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Juan Eslava Galán: «Lo mejor que heredamos de Roma es la ley y el idioma. Lo peor, la corrupción»

Juan Eslava Galán vuelve con su colección para escépticos con un libro que «se debía a sí mismo»: mil años de Roma en Historia de Roma contada para escépticos

Juan Eslava Galán lleva años escribiendo para escépticos. Es conocido por sus obras de divulgación histórica que combinan la erudición con un tono desenfadado, pues «la historia debe entretener, nunca aburrir», en palabras del propio autor. Con la publicación de Historia de Roma contada para escépticos, vemos cómo esta serie se caracteriza por ser una aproximación accesible y humorística a momentos claves de la historia, haciendo que temas que, a primeras, pueden resultar densos, sean entretenidos para los lectores.

En 1987, Juan Eslava Galán fue galardonado con el Premio Planeta por su novela En busca del unicornio, Historia de Roma contada para escépticos se trata del décimo volumen de esta saga que ha hecho que la historia pueda ser vista desde un punto de vista único. Alejándose de las novelas históricas más populares, para ofrecer una visión divulgativa, Juan Eslava Galán recorre los mil años del Imperio Romano, desde sus legendarios inicios con Rómulo y Remo hasta su caída bajo la presión de los bárbaros.

Fiel a a su estilo, combina personajes históricos reales con situaciones de ficción que permiten contextualizar la vida en la Roma antigua. La narración incluye detalles sobre emperadores, gladiadores, mujeres y ciudadanos, sin dejar de lado las pasiones humanas que, según el autor, son las verdaderas motivaciones de los protagonistas históricos: amor, poder y sexo. 

¿Qué es ser ‘un escéptico’ para Juan Eslava Galán?

Da nombre a su saga y es una cuestión con la que él mismo se identifica. Un ‘escéptico’ para Eslava Galán es aquel que no admite de entrada las cosas porque estén escritas, o porque estén en una obra impresa. 

De hecho, él en sus obras intenta que la gente piense por sí, incluyendo a veces el punto de vista contrario: «Siempre intento dar una visión completa del tema. No siempre estoy de acuerdo con las versiones que hay de una cosa, entonces digo mi opinión, pero procuro dar mi opinión contraria», comenta el autor: «Por ejemplo, lo que puede tener Roma en movimientos modernos como el feminismo, yo intento ser lo más ecuánime posible, siempre dando los elementos necesarios para que el lector tome sus propios pensamientos sobre el tema… por eso es para escépticos».

Escéptico, para Juan Eslava Galán, es aquel que cuestiona. El que no se conforma con un solo lado de algo, quien intenta resolver el cubo de Rubik.

Nihil novum sub sole 

«Roma se convirtió en un ejemplo que acabó consumiéndose». Con esa misma frase comienza Juan Eslava Galán a relatar lo que opina sobre la civilización que da motivo a Historia de Roma contada para escépticos: «Quizá los demás libros son ensayos para este. A mí, en el mundo, lo que más me ha interesado ha sido la historia de Roma y la historia contemporánea. Pero este libro me lo debía a mí mismo. En mi época más viajera (por cuestión de edad, y por lo mal que se come en los confines del Imperio Romano), yo he ido a las partes más importantes del Imperio Romano. Donde ha estado Roma, yo he procurado estar», dice el autor de Historia de Roma contada para escépticos. 

Sin embargo, no ha sido fácil abarcar 1000 años de historia. «Tenemos desde la semilla del árbol, lo vamos sabiendo todo. Viendo cómo se consume a sí misma, al mismo tiempo se establece un paralelismo con lo que somos ahora. Nosotros somos Roma», comentaba el autor. «Lo mejor que hemos heredado de Roma, es el derecho y el idioma. Lo peor, la corrupción. Era muy corrupta, y nunca dejó de serlo, igual que nosotros»

Y es que el derecho romano es, sin duda, uno de los legados más valiosos que Roma dejó a la civilización occidental. Este sistema jurídico, con sus principios de justicia, equidad y responsabilidad cívica, sentó las bases para la legislación en muchas naciones contemporáneas. «Es la esencia de la democracia, la mayor aproximación de la justicia», comentaba Juan Eslava Galán.

«Los únicos pueblos que nos regimos por la ley somos los pueblos que somos Roma»

Instituciones como el derecho civil, la propiedad privada, los contratos y las figuras legales del derecho penal, nacieron o fueron perfeccionadas en Roma. La creación del Corpus Juris Civilis bajo el emperador Justiniano en el siglo VI fue un compendio que estructuró las leyes romanas y ha sido estudiado y aplicado durante siglos. Hasta hoy, el derecho romano sigue siendo la base de gran parte de muchas legislaciones.

Por otro lado, el idioma latino fue la herramienta que Roma utilizó para unificar su vasto imperio, y se convirtió en la lengua franca del conocimiento, la ciencia y la religión durante siglos, incluso después de la caída del Imperio. Las lenguas romances como el español, el italiano, el francés, el portugués y el rumano derivan directamente del latín, lo que permite ver la continuidad de Roma en las comunicaciones actuales. Incluso en idiomas no latinos, el latín ha dejado una profunda huella, especialmente en el lenguaje técnico, científico y jurídico. De esta manera, Roma sigue viva en las palabras que usamos a diario y en las leyes que regulan nuestras sociedades.

Juan Eslava Galán Historia de Roma contada para escépticos
Juan Eslava Galán | © Javier Ocaña

Sin embargo, Roma también nos legó aspectos más sombríos, entre ellos la corrupción de la que habla Juan Eslava Galán, que fue un rasgo cada vez más visible en los últimos siglos del Imperio. A medida que Roma se expandía, la administración de territorios cada vez más vastos llevó al abuso de poder y a la degeneración de sus élites. La corrupción se manifestaba en forma de clientelismo, sobornos y la falta de escrúpulos entre los funcionarios públicos, que anteponían sus intereses privados a los del Estado. Desde el Senado hasta los gobernadores provinciales, la corrupción se convirtió en una herramienta habitual para ascender políticamente o enriquecerse personalmente.

