus propias vidas. En fin, muchas cosas que uno tenía como objetivo a la hora de escribir y que parecen haberse conseguido.

P: ¿Qué te llevó a escribir algo así?

R: Es mi séptimo libro y es el más diferente de todos. El resto tiene, en gran parte, algo de mi experiencia como corresponsal o como director del diario El Mundo, y en este caso la historia no nace de ahí. Es quizá la novela más pura que he escrito, y aunque está también vinculada con hechos reales e inspirada en la realidad, en España y sus salvajes años 2000, y con estos personajes que no vienen o no han salido de mis vivencias como reportero, lo cierto es que ha sido una experiencia novedosa para mí. Creo que a veces el escritor tiene que evitar aburrirse de sí mismo y salir un poco de su zona cómoda y tratar de explorar otras temáticas, en este caso, el duelo, la amistad y muchas otras cosas que me apetecía tocar y que con Días salvajes he podido sumergirme en ellas.

Días salvajes; David Jiménez

P: En una pequeña nota al final del libro cuentas que estuviste acudiendo a terapias de duelo, imagino que para después tratar el asunto con mayor delicadeza. 

R: Sí. En esta historia, donde yo creo que el duelo es una parte importante y donde hay protagonistas que tienen que pasar por la pérdida de un hijo, tuve la suerte de contar con la ayuda de una amiga que es psicóloga de duelo y que además me introdujo en las terapias de duelo que ella organizaba los viernes. Gracias a la generosidad de esas personas, que también habían perdido a sus hijos y que estaban pasando por un mal momento y tratando de superarlo, pude participar de estas reuniones, y creo que esto le ha dado mucha profundidad al tratamiento del duelo en el libro. Creo que aquí ocurre que el periodista que uno lleva dentro intenta acercarse lo máximo posible a la realidad incluso al estar escribiendo un libro de ficción.

P: Si no recuerdo mal, alguna vez has dicho creer que estamos cometiendo errores similares ahora que cuando el estallido de la burbuja. ¿Podrías ahondar un poco más en esta cuestión?

R: Los años en los que sitúo Días salvajes constituyen una época de euforia desmedida y de disparate económico que terminó en una gravísima crisis, en 2008 o 2009, que se alargó durante muchos años, y digamos que la factura la pagó mucha gente que no tenía ninguna culpa. Creo que es normal que gente joven que no vivió aquellos años olvide, pero me sorprende que incluso la gente de mi generación parezca no haber aprendido nada de los excesos que cometimos y haber olvidado lo dolorosos que fueron los años en los que el desempleo llegó al 26% o en los que cientos de miles de personas perdieron sus casas o tuvieron que abandonar el país y buscar oportunidades fuera, y creo que volvemos a vivir tiempos disparatados, de excesos, de nuevo boom inmobiliario, de inconsciencia, de políticos que nos hablan de lo bien que va todo y de una percepción un poco como de fiesta en la que nos hemos olvidado de que a mucha gente no le va tan bien y también de que todo esto, si no somos prudentes, puede volver a acabar muy mal.

P: ¿Y qué ves en toda esta famosa polarización que tanto acusamos?

R: Uno de los problemas más grandes que tiene España, en realidad el mundo desarrollado en general, es la desigualdad, y cómo en las últimas décadas la gente que está en lo más alto ha acumulado más riqueza pero también cada vez más gente tiene dificultades para llegar a fin de mes, para pagar un alquiler, para aspirar a esa clase media acomodada que te permite vivir con cierta tranquilidad. Las políticas que se han hecho claramente han contribuido a esta brecha, y creo que cuando una sociedad es muy desigual, y además esa desigualdad está fundamentada en relaciones, en contactos que uno tenga, en qué familia has nacido, dónde has podido pagarte los estudios, cuando no parte de los méritos de cada uno, crea mucho resentimiento. Respiro cada vez más resentimiento en España, y me preocupa.

P: En varios pasajes de la novela, efectivamente, relatas muchos de los tejemanejes que ciertos personajes poderosos llevan a cabo para salirse con la suya. Como dices, el periodista que llevas dentro nunca descansa.

