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Rodrigo Cortés y Tomás Hijo presentan ‘La piedra blanda’

La piedra blanda es una obra desarraigada que pone de manifiesto la ausencia del dolor, dejando la puerta abierta a la imaginación

Rodrigo Cortés y Tomás Hijo, ambos de Salamanca, reconocida como la tierra de piedras, presentan a Pedro de Poco, protagonista de La piedra blanda. Una obra cuyo significado está destinado a ser atribuido por el propio lector. La palabra clave de este libro proviene del latín petra, que a su vez, en el antiguo griego, significaba roca. Esto da pie a la creación de una semiosis perfecta que permite al lector establecer, según su temporalidad, un significado: «Tú encuentras la forma adecuada con el menor miedo posible. Se trata de hacer un traje a medida para que haya un punto de encuentro», dice Rodrigo Cortés. 

La piedra blanda es el reflejo de la otra parte de un mundo en el que hay personas que no encajan y se convierten en protagonistas de su propia historia.

Pedro de Poco, un personaje sin emociones

Pedro nace en silencio junto a su hermano muerto. Esta pérdida inicial provoca el rechazo de su madre y desemboca en el asesinato del único superviviente. Sin embargo, Pedro vuelve a la vida aunque por segunda vez, como si emergiera no solo desde la muerte sino también desde una nueva voluntad creativa: «Con la voluntad de colaboración con Tomás Hijo. Llevábamos tiempo pensando que nos debíamos un trabajo de fuste. Recuerdo que a modo de broma le dije: ¿no deberíamos hacer una historia de un vampiro del siglo XI?» menciona Rodrigo Cortés.

La piedra blanda | Random House.

Una obra que —según explica— «parte de las cosas que nos unen. Los dos nos hemos criado en Salamanca una tierra hecha de piedras y frío». En esa materia prima geográfica y simbólica se modela Pedro: «Es un personaje sin expresividad cuyas emociones intuimos pero que él no muestra. No sonríe ni llora. Yo le iba lanzando notas a Tomás y él a mí bocetos. Tras eso llegaban correcciones. Configuramos este mundo poético que conforma La piedra blanda».

La recapitulación de la obra no es una simple sinergia elaborada a partir de un texto como se hace en la literatura tradicional. La obra elaborada por Cortés e Hijo es la proyección de un recorrido a través del trauma de Pedro de Poco; una extensión gráfica de tono lírico y trágico a través de imágenes poderosas «que resultan en sí mismas locuaces y seguramente tienen alguna conexión narrativa que opera desde la intuición». Es decir, no se trata de una narrativa lineal o explícita, sino de una arquitectura poética donde el lector debe interpretar, sugerir y reconstruir significado desde los vacíos.

Una imagen de un personaje

Sobre la apariencia visual del personaje debe resaltarse la desvinculación de todos los atributos humanos. Es un personaje despojado en «un juego que consiste en desnudar al personaje, algo muy difícil porque un ilustrador debe esforzarse en dotar de vida y expresiones a sus personajes. Entonces, arrancarle todo eso a Pedro de Poco ha sido un trabajo de gran dificultad que ha estado sujeto a numerosas revisiones y ajustes para lograr el efecto que el personaje debe transmitir», menciona Tomás Hijo, ilustrador de la obra.

Una exposición que, sin duda, representa lo verdaderamente interesante. Un ilustrador, a través de su talento, debe buscar la hiperexpresión emocional, algo que Tomás Hijo ha logrado mediante la negación del gesto, potenciando el silencio de un personaje hecho de piedra. Las ilustraciones no solo representan, sino que evocan.

La elaboración de un personaje sin emociones

Un proyecto como la escritura de un libro exige una conexión auténtica entre sus autores, algo que Rodrigo Cortés y Tomás Hijo han demostrado con la publicación de La piedra blanda. «A veces se pierden los orígenes de según qué cosas», dice Cortés. «El guion inicial fue cambiando. Dejé que Tomás interpretara las frases y, cuando recibía los bocetos, ajustaba el texto. Tocaba callarse para que el texto hablase y generase un efecto de contraste. Entre nosotros había una retroalimentación constante que transformaba el trabajo del otro».

Rodrigo Cortés, autor de La piedra blanda | Fuente: Random House.

Este proceso creativo exigía una flexibilidad continua alejada del conflicto y la rigidez pero cercana a la perfección del personaje. Lejos de convertirse en un conflicto la conexión entre ambos ha sido una comodidad de trabajo «que marca mucho el camino». «El reto era que este libro no estuviese ilustrado de la forma convencional a la que suelo trabajar» explica Tomás Hijo. Una nueva personalidad en la que «solo cabe el sí o el no que es la técnica del grabado». Una creación que por su expresividad y limitación «va configurando un determinado camino que se construye poco a poco». Ante esto, Rodrigo explica que los grabados «no son dibujos es una técnica que son estampas que llevan un enorme trabajo profesional. Tomás tiene que hacer un dibujo con detalle que traslada para invertirlo. Es un trabajo muy difícil». 

El perspectivismo un factor de gran importancia

Esta obra está escrita sin un propósito concreto algo que como periodista he subrayado ante los autores, en relación a nuestra realidad individualista dominada por algoritmos e inteligencia artificial. Es una obra que invita al lector a pensar a intentar relacionar unos grabados con otros y que —como dice Tomás Hijo— «despliegan una serie de significados muy profundos pero que en ningún caso se llegan a explicar del todo».

Por su parte, Rodrigo Cortés recalca que con la obra «se busca una reacción ante lo que se está viendo. Cuando tienes un personaje sin emociones el lector va a ir definiendo cuál es su grado de blandura en lo más profundo de su piedra». La obra propone así un diálogo íntimo entre el lector y lo que observa. «Cuando lees La Odisea uno piensa ‘¿qué significa cíclope?’ No sé… dímelo tú», dice Cortés, estableciendo de ejemplo cómo la lectura debería despertar una interpretación personal y no establecer una única forma de entender lo expuesto sobre las líneas de la obra.

Rodrigo Cortés y Tomás Hijo, autores de La piedra blanda | Fuente: Marina Lopez Tugues.

La piedra blanda a punto de convertirse en diamante

Pedro de Poco es un personaje que no encaja manteniendo su propia esencia en un mundo, pero ¿y si Pedro de Poco hubiera sonreído una sola vez qué habría pasado? Rodrigo y Tomás califican la cuestión como «una muy buena pregunta». Ante esto, Cortés responde que «Habría pasado algo muy distinto. Aunque yo lo habría sentido como poco natural porque habría sido como una epifanía emocional. Entre otras cosas porque no había ninguna sensación de que la historia debiera resolverse en ese sentido. A veces creemos que las historias tienen que trazar necesariamente arcos de aprendizaje en los que el personaje por fin comprende algo». 

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