Un golazo del extremo argentino mediada la segunda parte y el complejo de portero de Dirk Abels le regalan la felicidad a Tomas Oral en el Stade de Tourbillon (0-1) después de sufrir la expulsión de su zaguero Decarli en el segundo minuto de juego.
Hay muchas formas distintas de empezar un partido: bien, mal, regular, enviando pelotazos, protestando, encerrándose atrás, riendo, llorando. Ninguna, por lo que sea, contempla hacerlo con un jugador menos casi que por decreto. En esas se vio Tomas Oral, el entrenador del Grasshopper Club Zürich, cuando su central Saulo Decarli se fue a la calle tras arrearle disimuladamente un codazo en la cara a Théo Bouchlarhem en un forcejeo de balón apenas dos minutos después del pitido inicial, VAR mediante. Se pudo sentir, el Stade de Tourbillon aguardaba con ganas el primer partido del año. Sitiada por las colinas de Valère y de Tourbillon, cada cual guindada por un monumento histórico distinto, partida por el río Ródano y con alrededor de 50.000 habitantes, la ciudad de Sion viene a presentarse como la capital del cantón de Valais, al suroeste de Suiza. Su equipo de fútbol, dirigido por Didier Tholot, puede presumir de buen juego y de buenos jugadores, a pesar de la reciente salida de uno de los más importantes de todos, su capitán Joël Schmied, así como de las bajas por sanción y lesión de Numa Lavanchy y Baltazar Costa, respectivamente. No faltó a lo largo de la tarde en la ciudad ninguna gran marcha de hinchas exacerbados en dirección al estadio, perseguidos desde la lejanía por niños demasiado pequeños aún como para que mamá les deje ser uno más en el tumulto. Por eso siempre han molado más los planes con papá.

La expulsión de Decarli dejó a los jóvenes atacantes Adama Bojang y Nestory Irankunda solos y a la intemperie contra la defensa local, pues fue Sonny Kittel el sacrificado para que Paskotsi entrase al campo a hacer de gasa. Resultó inevitable que el Sion hiciese notar su superioridad numérica. Bouchlarhem, Berdayes, Diouf, Chouaref: todos dejaron con la miel en los labios a sus aficionados durante la primera mitad. Especialmente Bouchlarhem, o en realidad el árbitro, o Cipriano, cuando en el 36′ el VAR volvió a intervenir para anular el tanto del ’11’ por fuera de juego previo del ‘6’. Se veía venir y para la segunda parte Oral sustituyó a Bojang y al debutante Irankunda por otro debutante, el gigantón Bryan Lasme, ambos llegados en lo que va de mercado invernal, y por Tomás Verón Lupi: un tipo sobre el que apoyarse para respirar y otro que no se cansa de correr ni aunque le suban el sueldo; un verdadero gaucho insufrible.

En la tecla
Bryan Lasme, que seguro que escucha rap francés y ha jugado más de una pachanga de baloncesto por algún gueto de Nueva York con una camiseta larga de los Knicks, es delantero y mide 194 centímetros. Parece lento, pesado, tosco, pero olvídate de oler el balón si empieza con su juego de pisadas: es todo un escapista. En el 63′, después de un envío llovido en el centro del campo, el jugador en propiedad del Schalke 04 quiso dar continuidad a la diagonal trazada por Lupi hacia la banda izquierda. El ex de Racing Club de Montevideo se metió en el área, recogió el rechace de su propio intento de pase y, tras un amago y poco ángulo para maniobrar, colocó con mimo el balón en la escuadra lejana ante la incrédula mirada de Fayulu. Es el segundo tanto de la temporada para él, que acabó fundido en las brasas del cansancio y en los brazos de sus compañeros.

No se podía saber, el gol agudizó el ansia de los jugadores del Sion, de sus aficionados y también de algunos periodistas. El delirio fue global en el 78′ al Abels rechazar dos balones debajo de la portería en la misma jugada, en el mismo instante, a remates de Bouriga y Sorgić, minutos después de una gran parada de Hammel. Y luego, lo de Lasme: Fayulu y el larguero le negaron uno de los goles de la temporada después de irse de Kabacalman y Diouf con una de sus pisadas y de dejar en el sitio a Ziegler con un caño sutil y sublime.
Los grasshoppers, que parecían condenados a la mediocridad más absoluta, aunque en realidad lo vienen estando desde hace varios años, comienzan a asomar cabeza y ya suman cinco partidos consecutivos sin perder en esta Swiss Super League. El próximo será en el Stadion Letzigrund de Zúrich contra el errante Young Boys, ahora con Giorgio Contini en el cargo, así como el primero que el equipo afronte fuera de los puestos de descenso en más de tres meses. Llegan tiempos de villanos con glamur y superhéroes con ojeras.