R: Es verdad que en los últimos años he dedicado mucho más tiempo a la literatura que al periodismo, pero yo me considero un reportero. Mi naturaleza es la de reportero, y eso es difícil de traicionar, incluso cuando escribo novelas que son ficción. Creo que el estilo del corresponsal, del reportero, la manera de escribir viene mucho de que nunca he dejado de ser un periodista.

P: En su primer encuentro de jóvenes, el matrimonio Zabala coincide en La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, como su lectura favorita. ¿Por qué? ¿Lo has leído recientemente?

R: Pues no, lo leí hace mucho tiempo, pero es de estos libros de juventud que me marcaron y que uno tiene en su inconsciente. Ni siquiera yo sé por qué en mis libros menciono unas cosas y no otras. Hay gente que me pregunta de dónde vienen algunos personajes o por qué dicen esto o lo otro, pero muchas veces ni siquiera yo lo sé. Creo que, al final, todo esto es una acumulación de las experiencias vitales que el escritor ha tenido a lo largo de su vida y que a la hora de escribir surgen de una manera natural, no programada. También había que buscar un libro que fuera, digamos, del momento, y me parece que La insoportable levedad del ser dice mucho del amor, de la juventud, de los tiempos que vivió en su época Kundera en Praga, de la revolución, y creo que es un libro que, además, no ha pasado para nada de moda y que sigue estando muy vigente.

P: En este libro, Kundera presenta el complejo concepto del kitsch, que define a modo de aforismo como “el ideal estético de todo movimiento político”, algo así como una pared de cartón. ¿Crees que vivimos en un kitsch capitalista?

R: Vivimos en los tiempos más disparatados que recuerdo, y a todos los niveles: estético, moral, político. No recuerdo una época, y ya tengo unos cuantos años, de mayor desorden social. Tengo la sensación de que la gente anda perdida, que no hay referentes morales, que no hay grandes liderazgos políticos, y todo esto en el mundo de la hipertecnología, donde estamos siendo constantemente bombardeados por información, por mentiras, donde las redes sociales, con Instagram, TikTok y demás, han hecho que la imagen se imponga a todo, además, con una gran inmediatez y falta de rigor en cuanto al reflejo de la realidad. Todo esto en tiempos de incertidumbre, donde hemos pasado una pandemia, donde hay muchos conflictos que estamos viviendo alrededor del mundo, y creo que nos estamos volviendo más miedosos, más intolerantes, y, aunque me gustaría ser más optimista, creo que esto nos va a conducir a más conflictos en los próximos años.

P: ¿Crees posible un postcapitalismo? 

R: Bueno, siempre se ha hablado. Recuerdo hace ya un tiempo a Bill Clinton y Tony Blair hablar de la tercera vía, así como a muchos otros pensadores, políticos o escritores. El comunismo fracasó allí donde se aplicó; creo que no ha conseguido establecerse con éxito en ningún sitio. El capitalismo, con las desigualdades que genera, está claramente en crisis, entonces la pregunta es si hay algún modelo alternativo. Bueno, yo creo que hay que refundar las democracias occidentales. Estamos en un momento en el que la disputa ya no es solo entre capitalismo y comunismo, sino entre un modelo autoritario que quieren imponer Rusia, China, Irán o Corea del Norte y una democracia liberal que respeta los derechos del individuo, que tiene el humanismo como una de sus esencias y que está en crisis. Ahí es donde tenemos no tanto que eliminar el sistema sino regenerarlo, reformarlo y refundarlo en base a principios de mayor igualdad, meritocracia, de mayor sensibilidad hacia la diversidad, tolerancia y muchísimas cosas que se están perdiendo, y es que creo que el mundo anda perdido, sin ningún referente, ningún faro, y no sabemos muy bien hacia dónde vamos. Es en momentos de incertidumbre como el que vivimos cuando los populismos, los Donald Trump en el caso de la derecha o los Maduro en el caso de la izquierda, reúnen muchos más adeptos de los que deberían. A mí lo que me gustaría ver es una reemergencia de líderes de verdad, de personas que realmente tengan como interés el bienestar mayoritario de los ciudadanos, la regeneración democrática, los derechos humanos, el respeto, la libertad de prensa, la independencia de los poderes y sobre todo la imposición o el triunfo de la verdad sobre la mentira, que es algo que hoy, desgraciadamente, está en duda, porque muchos días uno tiene la sensación de que la mentira está ganando y que la capacidad de manipulación de las personas ha aumentado gracias a las redes sociales, a la polarización. Tenemos que recuperar el terreno perdido y que la verdad vuelva a importar en nuestras sociedades.

