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‘Tortugas’, una oda a la resiliencia

Isabel Alba nos traslada a la mente de una adolescente en Tortugas, su última novela

El género epistolar ha formado parte de la tradición literaria desde hace mucho tiempo. Sin embargo, los tiempos cambian, y la materialización de este formato también lo hace. Tortugas, sin duda, es un buen ejemplo de este cambio, y ha sido publicado por la editorial Acantilado el pasado día 13 de noviembre. 

En esta novela, la protagonista, Sofía, nos va adentrando en su mundo a través de unas notas de voz que envía por WhatsApp a diferentes grupos —entre ellos, uno consigo misma—, además de sus conversaciones en Instagram. Un mundo caracterizado por el negacionismo y los discursos de odio, además de las dificultades que produce enfrentarse al acoso escolar. A priori, esto puede parecer algo caótico, pero sin embargo resulta ser la manera más eficaz con la que podríamos indagar en la mente de una adolescente. Y es que a través de estos audios, conocemos la versión más genuina de su persona. ¿Acaso existe algo más sincero que un grupo de WhatsApp con uno mismo? ¿No es ahí donde la transparencia más absoluta impera?

Una novela distópica en clave actual 

Si tuviéramos que encuadrar Tortugas dentro de alguna corriente literaria, podríamos decir que se ciñe perfectamente a la literatura distópica, que tan en auge ha estado en los últimos años. Sin embargo, Tortugas resulta ser —además de un acercamiento— una reinvención de esa literatura postapocalíptica más distorsionada precisamente por eso, por acercarnos a una realidad que, en el fondo, es la nuestra, puesto que se ambienta en un escenario posterior a una catástrofe de semejante índole como fue la pandemia del COVID-19. Esto, sin duda, otorga un valor especial a la novela, pues deja en claro que, en realidad, el futuro distópico no nos queda tan lejano, sino más bien al contrario, que ya lo hemos vivido, y que, por suerte, lo hemos superado. ¿Es una oda a la resiliencia? Probablemente. Pues no solo su clasificación es lo único que da pistas sobre esta idea. 

Seguir adelante, a pesar de todo

Siguiendo con esta idea de resiliencia, Tortugas también nos acerca a este concepto a través del enfrentamiento a la pérdida. Sofía, cuyos lazos afectivos principales son su abuela Estrella —bióloga— y su madre Blanca —doctora—, cuenta con una perspectiva situacional, en esencia, delicada. Su pilar fundamental es su abuela, con la que comparte tiempo, vivencias y, sobre todo, sueños. Es en ella donde se apoya para salir adelante, para realizar proyectos —como por ejemplo, crear una cuenta de Instagram de divulgación científica—, o para superar el bullying al que tiene que hacer frente en su instituto. Sin duda, es una protagonista atormentada, una joven que tiene que hacer de tripas corazón e intentar seguir hacia adelante. 

Pero como la vida no es justa, un nuevo revés pone su mundo patas arriba: la pérdida de su abuela. Y es que la protagonista aprende del mundo y de sí misma a través de los adultos. Su abuela y su madre —aunque en menor medida— son sus referentes, son de donde ella adquiere las herramientas necesarias para saber cómo enfrentarse al mundo, tan hostil en ocasiones, que la rodea. La pérdida de su abuela convierte su mundo en algo gris, como ocurre con el propio planeta (ya que la novela también tiene un espíritu ecologista latente). Estrella es la naturaleza propia, la vida, lo que le da sentido a la suya. Sin embargo, Sofía a pesar de ser una adolescente, consigue aceptar y superar esta pérdida. Consigue que su mundo siga adelante, como ocurre con la vida a pesar del caos y los sinsabores. Ella misma lo dice en la página 158 de la novela:

El tiempo pasa rápido y hay cambios y cosas nuevas todo el rato

El lenguaje, un espejo de la sociedad

Si algo resulta realmente útil para conocer a un individuo y saber a qué generación pertenece, sin duda es el lenguaje. El uso de las palabras y la significación de las mismas son indicativos importantes para ello. En Tortugas, la realización del mismo resulta apropiado para conocer a la protagonista.

Así, la novela cuenta con un vocabulario que sin duda pertenece a la generación Z. Esta amalgama de términos y expresiones, tan características de dicha generación, dotan a la novela de un aire renovado, de un halo de cercanía con el lector que, sin duda, se verá plasmado dentro de este universo. Aquellos lectores que, por el contrario, no pertenezcan a dicha generación, evidentemente no se identificarán con el lenguaje, pero podrán aprender. Conocerán cómo hablan los jóvenes, cómo comprenden ellos el mundo y cómo lo analizan. Así, Tortugas también se convierte en una novela de aprendizaje, en un microscopio por el que conocer el comportamiento de esta generación tan especial al detalle.

En definitiva, se trata de una manera renovada de hacer literatura. Reinventada ya no solo por el contenido, sino por la forma de plasmarlo. ¿Le añade esto algún atractivo en específico a Tortugas? Eso ya dependerá del criterio del lector. De lo que no hay un ápice de duda es de que esta novela sirve como un ejercicio de análisis, de un corpus lingüístico que recoge el testimonio de la lengua que se utiliza actualmente, y que se seguirá usando en un futuro.

La memoria, el bien más preciado

En definitiva, Tortugas nos cuenta una historia en la que la resiliencia y la memoria juegan un papel crucial. A través de Sofía observamos cómo la vida, a pesar de todo, siempre continúa. Cómo siempre avanza y siempre cambia. A través de la memoria, del recuerdo, de todo lo que conservamos para atesorar el pasado, mantenemos vivo todo aquello —o a aquellos— que hemos perdido.

¿Es Tortugas una lección de vida, más allá de la primera impresión que pueda ofrecernos? Desde luego. Quizá lo más llamativo sea verlo todo a través de la mente de una adolescente, pero es una lección aplicable a cualquier individuo, la edad no es un factor determinante para saber manejar una pérdida. Tal vez al crecer podamos sobrellevar semejante situación con mayor templanza, pero nadie se termina de acostumbrar —o normalizar— algo así. Perder a alguien siempre es —y será— difícil.

Sin embargo, siempre que contemos con el recuerdo de esa persona, de los momentos compartidos, de todo lo aprendido, de todo lo que nos dio antes de irse, siempre estará viva. Porque la vida avanza, eso es cierto, pero es tarea de cada ser mantener vivo a quien ya no está, sea como sea.

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