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La voz de la cultura

Las grandes figuras del periodismo cultural tradicional conviven con los comunicadores emergentes de las redes sociales, como las booktokers

Es casi un gesto compulsivo: revisa que la grabadora de su entrevistadora funciona varias veces durante la conversación. Sabe cómo ser un buen entrevistado: invita al café, ignora al reloj y su testimonio no escatima en detalles. Con 64 años, Antón Castro acumula más de tres décadas de experiencia en el periodismo cultural y miles de artículos a sus espaldas. A lo largo de su carrera, ha dialogado con personalidades como Montserrat Caballé, Pilar Lorengar y José Saramago, pero también con gente corriente. «Si fueses mi entrevistada, te diría “siéntete como Saramago”. Para mí, cada persona es igual de importante», explica.

Imponente pero cariñoso, con barba cana y cabeza lampiña: la jubilación que acecha solo se adivina en el físico del periodista. Su discurso contrasta con su cuerpo, pues en sus palabras la sabiduría del veterano convive con la frescura del becario. Antón Castro transmite la positividad de quien ha cultivado el arte de la resiliencia. Con 19 años tuvo que abandonar su casa en la localidad coruñesa de Lañas al declararse objetor de conciencia. Su negativa a incorporarse al servicio militar obligatorio le llevó a iniciar una nueva vida en Zaragoza. Allí, empezó a trabajar en un bingo. Mientras tanto, escribía libros en gallego y colaboraba con El Día de Aragón.

«No tenía carrera, pero era un lector obsesivo de periódicos, un chalado. Siempre he pensado que no te puedes dedicar a algo que no te gusta leer», recuerda. La pasión de Antón Castro le ayudó a obtener su primer contrato como periodista. En 1990, le propusieron realizar una entrevista en las instalaciones de El periódico de Aragón y el director, Plácido Díez Bella, le ofreció unas prácticas de verano. «Estudié electrónica pero no me gustaba, me daba miedo la corriente. En cambio, el periodismo me encantó. Encontré en el periódico aquel lugar en el que todo era posible», confiesa.

Tenía 31 años, dos hijos y acababa de dejar el bingo. La vida brindaba un nuevo camino al periodista de origen gallego. «Era escritor y lector, lo natural era decantarme por el periodismo cultural. Fui el primer jefe de Cultura de El periódico de Aragón», recuerda. Once años más tarde, el director de Heraldo de Aragón, Guillermo Fatás, quiso incluir a Antón Castro en las filas de su diario, donde trabaja desde 2001. Su labor en el centenario noticiero aragonés le valió el Premio Nacional de Periodismo Cultural en 2013.

Antón Castro | Fuente: La Comarca
Antón Castro | Fuente: La Comarca

Antón Castro ha vivido en su piel el declive del periodismo tradicional. Según El Confidencial, en 2007 los periódicos españoles obtuvieron unos ingresos récord de 2.880 millones de euros. Menos de quince años después, en 2021, estos fueron de 1.040 millones. «Hace no mucho tiempo, en la Plaza San Francisco se vendían mil Heraldos un domingo, una locura. Ahora, hasta el mejor kiosco de Zaragoza ha cerrado», lamenta Castro. Cada vez se venden menos periódicos. La escasez de compradores repercute en la difusión de las publicaciones impresas, que no deja de disminuir. Así lo corrobora el último informe de situación elaborado por KPMG para la Asociación de Medios de Información (AMI): las casi 80 cabeceras que se editan en todo el país difunden, entre todas ellas, menos de un millón de ejemplares.

Los publicistas también están retirando su apuesta por los periódicos. El índice anual de inversión publicitaria i2p publicado en 2023 recoge que se destinaron a la prensa 324,9 millones de euros en anuncios, una cifra que contrasta con los 1158 millones invertidos en 2010. «La tiranía del click es una manera de intentar mostrar que la publicidad en la prensa aún es rentable. Por su culpa, menospreciamos a nuestros lectores. ¿Quién va a creer en nosotros si estamos tendiendo señuelos para que la gente nos lea?», denuncia Antón Castro.