P: Lo que desde luego existe es esa imagen del pseudolíder en carnes de algún influencer de turno.

R: Bueno, es que vivimos tiempos de gurús. Gurús y sectas ha habido siempre, así como charlatanes con capacidad de manipular, de convencer a la gente. Lo que ocurre es que ahora tenemos una explosión de gurús que nos venden todo tipo de creencias y filosofías baratas, muchas de ellas vacías, pero que son buenos comunicadores, y que tienen en su poder herramientas de difusión que antes eran impensables. Si a eso tú le añades esta incertidumbre económica, política y social, al final tienes un matrimonio entre una población necesitada de guía y unos aprovechados que están sabiendo llegar a esa gente, muchas veces haciendo mucho daño con su manipulación.

P: ¿Qué podría o debería hacer un periodista frente a este capitalismo?

R: Yo entiendo el periodismo como uno de los guardianes de la democracia y de los derechos humanos. Para mí, lo que tiene que hacer el periodismo es vigilar que ese capitalismo, que esas democracias, que esos sistemas políticos que tenemos no cometan abusos, que sean justos, que todo el mundo tenga los mismos derechos, y denunciar cuando eso no sea así. Por lo tanto, creo que el trabajo de los periodistas es fiscalizar al poder, y, desgraciadamente, en el momento en el que nos encontramos, el periodismo está de retirada, no está cumpliendo con esa función. Cada vez hay mayor impunidad en los poderes económico, político y mediático, y estos tres, que muchas veces actúan de manera coordinada, creo que han derrotado al periodismo y lo han sometido en los últimos años. Lo que necesitamos es volver a dar la batalla y volver a ser los guardianes del sistema y los garantes de esos derechos de los ciudadanos.

P: ¿Y qué podría hacer un ciudadano?

R: Para empezar, los ciudadanos deberían no colaborar con la desinformación, como está haciendo muchísima gente. Creo que a todos nos llegan por WhatsApp o por redes sociales bulos, informaciones intolerantes que propagan el odio, esto es, todo tipo de noticias falsas que muchas veces la gente comparte. ¿Por qué lo comparte? Porque, bueno, si coincide con mis convicciones, con mi ideología, si puede ayudar al partido político que yo apoyo, voy a difundirlas aun sabiendo que son mentira. Lo que necesitamos es una ciudadanía con mucho mayor espíritu crítico para ser capaz de decirle a los suyos, a su partido político, a los que defienden su ideología, que en su nombre no se van a cometer esos abusos, no se van a difundir esas mentiras, no se va a propagar el odio hacia el diferente. Y eso es lo que no estamos viendo: una sociedad lo suficientemente autocrítica con capacidad de no solo criticar al que piensa diferente sino también de exigir a los que piensen como ellos que no utilicen métodos que van en contra de las reglas del juego.

P: Dejando todo este barullo de lado y volviendo a Kundera, él decía que los personajes de los libros no nacen, como los humanos, del cuerpo de su madre, sino de una metáfora o de una situación absurdamente cotidiana; más en concreto, que los suyos son “mis propias posibilidades que no se realizaron”. ¿Cómo nacieron los personajes de Días salvajes?

