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Rodrigo Gervasi: «Quería escribir sobre la vida, y la vida ha resultado ser la precariedad»

La grieta, la nueva novela de Rodrigo Gervasi, de la mano de Sexto Piso

Una historia llena de precariedad e inestabilidad para los jóvenes, del problema de la vivienda y compartir piso, y de culpa, consentimiento y responsabilidad. La historia de Hugo, pero que podría ser la historia de muchos otros.

La grieta

Hugo es un chico como otro cualquiera. Es joven, tienen trabajo, pareja, familia y vive en Madrid junto a otros chicos con los que comparte piso. Pero la precariedad y la inestabilidad atraviesa su historia. Los compañeros pasan y pasan, nadie es para siempre y todo está en continuo cambio.

Con esta novela, Rodrigo Gervasi expone la realidad de muchos jóvenes. Jóvenes que luchan por una vida más estable, por unas relaciones menos efímeras y por hacerse cargo de sus culpas. Escrito con un lirismo y una cotidianidad especiales, La grieta es la voz de una generación.

La importancia de la forma

Pregunta: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de escribir La grieta?

Respuesta: Cada vez que escribo un libro, antes de empezarlo, pienso en la forma. Es lo más importante para mí. Con el primer libro, había pensado que tuviera una forma que fuera la vida de una persona a través de los trayectos que realiza cotidianos.

En el segundo necesité una forma diferente y que fuera interesante para que pudiera sostener un libro entero. Porque me encanta ponerme límites, me encanta acotarme y me encanta tener una estructura muy clara a parte del contenido. Entonces pensé en una forma, que era que el libro entero se sostuviera dentro de una vivienda y que tuviera solo los personajes que habitaran en ella, quizás uno más.

Es decir, muy pocos personajes y un solo espacio. Y ser capaz de contar una historia en la que fuese dentro de ese espacio. Desde ahí nació el voy a escribir todo lo que pasa dentro de una casa en un periodo de tiempo.

P: ¿Quién es Hugo?

R: Cuando escribí su personaje, pretendí que tuviera luces y sombras a la vez, que fuese el reflejo de una persona. Porque muchas veces tenemos personajes que son o muy malos o muy buenos, y no que sean las dos cosas a la vez.

Me interesaba mucho explorar eso. Quería que Hugo fuera cualquier persona de una forma sensata. Sin ocular cosas, ni lo bueno ni lo malo.

La pertenencia a un lugar

P: Hablas del sentirse parte de un lugar, de un sitio, de una vivienda incluso. ¿Cómo quisiste enfocar esto en la historia?

R: Cuando quería crear unos personajes que vivieran en un espacio, como escritor, me interesa mucho cómo las personas se relacionan con este espacio. Quería que la casa fuera protagonista y que fuera casi indisoluble. ¿En qué punto la vivienda forma parte de la psicología emocional de cómo vivimos y cómo estamos?

Quería ver a través de cómo se sienten parte de un lugar, cómo crean su personalidad a través de anclarse a algo. En este caso es la vivienda, que creo que es una de las grandes cosas a las que nos anclamos como personas.

P: En La grieta también hablas de todas esas dudas y sensaciones que tenemos los jóvenes, la soledad, la precariedad, la inestabilidad… ¿Por qué quisiste destacar eso en la novela?

R: Eso no fue de forma consciente. Cree un personaje que, evidentemente, bebe mucho de mis experiencias personales, en el sentido de que al final escribo sobre lo que conozco.

Yo quería escribir sobre la vida, y la vida ha resultado ser la precariedad

Pero no fue algo consciente. Fue una realidad de lo que nos rodea.

Las relaciones

P: Escribes también mucho sobre las relaciones: de pareja, de amistad, entre compañeros de piso… Aquí se ve que las cosas van de todo a nada, cómo puedes ser todo para una persona un día y al siguiente, si no se comparte piso, no lo vuelves a ver.

R: Era una intención muy grande esa. Quería ceñirme al piso. Quería que fuera un libro muy poco red social, en el sentido de que con las redes sociales estamos continuamente anclados a ver la evolución de todo el mundo todo el rato. Quería desbancarme un poco de eso y volver a la realidad de que hay personas que se cruzan en las vidas de otras personas durante un tiempo, comparten espacio, y se van.

En el momento que decidí que los personajes no siguieran viéndose, a pesar de que solo se hubieran ido a otro barrio de Madrid y sí podrían haber vuelto al piso y quedar, quería conscientemente no hacer eso y mostrar sobre todo la incomodidad de que realmente Hugo quiere engañarse a sí mismo diciendo que vive con esa gente porque quiere y está bien con ellos, pero en realidad comparte piso porque no le queda otra.

Eso queda muy claro cuando se van y no los vuelve a ver. Ha estado pensando que son una familia, pero en realidad no. Era la historia que se contaba.

Culpa y responsabilidad

P: También hablas de la culpa, de la responsabilidad, del consentimiento, que es la parte más dura del libro. ¿Cómo quisiste enfocar esto en La grieta?

R: Cuando tenía toda la idea del libro y había empezado a escribir, sobre todo estaba escribiendo sobre la cotidianidad de todo eso, y pensé que quería añadir un grado de incomodidad. Me interesa mucho, a nivel literario y a nivel artístico el arte que incomoda y que hace que reflexionemos. Que nos haga plantearnos las cosas.

Desde el principio sí que estaba haciendo un personaje que tuviera luces y sombras, pero quería llevarlo a un extremo, que fuera como muy ambiguo. De ahí surgió eso. Quería sobre todo que fuera un problema entre las personas del piso, que fuera una cosa que tuviera dos perspectivas de una misma historia. Que no hubiera un bueno y un malo.