El clickbait no es la única lacra que amenaza la calidad periodística. La precariedad se extiende a todos los niveles del desempeño laboral. La Asociación de Prensa de Madrid estimó en 2010 que el sueldo medio de un periodista era de 35.000 euros al año, mientras que en 2022 sus ingresos anuales se habían reducido algo más de diez mil euros. Además, la actualización inmediata característica de las webs de los diarios desemboca en un trabajo acelerado. «Vivimos muy deprisa, el nivel de estrés es brutal. Parece que no tuviéramos tiempo ni para soñar», expone Antón Castro.

El sueño de la cultura

Pero el periodismo cultural aún se permite soñar con un futuro. La última encuesta de hábitos y prácticas culturales en España publicada en 2022 revela que un 24,2% de los lectores de prensa general lee siempre la sección de cultura. El informe realizado por el Ministerio de Cultura también indica que, en cuanto a los motivos de la elección de un libro por parte de los consumidores, la crítica especializada tiene más poder de influencia que la publicidad o las redes sociales.

«”Los libros se venden en la radio”, dijo el escritor Manuel Vilas hace poco en el programa. La radio es el único medio que habla de tú a la persona que está al otro lado. Entre el oyente y el locutor se crea una relación de absoluta intimidad», explica Ana Segura. La directora de contenidos de Aragón Radio conoce el poder sugestivo de la voz. Este año cumple 54 años de vida y un cuarto de siglo tras el micrófono. Igual que Antón Castro, terminó dedicándose al periodismo cultural por inercia. «Siempre había hecho informativos y mi jefe, Pepe Quílez, me ofreció dirigir y presentar este programa. Leer me encanta, así que aproveché la oportunidad. Este trabajo no lo elegí conscientemente, lo que sí escogí fue dedicarme a la radio», especifica.

 

El programa que permitió la entrada de Ana Segura en el mundo de la cultura no es otro que La torre de babel. La emisión, que se retransmite cada noche de lunes a viernes, busca convertirse en un lugar de encuentro para la cultura. En el estudio de Segura, tienen cabida tanto los escritores consagrados como las jóvenes promesas de la literatura. «Quería hacer un programa en el que la protagonista no fuera yo, sino los autores. Yo no me dedico a la crítica literaria, solo doy a la gente la oportunidad de que muestre su trabajo», expone la locutora.

Ana Segura
Ana Segura | CARTV

La irrupción de Internet

En la historia bíblica que da nombre al programa de la presentadora aragonesa, un grupo de hombres decidió construir una torre para llegar hasta el cielo. Ante tal muestra de arrogancia mundana, Dios decidió crear distintas lenguas para que los constructores no se comprendieran. En la sociedad actual, el relato del Génesis tendría un final muy diferente: habría bastado con usar Google Translate para llegar a un entendimiento. Internet, ese fenómeno que desafía los límites de lo humano, se gestó en el Departamento de Defensa estadounidense durante la década de los 60. En plena guerra fría, los investigadores norteamericanos encontraron en Internet (entonces llamado ARPANET) un medio de comunicación militar más seguro. Pero no fue hasta la creación de la Word Wide Web -la triple w- que el uso de la red se generalizó en el gran público.

Los medios tradicionales incorporaron esta novedad técnica. Heraldo de Aragón inauguró su edición digital en 1995 y los programas de Aragón Radio pudieron escucharse tanto en FM como online desde 2005, el año de su fundación. «Internet es una suerte para la radio. Las emisiones en la radio convencional morían en el momento de nacer. Los podcast permiten fijar el mensaje y escucharlo en cualquier momento», afirma Ana Segura.