R: Todos mis libros nacen de un intento de explicar el comportamiento humano, de intentar entender la maldad y tratar de conocer mejor su naturaleza y sus misterios, sus luces, sus sombras. ¿Por qué hacemos unas cosas y no otras? Este es un objetivo que uno tiene cuando se pone a crear personajes y situaciones y los somete a pruebas diferentes. En Días salvajes, mis personajes son llevados al extremo. Tienen que enfrentarse a situaciones muy difíciles, y creo que, al crearlos, estaba también preguntándome qué haría yo ante ellas, y quería que los lectores hicieran lo mismo. Al final, todo ello es un intento de explicar el disparate que es la especie humana, porque si uno se detiene a intentar explicarla solo puede llegar a esa conclusión, que somos un disparate, que hacemos cosas muchas veces irracionales, que no hemos evolucionado apenas, que seguimos matándonos en Ucrania, en Gaza, en tantos lugares, que no hemos conseguido quitarnos muchos de nuestros defectos, y como reportero, como corresponsal, como periodista y también como escritor me pregunto por qué no conseguimos dejar lo peor de nosotros mismos atrás y crear unas sociedades que no tengan ese lado oscuro que surge una y otra vez cuando menos te lo esperas.

P: ¿Crees que algún día podrás responderte esa pregunta?

R: Bueno, espero que no, o espero que sí, ¡vete a saber! Si encontrara la respuesta, probablemente perdiera la motivación de escribir. Somos un misterio, y la búsqueda de respuestas ha sido siempre una esencia de la literatura y también del periodismo. Creo también que, al escribir, al reportear, en los artículos, en los libros, en cierto modo estoy alertando a los lectores de ese lado oscuro que todos tenemos, con la esperanza quizá de que podamos controlarlo y que no surja. Creo que mis libros también son un aviso de lo que podemos ser capaces de hacer todos, incluso los que nos podamos creer estupendos, puros y buenos. Cuando las circunstancias cambian también nosotros podemos ser capaces de hacer cosas que ni imaginamos hoy en día, y creo que una de las labores del periodismo es alertar de esa capacidad que tenemos para cruzar la frontera que nos lleva a ese lado más oscuro.

P: ¿Cómo fue, más o menos, tu día a día escribiendo este libro?

R: Soy poco disciplinado: escribo en el caos, escribo cuando puedo, donde puedo, a veces en un avión, a veces en un viaje, a veces en casa. No soy de esos escritores que tienen un horario fijo, que son muy disciplinados y que hasta que no hayan producido tres folios no se levantan del asiento, pero sí es verdad que cada cierto tiempo, durante la escritura de un libro, me tengo que marchar en búsqueda de esa disciplina y en búsqueda también de una inmersión en la historia y en los personajes. Suelo escoger alguna isla recóndita, algún pueblo abandonado, algún sitio para estar solo y poder concentrarme mejor. No siempre lo puedo hacer, pero es fundamental, sobre todo, en la última etapa de la escritura. Si no, no terminaría los libros.

P: Como Capote en Costa Brava.

R: Yo creo que todos los autores tienen su cueva en la que se tienen que encerrar para aislarse del mundo y crear ese otro nuevo y alternativo que es el libro que están escribiendo. Es verdad que aislarte del todo es muy difícil porque uno tiene familia y tiene otras obligaciones, pero lo ideal, si yo pudiera, sería aislarme completamente durante 18 meses. Creo que mis libros serían mucho mejores si pudiera hacer eso. Probablemente me volvería loco, como algunos autores, pero creo que eso produciría una inmersión tan completa en la historia que el resultado final sería mejor que escribir en el caos y en la indisciplina que me suelen acompañar.

P: ¿Qué estás leyendo ahora mismo?

R: Estoy leyendo un libro que se llama Stoner, de John Williams, y lo estoy haciendo en inglés. Apenas llevo unas pocas páginas, pero me lo ha recomendado gente de la que me fío. No suelo leer en inglés porque exige una concentración mayor, pero este me lo han prestado y siempre ayuda leer en el idioma original. Siempre me pregunto cómo serán las traducciones de mis libros. ¡Las tengo incluso en chino! ¿Cómo será llevar un libro como El director al chino? ¿Cómo se traducirán los motes, por ejemplo, que aparecen en ese libro? Bueno, creo que lo mejor es leer a los autores en su idioma original. En este caso yo solo lo puedo hacer en inglés, pues no hablo ningún otro idioma. No te puedo dar una opinión todavía del libro, pero solo te puedo decir que arranca muy bien.