Todo el rato con la perspectiva de pensar, como dice Amelie Nothomb, “Todos estamos al borde de ser malas personas y muchas veces pensamos que nos consideramos buenas y ya está”. Enfrentarnos a eso y decir igual que damos por sentado que podemos ser buenos y hacer cosas buenas, deberíamos dar por sentado también podemos atinar y hacer cosas malas. No creernos unos seres de luz.

Lo especial en la cotidianidad

P: Hablas desde lo cotidiano, desde un piso normal con unos personajes que podrían ser cualquiera. ¿Cómo encontraste la parte especial de la historia, que mereciera ser contada, algo especial sobre lo que escribir dentro de lo cotidiano?

R: Aquí pensé mucho en mí mismo. Cuando ves la vida de la gente, ves los hitos que hacen las personas y, cuando pienso yo mismo en mi vida, también pienso en mis hitos de «he hecho tal o he hecho tal». Pero luego, cuando pienso en mi vida real, es mucho más aburrida muchas veces.

Paso mucho tiempo conmigo mismo o repitiendo las mismas acciones. Tenía un amigo que tenía una vida superincreible y yo le decía «no paras nunca», y me decía «no, tengo como tú momentos de espera muy grandes». Fue una forma de justificar esa vida que siento que tenemos y que no mostramos nunca.

Siento que siempre estamos mostrando las partes con una trama y que son increíbles, y nunca la cotidianidad.

Que al final es un porcentaje muy alto de nuestra vida. Me daba mucha pena porque es parte de la vida también. Quería enfocarme mucho en eso, me parecía muy interesante.

La vida misma

P: Dices que te has inspirado en tu vida. ¿Es todo ficción a partir de ahí o sí que hay cosas biográficas?

R: En cada personaje o en cada cosa rasco una pequeña verdad. Todos mis amigos han tenido compañeros de piso, yo he tenido compañeros de piso. De todas las personas que conozco, he ido cogiendo pequeñas cosas y he ido construyendo personajes. A veces es alguna frase que ha dicho alguien y a través de esta frase lo creo.

Siempre me anclo a algo que sea verdad para que sienta que es cierto lo que digo, aunque luego divague y me lo invente.

Es raro porque, aunque sean escenas inventadas, ahora cuando las recuerdo, siento que son verdad, para mí son casi reales.

El proceso creativo

P: ¿Cómo ha sido el proceso creativo de la escritura de La grieta?

R: Con mucha disciplina. Empecé a escribir tarde. A los 22 años no había escrito nunca nada ni tenía intención de escribir ni había leído mucho. A partir de los 22 me empezó a interesar la literatura, empecé a leer mucho y a escribir. Y me di cuenta de que la inspiración venía siendo muy disciplinado y queriendo escribir algo chulo. Yo espero escribir bien, pero ha sido mucho de, suena muy a autoayuda, pero de querer hacerlo y hacerlo.

Para la inspiración, de beber mucho de autoras que me encantan. A la hora de escribir, me pongo en la cama, saco cinco libros de autoras o autores que me encantan, veo la idea que tengo en mente y,

cada vez que me bloqueo, abro una página aleatoria, leo una frase, y voy haciendo eso con varios libros hasta que una frase aviva algo.

Al igual que cuando creo un personaje. Pienso en una cosa real de alguien y de ahí empiezo a tirar. Estoy todo el rato cogiendo cosas. Creo que en el libro se ve un poco el cómo Hugo está obsesionado con los objetos. El tirar de objetos para él mismo contarse historias. Analizar mucho la casa a través de los objetos. De lo micro a lo macro.

Influencias

P: ¿Cuáles han sido tus mayores influencias o referentes para este libro?

R: Rachel Cusk, que es una autora inglesa increíble, que escribe libros sin trama. A mí me interesa mucho porque la vida no tiene trama y me gusta mucho este tipo de literatura. Autoras francesas más clásicas me encantan Françoise Sagan, Buenos días tristeza; El amante de Marguerite Duras; obviamente Annie Ernaux. La manera en la que escriben me parece superinteresante.

Luego, libros más random. También, me su día me inspiró mucho La soledad era esto de Juan José Millás. La forma de inventarse un personaje que no tuviera nada que ver con él. Joan Didion, sus ensayos. La forma en la que disecciona. Concretamente, el conjunto de ensayos que se publicó bajo el nombre Arrastrarse hacia Belén.

La separación en la grieta

P: ¿Cómo fue la elección del título y de la imagen de la cubierta?

R: El título del libro explica que la grieta es la separación entre los personajes. Eso es la lectura básica del libro. Creo que tiene varias lecturas, y eso sería la lectura básica.

Realmente, la grieta es la forma en la que a través del dolor entra mucha luz en el personaje y se replantea muchas cosas. El libro está en si agrietado con saltos todo el rato hacia el futuro. Todo el libro está interrumpido por esa grieta que es por la que a través el personaje logra una percepción mayor y entender cosas. Un dolor que abre algo bueno.

La portada, la editorial me propuso ilustradores y escogimos entre todos algo que nos gustara. Es muy chulo este ilustrador, es Guim Tió, es catalán.

Cotidianidad y perdón

P: ¿Con qué quieres que se queden los lectores cuando lean La grieta?

R: Diría que dos cosas. Querría que se quedaran con que la vida es común todo el rato y creo que es un libro que lo transmite. La inseguridad de sanar, de analizar esos detalles cotidianos que aparentemente no tienen valor, que a mí es lo que más me interesa a nivel literario.

Luego, a nivel social, me encantaría que se pudieran quedar con que, cuando alguien hace algo que nos duele, probablemente está persona está pasando por algo. Tener la empatía de entender que la gente no daña intencionalmente, todos lo intentamos hacer lo mejor posible. Intentar ser perdonadores y no castigadores.

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