La evolución de Internet trajo consigo la llegada de las redes sociales. Estas plataformas digitales permitieron conectar, de manera global e instantánea, a personas con intereses comunes. Facebook, lanzada en 2004, fue la primera red social que cambió el paradigma de la comunicación. En los años siguientes, nacieron otras plataformas como Youtube, Twitter e Instagram. TikTok, la más reciente, salió a la luz en 2016.

A pesar de su aspecto amable y su rictus tranquilo, la retórica calmada de Ana Segura se esfuma al analizar el menosprecio hacia las nuevas formas de comunicación. «Denostar las redes sociales es una gilipollez. Son un soporte que democratiza la posibilidad de darte a conocer y crear el contenido que quieras», asevera. La locutora aragonesa se muestra crítica con la vieja escuela: «Los típicos periodistas culturales que escribían reseñas súper sesudas en papel y a los que solo les gustaban los libros de sus amigos, esos están muertos. Para la gente joven no son una referencia, y es normal. Los jóvenes se fiarán de las influencers literarias que recomiendan libros que de verdad les interesan», asegura la locutora.

Bea González es una de esas influencers literarias que reina en TikTok. Unas gafas graduadas estilo Rayban y una de sus muchas camisas divertidas conforman su uniforme de trabajo. La joven gallega no ha necesitado más que un aro de luz, la cámara de su móvil y su irrefrenable pasión por la literatura para construir una comunidad lectora en las redes sociales. Su cuenta de TikTok, @cenobeita, cuenta con 200.000 seguidores y 3,2 millones de “me gusta”.

«Cuando iba a salir la serie de El señor de los anillos, mis amigos querían verla pero no habían leído a Tolkien. Se me ocurrió grabar un vídeo explicándoles su literatura como si fueran tontitos», cuenta González. La sorpresa llegó cuando el vídeo se hizo viral, y eso la motivó a seguir publicando sus ideas. Lectora empedernida desde la infancia, la influencer gallega estudió Comunicación Audiovisual, aunque ahora cursa por placer la carrera de Estudios Ingleses. «TikTok es la manera más personal que he encontrado de dedicarme a la comunicación y transmitir mi amor por los libros. Creo que los usuarios quieren ver contenido literario de gente que no les mire por encima del hombro», considera

La historia de Bea González no es un caso aislado. En TikTok, #BookTok se incluye en 31,4 millones de publicaciones. Mujeres en la veintena y con predilección por la literatura romántica tienden a protagonizar estos vídeos. Estas influencers cuentan con miles de adeptos que siguen sus recomendaciones al pie de la letra. «La cantidad de gente que ha empezado a leer El hobbit por mi culpa… estoy hablando de miles de personas que me han escrito diciéndomelo», confiesa González.

La gran capacidad de influencia de las booktokers las ha convertido en la estrategia de marketing favorita de las editoriales. En sus perfiles, muestran pilas de libros enviados gratuitamente por las empresas a cambio de publicidad. Tampoco faltan los vídeos dónde asisten como invitadas a presentaciones literarias o entrevistan a escritores de renombre internacional. Las más afortunadas incluso publican sus propios libros bajo el amparo de sellos de difusión mundial.

«Gracias a BookTok te pueden surgir muchas oportunidades laborales, las más comunes son las campañas publicitarias. En mi caso, también me han propuesto elaborar informes de tendencias de lectura, por los que he ganado dinero», explica Esperanza Luque vía audios de Instagram. Esta tiktoker valenciana posee todas las características de las creadoras de contenido literario y cultural. Gracias a su cuenta @esperanzalruz ha formado una comunidad de 120 mil amantes de las historias de romance juvenil. A sus 28 años, ya ha publicado su primera novela romántica, Otras versiones de lo nuestro, editada por Molino, uno de los sellos pertenecientes a Penguin Random Books.