P: ¿Viste la Eurocopa?

R: Vi la Eurocopa. Me pilló la final en Santo Domingo y me fui porque donde me estaba quedando no la daban, y terminé viéndolo en un restaurante español. Fue un acierto porque estaba muy animada la cosa, y los dominicanos, que adoran España y nos tienen mucho cariño, eran más forofos que los propios españoles.

P: ¿Qué te sugieren algunas de las reacciones derivadas de ella, como los cánticos de Rodri o Morata? 

R: Me pareció rancio. Creo que en la celebración hay que tener también clase, deportividad y saber comportarse, aunque entiendo la euforia del momento. Tampoco vamos a lanzar a la hoguera a los jugadores, la mayoría de ellos muy jóvenes, por tener algún que otro exceso. Pero sí es verdad que, en los últimos años, y sobre todo a raíz del procés en Cataluña, ha emergido un nacionalismo un poco rancio en España, y me parece un poco ridículo responder al nacionalismo con otro nacionalismo. Me encantaría que esta época de disparate, de enfrentamiento y de buscar siempre la división incluso cuando celebramos algo terminara. Uno tiene cierta nostalgia del país que fuimos antes de que todo se encabronara.

P: ¿Qué consejo le darías a un joven periodista?

R: Un consejo que a mí siempre me ha funcionado bien es: siempre que te encuentres a alguien que te diga que algo no se puede hacer, date media vuelta, ignóralo, y al menos intenta hacerlo. Si yo hubiera hecho caso a todas las personas que me encontré en el camino que me dijeron que no se podían hacer las cosas que yo quería hacer, entonces no habría sido reportero de guerra, no habría sido director de El Mundo, no habría hecho una beca en Harvard, no habría escrito siete libros. Te pongo un ejemplo: mi primer libro, Hijos del Monzón, fue rechazado por cinco editoriales, y llegó un momento en que pensé que no valía para escribir, porque ese era el mensaje que estaba recibiendo. Podría haber aceptado que no podía escribir un libro. Sin embargo, cada vez que ese manuscrito era rechazado, lo que hice fue intentar mejorarlo, intentar hacer un libro mejor. Al final se publicó, y gracias a ello vinieron otros libros y otras experiencias. Por eso creo que siempre hay que intentarlo. Es cierto que el oficio es difícil, que tiene sinsabores, pero también es una profesión bonita que puede contribuir a mejorar las cosas, y creo que estamos en un momento en el que necesitamos muchos y buenos periodistas para contrarrestar toda la basura, la desinformación y la propagación del odio que vivimos.

P: ¿Una frase sugerente para definir Días salvajes?

R: Creo que está en el título. Es una novela sobre ese lado salvaje que todos tenemos dentro y que mucha gente ni siquiera conoce.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

El Rayo ‘B’ avanza a la final del play-off de ascenso a Segunda Federación

Los de Jorge Vallejo se imponen al AD Torrejón (3-2) tras el 1-1 de la ida y se jugarán el todo por el todo contra el campeón de la fase de La Rioja, el CD Varea. Imagínate tener que jugarte...

España vence a Países Bajos en el delirio de Mestalla

Tras un agónico empate a tres al término de la prórroga y a cinco en el global de la eliminatoria, los de Luis de la Fuente derrocan a la Orange en penaltis (5-4) y se clasifican para la final...

El Winterthur confirma la teoría del eterno retorno

Los zuriqueses, que ganaban por dos holgados goles a cero al descanso frente a todo un Lugano líder de la Swiss Super League, se dejaron remontar de nuevo en el tiempo de descuento y continúan en lo más hondo...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo