Durante la historia ha habido muchos tipos de relaciones que han estado prohibidas sólo por ir contra la ”moral” de un grupo de personas con poder. Las relaciones interraciales estaban mal vistas durante las épocas más racistas de la colonización y las relaciones LGBT han estado perseguidas durante gran parte de la historia. Afortunadamente, hoy en día ya hemos superado esa discriminación. O, por lo menos, parte de ella.
Existen aún en nuestra sociedad, teóricamente abierta y progresista, un grupo de personas que siguen siendo señalados por cómo es su pareja. O sus parejas. Y es que, en un mundo de dos, las personas poliamorosas y con relaciones abiertas no tradicionales siguen enfrentando el juicio y el acoso—sobre todo en redes sociales—de aquellos que encuentran inconcebible un amor romántico no exclusivo.
En estas fechas, en las que todo se tiñe de rosa y se estampa de corazones, este señalamiento no para, e incluso se hace más fuerte. Juan—nombre ficticio para proteger su identidad—tiene una relación poliamorosa con sus dos novias, y nos comenta lo siguiente: “Que cómo lo gestionamos, que a quién queremos más, que qué vamos a hacer cuando pase el tiempo… y eso cuando no te insultan directamente. Cada día hay alguien que nos dice que (lo nuestro) no es de verdad, que nuestro amor no es válido”.
¿Qué es el Poliamor?
El término poliamor se refiere a aquellas relaciones románticas que se componen de más de dos personas de manera simultánea, con el conocimiento y consentimiento de todos los involucrados. Como pasa con las relaciones tradicionales, cada una es un mundo y se rige por las normas que los partícipes consideran adecuadas para su situación. Según una encuesta realizada por la agencia de datos de 40dB para EL PAÍS, el 4,8% de parejas en España se encuentra en una relación abierta con contactos sexuales puntuales con terceros; y el 0,5% en una relación poliamorosa con tres o más personas involucradas permanentemente.
Parece evidente que en el acuerdo romántico que hagan entre ellas ciertas personas sólo deberían tener voz aquellas que forman el vínculo. Sin embargo, cuando hablamos del poliamor, muchos se creen con la potestad para juzgar, en el mejor caso, y acosar, en el peor.
Hablamos con Juana—nombre ficticio para proteger su anonimato—sobre esta cuestión. Ella también practica el poliamor. «A alguna gente le van a funcionar bien (los modelos poliamorosos de relación) y a otra gente no. Porque a ti no te funcione no tienes que catalogarlo como infernal y horrible. Y viceversa. No hay que caer en catalogar la monogamia o la tradición como tóxica tampoco»

Lidiar con el estigma
Como en todas las facetas de la vida, el ambiente en el que te cries y la tolerancia de tu círculo cercano será clave a la hora de averiguar en qué medida se respetan tus decisiones vitales. Juan no tuvo mucha suerte. “Vengo de una familia muy tradicional. En mis padres siempre he visto mucha toxicidad, celos exagerados, no poder tener amigos del género opuesto… No es lo que quiero yo.”
Continúa hablando sobre su “salida del armario poliamoroso”: “ (Mis padres) no lo entienden y no creo que lo lleguen a entender. Hemos dejado de ir a su casa los tres juntos, no quiero someter a mis chicas a esa humillación. Es un constante de malas miradas y de comentarios agresivos”.
Juana, por su parte, ha tenido una experiencia diferente. “Mi madre no lo entiende, pero ni me lo niega ni me lo echa en cara”. A la hora de afrontar las críticas de terceros, ella lo tiene claro: “Los juicios de valor de gente que no conozco me dan igual, y en redes sociales sí que tengo una comunidad de apoyo”. Termina con un mensaje positivo, “estoy bastante a gusto con mi entorno, lo tomamos como un tema totalmente natural. Nunca he sentido mucha discriminación al respecto.”
Desafíos personales
Cualquier relación requiere un trabajo de introspección personal para poder afrontar algunos desafíos personales. Los celos, las inseguridades, la gestión del tiempo, la dependencia emocional… son retos que están al orden del día en todo tipo de relaciones. Juana encuentra más difícil, a nivel personal, gestionar una relación tradicional que una que involucre poliamor.
“Cuando he estado en una relación monógama he sentido ansiedad. Noto que no estoy en un modelo que me permita expresar mi compromiso con mis parejas a mi manera. Es como si mi personalidad se empequeñeciera un poco.” Juan también opina algo parecido. “No soy una persona celosa. Para mí es muy antinatural prohibirle a mis parejas que estén con otras personas. Cuando he tenido relaciones cerradas he tenido casi que fingir que me molestaba”.
Preguntamos sobre la gestión del tiempo y “es lo más complicado”. Para Juan, “es verdad que a veces es agobiante. Tienes trabajo, tienes familia, tienes que tener tiempo para ti, y a veces no te da la vida para, además, estar con dos personas. Eso se redujo cuando empezamos a vivir todos juntos, pero aún nos cuesta mucho cuando hay, por ejemplo, cumpleaños, eventos, cosas así”.

Poliamoroso, ¿se nace o se hace?
“Un poco de las dos”, opina Juana, “hay un poco de qué significa para ti el compromiso y qué importancia le das a la libertad afectiva y sexual. Pero también de cómo te has criado, de en qué ambiente o de si has tenido referentes”. “Entiendo que una persona que haya sufrido una traición muy grande, unos cuernos, que sea muy insegura, pues no va a poder tener una relación liberal sin sentirse mal. Y, al final, lo importante es sentirse bien.”
Juan tiene una visión ligeramente diferente. Él no le da tanta importancia al ambiente. ”Es algo que va contigo. Yo no he tenido un entorno propenso a esto y mírame. Es parte de ti, de tu personalidad. Yo lo comparo con ser homosexual en el sentido de que si la sociedad es más tolerante o si tienes referentes va a ser más fácil aceptarte y mostrarte al mundo. Pero que si no lo es sólo vas a vivir escondido. No vas a dejar de serlo”.
Ambos coinciden en que, si bien no es algo para todo el mundo, en ningún caso están haciendo daño a terceros. Reivindican su derecho a amar a quienes quieran. A pesar de avances en la aceptación y comprensión, aquellos en relaciones no convencionales continúan enfrentando estigma y juicio. Es una materia pendiente para nuestra sociedad, la normalización de el amor libre y el poliamor que muchas personas se ven obligadas a vivir en silencio.