En su caso, el amor por los libros también la ha acompañado toda la vida. Durante su adolescencia, creó un blog y una cuenta de Twitter donde hablaba de las sagas juveniles de moda, como Divergente. «Al comenzar la carrera de Periodismo, empecé a pensar que era muy mayor para hacer esas cosas y que necesitaba más seriedad. En el confinamiento me di cuenta que echaba de menos la parte más espontánea de mí misma. Por eso me uní a BookTok», recuerda.

Al igual que Bea González, Esperanza Luque también ha encontrado en las redes sociales el mejor lugar para ejercer su profesión. «A veces parece que el periodismo cultural es solo esa historia rigurosa que se cuenta a la vieja usanza, pero yo no estoy de acuerdo. Creo que muchos periodistas estamos encontrando nuestro trabajo fuera de los medios tradicionales», confiesa la tiktoker valenciana.

El auge contra la quiebra

Para los medios tradicionales, cualquier tiempo pasado fue mejor. Para las redes sociales, en cambio, el futuro se atisba resplandeciente. La categoría de “redes sociales” apareció por primera vez en el informe i2p en 2017, y recibió 240 millones de euros en inversión publicitaria. El documento de 2023, por su parte, indica que estos nuevos medios obtuvieron 1.020 millones de euros en anuncios. En tan solo seis años, el dinero invertido en publicidad en redes sociales se ha multiplicado por cuatro.

El aumento de la inversión publicitaria en redes se traduce en mejores ingresos para lofs creadores de contenido. Según la plataforma Metricool, un influencer de 250.000 seguidores puede ganar entre 500 y 5000 euros por publicación. «Nuestro trabajo genera rechazo porque es muy privilegiado. El mundo de la publicidad está cambiando, y la publicidad es cara. Si a alguien que trabaja doce horas por un mísero sueldo le dices que una influencer cobra 5000 euros por subir un post, obviamente se va a indignar», argumenta Luque.

Los periodistas tradicionales saben de primera mano que el esfuerzo laboral no siempre se premia con una recompensa económica. «A mí me gustaría cobrar más, vender más libros, pero lo acepto. Yo me he encontrado con gente con muchísimo más talento que yo pero que le iba peor que a mí, y a personas mucho menos talentosas que yo triunfando. Uno no puede torturarse con eso, son las paradojas del vivir», admite Antón Castro. Tampoco todo es color de rosas en el ámbito profesional de las tiktokers. «En el mundo de Internet no existe la meritocracia. Puedes esforzarte mucho y que el algoritmo decida traicionarte», lamenta la booktoker gallega. Su colega, Esperanza Luque, comparte la misma percepción: «el algoritmo es muy cambiante, depende de la semana te ama o te odia», explica.

A pesar de la disparidad de sus oficios y del salto generacional que les separa, las voces recientes y consolidadas del periodismo cultural poseen un denominador común: el amor por la cultura. Una pasión dispuesta a romper estereotipos, como en el caso de Esperanza Luque, que defiende orgullosa que su trabajo es tan digno como cualquier otro. En otras ocasiones, la vocación palía la incertidumbre. Quizá por ello, Ana Segura declara que jamás cambiaría por nada “el trabajo más bonito del mundo» y Bea González asegura que no le preocupa el futuro: «Mientras la gente me diga que ha empezado a leer gracias a mí, mi trabajo está hecho y me sentiré satisfecha».

Pero cuando el amor por la cultura se transforma en fervor, cualquier obstáculo parece franqueable a ojos de sus devotos. «El periodismo cultural resistirá siempre porque la cultura está en todas partes y sirve para todo. Tenemos que protegerla porque es sinónimo de convivencia y sensibilidad. La cultura es entender con los ojos de la razón y sobre todo, entender al otro», concluye Antón Castro. Quizá para el escritor gallego habría sido el bagaje cultural y no el traductor lo que habría favorecido el entendimiento de los hombres de Babel. En el mundo donde la difusión de la cultura vence, la torre de la tolerancia ya araña el firmamento.

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