Poliamor, lesbianas y huertos ecológicos, una historia de Andrea Liba
De la mano de nuestra protagonista, Manuela, descubrimos una historia llena de visibilidad, reivindicación, ruralidad y mucho amor.
Cantabria es finita
Manuela, a veces Manu, a veces Nu, se muda a un pueblecito de Cantabria. Υa instalada en el Valle de Cabuérniga, duda de su decisión y de todo lo que conlleva. Es muy consciente del mundo y de si misma, y no le gusta ser incoherente.
Con unos principios muy claros, Manuela busca de nuevo seguir con su vocación: escribir. Tiene un bloqueo muy grande, está muy insegura y reflexiona demasiado sobre todo. Sin embargo, no está sola. Su entorno la empuja y motiva para que siga con lo que le gusta hacer.
Mujeres
Además de con Julia, con la que se ha ido a vivir a Cantabria, Manuela tiene a otras mujeres en su vida. Eider y Aixa son sus parejas, ya que Manuela mantiene con ellas una relación poliamorosa. Cada una vive en un sitio diferente, incluso en una comunidad autónoma distinta, y por ello a veces Manuela no se siente del todo cómoda con el lugar que ha escogido para seguir su vida y tiene que lidiar con las relaciones a distancia.
«…y te preguntas cómo olerá cuando esa piel se arrugue por los años, cuántas grietas tendrá dentro.»
Manuela buscaba un lugar tranquilo, un pueblo, para reconectar con la naturaleza, dejar de seguir una sociedad capitalista y ser autosuficiente. Con su autoexigencia y su pasión, se inscribe a un huerto ecológico de un pueblo cercano, lo que le hará descubrirse más a si misma, a más personas, y pasar un rato conectada con la tierra.
Cuidar las relaciones
Muchos de los conflictos internos que tiene Manuela son con sus relaciones. Se plantea si las está cuidando bien, si se sienten bien, si ella se siente bien. Visibiliza la complejidad de las relaciones poliamorosas, la implicación emocional que conlleva y cómo se desarrollan esos vínculos.

No solo sus lazos amorosos. También se desarrolla la relación con su mejor amiga, Lara. Manuela trata de implicarse en todas sus relaciones, sean del tipo que sea, de la mejor forma y estar ahí para todo. Sus principios y sus creencias van por delante, y ella tiene muy claro lo que son sus amigas y sus relaciones para ella. Aunque a veces sea complicado.
Una voz continua
Una de las cuestiones más interesantes de La grieta es el narrador. Este narrador habla de Manuela como alguien externo, pero sabe cosas que si no fuera ella no sabría. A veces, incluso le recrimina actos o pensamientos que tiene. Esta voz es y no es Manuela: es la voz de su ansiedad.
«Casi puedes sentir, a pesar de la inseguridad, el viento del norte y la bravura del mar.»
Manuela en ocasiones dialoga con ella. La voz le hace aparecer sus traumas, sus dudas, le muestra sus miedos. Le hace creer todos aquellos pequeños pensamientos intrusivos que le hacen verse inferior. Existe aquí un combate más: el de Manuela con su propia cabeza.
La lucha
En La grieta, no solo se lucha por la visibilidad de las relaciones lésbicas y poliamorosas, ni por la reivindicación de un mundo más ecológico y concienciado con la tierra. Andrea Liba alza la voz también por el problema de la vivienda, con lo complicado que es encontrar un lugar donde habitar y los precios que hay en la actualidad.
«La mitad de vosotras estáis con la vida a cuestas y la otra mitad a cuestas de la vida.»
Además, le da voz a la lucha contra el genocidio en Palestina, la importancia de salir a la calle y gritar. También, demuestra su punto a favor por lo rural, por el contacto con la tierra y ser conscientes de dónde viene la materia prima. Alza la voz por todos estos conflictos y por más.
Visibilidad y ruralidad
Con un estilo sutil y reivindicativo, La grieta da visibilidad a temas que están en nuestra sociedad actual, pero que a veces no se ven tan reflejados o manifestados. Andrea Liba pone estos temas tan importantes sobre la mesa y demuestra, acompañado por la gran atmósfera cántabra, la importancia de luchar por nuestras creencias y vivir la vida como realmente queramos.
«No es casualidad que sea en las familias empobrecidas donde se conviva más con la sensación de soledad. No es pura coincidencia que sean las bolleras, las marikas, la gente trans, las neurodivergentes, las discas quienes mejor saben, sabemos, lo que es encontrarse verdaderamente solas.»
Además, Andrea manifiesta la importancia del cuidado colectivo, de la conexión con el pueblo y la construcción de la propia vida, siempre acompañada de las personas que te hacen bien. Todo ello con la originalidad de la voz de su cabeza, que la hace más cercana y con la que podemos sentirnos identificados.
Andrea Liba
Nacida en Cartagena en 1996, Andrea Liba estudió Periodismo. Entre su ciudad natal, Cantabria y País Vasco, ha escrito estos años en medios como Pikara Magazine, elDiario.es, El Salto, La Marea o La Directa.
Tras Rayas y temblores, su primera novela, vuelve con La grieta, de la mano de Roca Editorial.