Este mal ha trascendido los siglos, y hoy en día, muchos sistemas políticos y administrativos todavía se ven afectados por la corrupción. En muchos casos, el nepotismo, el abuso de poder y la falta de transparencia, características que ya se manifestaban en la decadente Roma, siguen siendo elementos comunes en la política mundial. El legado negativo de Roma nos recuerda que la corrupción, como el poder desmedido, puede minar los cimientos de cualquier civilización si no se controla, siendo un obstáculo para el desarrollo social y económico de las naciones: «La decadencia que estamos viviendo, si podemos hablar de decadencia, Europa se ha suicidado a través de las Guerras Mundiales, y ahora somos lo que somos: un espectro de lo que alguna vez hemos sido. En eso también nos hemos parecido a Roma», explicaba Juan Eslava Galán.

Un reflejo de nuestra historia

Es también, sin embargo, incluso algo adorable ver que nos encontramos con las mismas dificultades que pueden evolucionar a la modernidad: «Los chicos en Roma no saben usar la toga, del mismo modo que nosotros no sabemos ponernos una corbata», contaba anecdótico Juan Eslava Galán. Y es que, a pesar del paso de los siglos y el avance de la tecnología y la sociedad, seguimos enfrentando desafíos similares en nuestra interacción con las normas culturales, el vestuario y las expectativas sociales: «Roma es un espejo en el que mirarnos», seguía diciendo el autor.

«Hemos basado nuestra economía (Europa) en el saqueo de la economía de otros pueblos, seamos conscientes.», afirmaba Juan Eslava Galán: «El imperialismo, tanto español, como francés, como portugués, saqueaba a otros pueblos y dentro de ese saqueo se podían hacer muchas matizaciones». Dentro del imperialismo europeo, algunos imperios como el romano o el español no solo se dedicaron a extraer riquezas, sino que también dejaron un legado tangible en las sociedades que dominaron. Roma, por ejemplo, construyó infraestructuras, impuso un sistema legal que aún hoy influencia muchos sistemas jurídicos, y difundió su cultura y lengua.

España, de manera similar, dejó un legado cultural, religioso y administrativo en América Latina, elementos que aún definen la identidad de las naciones latinoamericanas. Sin embargo, como remarca el autor, este legado no debe ser idealizado: «El imperialismo romano o español, saqueaban pero dejaban. Nosotros no teníamos las mismas instituciones en América que en España, y la ley era lo mismo de abusiva que aquí.» Las leyes e instituciones que los imperios imponían eran, en muchos casos, herramientas de control y opresión, tanto para los pueblos colonizados como para los propios ciudadanos de la metrópoli. La ley, aunque representaba orden y estabilidad, también era utilizada para consolidar el poder de las élites y perpetuar la desigualdad, reflejando un sistema profundamente injusto.

«El cine ha desfasado a Roma»

«La visión que tiene la gente de Roma es a través del cine, y está totalmente desfasada», se quejaba Juan Eslava Galán cuando se mencionó el séptimo arte. La Roma clásica, con sus grandes figuras como Julio César, Cleopatra, Nerón o gladiadores inmortales, ya no pertenece solo a los libros de historia o a las ruinas arqueológicas, sino que ha sido reinterpretada y dramatizada por el cine hasta el punto de que la versión cinematográfica de Roma es, en muchos casos, más influyente y accesible que la propia historia: «La tenemos idealizada por influencia del cine», insistía Juan Eslava Galán.

Historia de Roma para escépticos
Un retrato de la Antigua Roma | World History Enciclopedia

«Y, además, el cine tiene una visión tremendamente machista acerca de Roma», continuó. Y es que, la interpretación cinematográfica de la vida romana a menudo refuerza narrativas patriarcales y coloca a las mujeres en roles secundarios, presentándolas como objetos de deseo, intriga o traición, en lugar de figuras activas y complejas dentro de la sociedad romana.

En muchas películas sobre Roma, las mujeres suelen ser retratadas como seductoras, como Cleopatra, destacándose más por su capacidad de atraer a hombres que por su liderazgo y astucia política. Este enfoque refuerza la idea de que el poder femenino en Roma derivaba únicamente de su sexualidad, ignorando su influencia política real. También son frecuentemente representadas como víctimas pasivas o madres abnegadas, relegadas a roles secundarios mientras los hombres protagonizan las gestas heroicas.

La violencia contra las mujeres, como el abuso y la violación, aparece en muchas de estas producciones, no como crítica, sino como parte del espectáculo, sin explorar la complejidad de la situación femenina. Mientras tanto, las gestas militares masculinas son idealizadas, dejando a las mujeres excluidas del poder y reducidas a espectadoras o trofeos. Esta visión ignora que figuras como Livia Drusila o Agripina jugaron roles clave en la política romana, pero el cine tiende a simplificar sus acciones como simples intrigas familiares.

Una lección para los escépticos

Cuando la reunión estaba finalizando y las últimas preguntas estaban en el aire, Juan Eslava Galán termina su intervención diciendo que «Los romanos tienen mucho que enseñarnos, pues seguimos siendo romanos». 

Con una mentalidad «para escépticos», Juan Eslava Galán logra desmitificar figuras históricas y situaciones que a menudo se presentan como intocables, mostrándonos que la historia es un campo en constante evolución y repleto de matices. Sus libros son una invitación a ver la historia como un reflejo de nuestras propias pasiones y dilemas, de lo bueno, de lo malo y de lo peor.

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