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‘La Joia’ de Bad Gyal brilla (pero solo a medias)

Bad Gyal, «la más pegá de España», es una de las artistas patrias más reconocidas y reputadas de la escena

Bad Gyal, tras tantos años de trayectoria a sus espaldas (de entre los que destacan temas como Fiebre o Candela, por mencionar algunas de sus canciones más aclamadas), y con diversos discos de oro y platino que certifican su valía, lanza este 2024 por fin su primer álbum de estudio, un álbum debut entrecomillado, puesto que no se trata del primer lanzamiento importante de la artista, pero sí el que se publica con mayores ambiciones. Las cuales, sin embargo, han salido mal paradas.

Este disco, que la cantante catalana ha bautizado como La Joia, se lanzó el pasado 26 de enero. Eran muchas las expectativas que los fans y la propia industria tenían puestas sobre este lanzamiento y, a pesar de que es un buen álbum, La Joia —la joya en español— no ha resultado ser tan espectacular como se esperaba. 

Un álbum esperado que acaba siendo decepcionante

El álbum había generado muchísimo hype en redes sociales, ya que se esperaban canciones no publicadas hasta ese momento. En este aspecto, el disco ha resultado ser decepcionante. O, al menos, no ha sido tan brillante como se especulaba.

De los casi 42 minutos que dura, son demasiados los temas que ya habían sido publicados como singles. Siete, concretamente; por lo que la primera impresión resulta algo agridulce. Sin embargo, la otra mitad del disco inédito, es razonablemente bueno. Dentro de estas nuevas canciones encontramos temas como Pop Pop o la tan aclamada Perdió este culo, que desde que salió se ha convertido en un nuevo himno de la artista. Pero esto no es suficiente como para poder ver a La joia como un disco hecho y derecho. 

Muchas colaboraciones pero ¿dónde está la Bad Gyal que conocemos?

Tampoco ayuda a que se pueda considerar un debut al uso que La Joia esté repleto de colaboraciones. Y no es que la presencia de diversos artistas en el álbum sea algo negativo, en absoluto, sino que más bien deja en los oyentes una sensación de poca implicación por parte de Bad Gyal en las composiciones. Además, estas colaboraciones no casan con el estilo de Alba, a pesar de los esfuerzos.

Las canciones con Morad o Quevedo, los cuales tienen ya su fandom más que consolidado, no parecen ni siquiera escritas por Bad Gyal. Más bien parecen únicamente un intento de fusionar oyentes y llegar a más público, cosa que en el fondo a la catalana no le hace realmente falta, puesto que su fanbase es también más que grande. Y con estas colaboraciones probablemente vaya a más, pero también sacrificará parte de sus oyentes habituales, puesto que no han sido pocas las reacciones de extrañeza con respecto a estos featurings.

Con temas como Intro (uno de los mejores de todo el disco) Bad Gyal nos sumerge de lleno —y de manera muy acertada— en el universo de La Joia. Resulta un muy buen adelanto de lo que nos vamos a encontrar a lo largo de todo el álbum. El problema está en que una vez termina, pasamos a Mi lova (la colaboración con Myke Towers), y casi pareciera que la aplicación de streaming se haya equivocado y no haya continuado un orden lineal en el disco. Esta sensación acaba siendo algo recurrente durante toda la escucha del LP.

Lo que es innegable es que Bad Gyal se ha rendido a los encantos del reggaeton. Bien sea por facilidad creativa, por buen funcionamiento a nivel comercial o, simplemente, porque se ha cansado de lo que hasta entonces había sido. Pero también lo es que este disco merecía haber sido una obra mucho más compleja, cargada de mayor variedad sonora y, por qué no decirlo, más implicación por parte de su autora.

Bad Gyal ha sacado sus mejores cartas para conquistar el mercado musical. Y le ha salido bien, pero no del todo

El álbum está teniendo una buena recepción por parte de casi todo el público, pues los sold outs de los conciertos centrados en este disco lo respaldan, pero aquellos quienes le seguimos la pista desde sus inicios compartimos una sensación de decepción, ya que la evolución de Bad Gyal dista mucho de aquella chica de Vilasar de Mar con el pelo decolorado que encontramos buceando por la escena underground del país.

Sin embargo, La Joia es, en términos generales, un buen disco. Pero también es cierto el hecho de que la identidad musical de Bad Gyal se ha difuminado enormemente en este disco, y aunque lo que encontremos sea atractivo (hasta cierto punto), es innegable echar la vista atrás y pensar en aquellos tiempos donde publicó esos icónicos mixtapes como Slow Wine o Worldwide Angel, aquellos tiempos en los que mostraba un sonido más potente y único —marcado por las ya icónicas etiquetas de dancehall y el malentendido término trap—, cosa que se traducía en una identidad mucho más personal, también.

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