Sara Barquinero regresa con La chica más lista que conozco (Lumen, 2026), una de las novedades literarias más esperadas de este año
Alicia estrena una nueva vida en Madrid. Va a empezar la carrera de Filosofía en una universidad de cuyo nombre no quiero acordarme, en un campus cerca de Moncloa que tiene un césped infinito y un paraninfo estupendo. Pretende desprenderse del adjetivo «provinciana» que sus nuevos amigos utilizan de forma despectiva para referirse a ella y a otros estudiantes que consideran «de segunda».
Pero Alicia no es como las otras chicas, ella es de primera, porque chasquea la lengua y sabe que está destinada a desmerecer esa etiqueta como lo hacen sus iguales. Para paletos, los que se quedaron en Valladolid, piensa sin reconocerlo en voz alta. Todavía está en primero y sabe que está predestinada a hacer grandes cosas.
Alicia se agarra a su inteligencia como a un clavo ardiendo. Casi percibe ya las dimensiones del que será su despacho cuando se convierta en doctora. Quizás estará ordenado. O todo lo contrario, puede que sea un sálvese quien pueda entre papeles y ensayos filosóficos. Lo que sí sabe es que se enamorará y se reconocerá intelectualmente en otra persona. Es sartriana a regañadientes, tiene toda la vida por delante y, evidentemente, el golpe de realidad se ve venir de lejos.
Una novela de crecimiento
Sara Barquinero (Zaragoza, 1994) nos presenta este Bildungsroman o novela de crecimiento a través de los ojos de Alicia, su protagonista. La obra abarca sus años en la universidad, sus sueños, desvelos, cagadas y aciertos. Quién no haya recordado su propia vida universitaria durante su lectura, que tire la primera piedra.
En La chica más lista que conozco advertimos la evolución de Alicia hacia la madurez. O lo que es lo mismo, la pérdida de su inocencia, en el sentido literal y figurado. Sus expectativas se irán cayendo como naipes cuando descubra la realidad del mundo académico. Alicia todavía es muy joven cuando se asoma al abismo burocrático, atiborrado de favores, amiguismos, chanchullos y rivalidades, característico de las guerras internas entre departamentos. Sin quererlo ni pretenderlo, estará en medio, y verá los claroscuros del camino de la investigación en la universidad.
El triste horizonte de «la novia de»
En los últimos años se ha escuchado mucho eso de: «Yo es que sólo soy una chica». Las mujeres nos movemos en una ambivalencia incómoda que se refleja en las contradicciones de Alicia: quiere independencia, pero necesita que la reconozcan. Quiere destacar y crear un camino propio, pero se imagina constantemente como la novia de.
Alicia se enamora de Juan Comala, uno de sus profesores, que le saca más de 10 años. Un tipo carismático, divertido, oscuro, alguien capaz de regalarle Correspondencia de Heiddegger y Hannah Arendt como mayor acto romántico posible. En él idealiza la vida que quisiera proyectar, la persona que querría ser a su lado.
La novela refleja su turbulenta construcción de identidad a partir de la mirada de los otros en una relación desigual. La vergüenza, el tabú, la falta de consentimiento y el silencio serán los ingredientes de esta historia del cuento de nunca acabar.
El silencio administrativo tras el Me Too
Mientras, en los pasillos de la universidad se masca la tensión. A lo largo de su enamoramiento comenzará la campaña para las elecciones al rectorado, un momento clave para cambiar la deriva de las decisiones internas que se han llevado a cabo hasta entonces. La más grave de todas, la falta de respuesta a la denuncia de una alumna a un profesor por acoso sexual.
Barquinero muestra con crudeza el «¿y ahora qué?» después del Me Too. No deja de ser una novela dolorosa y necesaria al mismo tiempo. Ella da un paso adelante y refleja los límites de este movimiento en el entorno universitario, extrapolable a otros casos, en los que se vuelve a victimizar a la víctima o se hace un pacto entre caballeros para liquidar el asunto. Con discreción, siempre con discreción…
La prosa de Barquinero
Sara Barquinero no sólo sabe dar con la palabra precisa, sino con la técnica exacta. La autora ya sorprendió con Los escorpiones (Lumen, 2024), un thriller adictivo sobre una conspiración mundial en la que supuestamente se inducía al suicidio a través de la escucha de unas determinadas ondas presentes en la música. Ahí tan pronto mezclaba la narración principal con mensajes en foros de la Deep Web, posts de Facebook, papers académicos y la transcripción literal de un diario de una mujer italiana en los años 40. Todos los géneros en la misma obra, una apuesta arriesgada propia de su narrativa.
En La chica más lista que conozco combina la narración con breves reflexiones filosóficas que rozan el ensayo. De esa forma introduce algunas de las muchas referencias bibliográficas que menciona a lo largo de la novela -y que vienen referenciadas al final del libro, para los que nos hemos quedado con ganas de más.
Tiene la estructura de un tratado filosófico, una hipótesis valiente y una protagonista con la que es fácil empatizar. Asistimos al tira y afloja de la sororidad feminista y la competición entre mujeres en territorios masculinizados. A la búsqueda del reconocimiento sin reconocerse a una misma. A las primeras veces. Al empezar de nuevo. Al terminar el libro y querer volver abrirlo por la primera página.


