Una marea de rojo, rosa y plata inundó Madrid por el concierto de Lola Índigo, tras trasladarlo contrarreloj al Metropolitano
Ocho años de carrera que «después de llevar un año currando para este show» la granaína lloró no una, ni dos, ni tres sino cuatro veces de la emoción al ver que su sueño se ha hecho realidad: llenar un estadio. Sin duda fue una noche para recordar, disfrutar y aprender que «si hay gente a vuestro alrededor que no os acompaña para cumplir vuestros sueños, alejaos de esa gente, no los escuchéis«. Se acercaba la hora y temporizador comenzaba la cuenta atrás. Esto empieza.
La bruja, la niña y el dragón: Una noche de muchos estímulos
Una fila de tamborileros con trajes blancos marcaban el paso en esta noche de estímulos. Como si de una procesión se tratase, La Reina asciende hasta el escenario subida a una plataforma y la ovación (la primera de tantas) era inédita: Lola Índigo arrancaba ella sola el concierto con Yo ya no quiero ná. Un inicio que nos dejó boquiabierto a todos los allí presentes por la veintena de instrumentales, bailarines y fuegos artificiales que pintaron la puesta en escena.

Una pantalla LED vertical de 1.200 metros cuadrados (algo pequeña para algunos) y una pasarela que llegaba hasta el centro del campo con dos escenarios más. Sobre el escenario vimos a bailarines, fuegos artificiales, plataformas que suben y bajan, huevos plateados gigantes, un coche… ¿Qué más?
Eran casi las 21:21 y la Luna se tiñe de rojo con una Mimi gigante sobre ella. Esta se convierte en una bola de cristal y dentro, Lola Índigo. El Riyadh Air Metropolitano se rindió a sus pies después de escuchar Casanova y una gran ovación llegó ante la impresionante coreografía de uno de los bailarines y ella.

De Graná
Lola Índigo ha demostrado que posee un gran repertorio de estilos que van desde el flamenco hasta el reguetón. Dos horas y media de concierto para homenajear sus diferentes eras: La Bruja, La Niña y El Dragón, aunque hubo una que nos regaló por el cariño que tiene a su tierra natal con GRX.

Con la pantalla transformada en la puerta de la Alhambra, viajamos por un momento a Granada, gracias al solo de guitarra, para luego dar paso a canciones como De plastilina, El Lerele, El pantalón, La primavera, Mala Suerte o sorpresas como una versión de Corazón partío de Alejandro Sanz.
De Granada a la Super Bowl
Sobre unos andamios tres obreros y con una Lola Índigo como salida de Matrix con una vara de metal y unas gafas para demostrar que ella sigue siendo Fuerte. El escenario se tiñe de rojo y la temperatura sube con Yo tengo un novio y 4 besos que acabó en un espectáculo pirotécnico sobre el cielo del Metropolitano.
Del rojiblanco al rosa total para adentrarnos al compás de los aplausos del público al universo Barbie Índigo, pero el griterío llegaba al escuchar ese «oh nena, oh nena» y el timbre de La niña de la escuela y «como las amigas tenían que estar en un día como este», salió la primera de las invitadas de la noche: Tini.

Luego aprovechó para darse un respiro y decir que «si hay gente con sueños y tenéis a gente a vuestro alrededor que no os acompaña alejaos de esa gente, no los escuchéis”. Como si de un espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl se tratase, Lola Índigo puso a todo el estadio de pie con Culo y Lola Bunny con pelotas de pilates por el escenario y entre el público.
Lola Índigo se reafirma con su Me quedo y en el ecuador del concierto la cantante reflexiona sobre las veces que esperamos a que llegue ese momento y no sabes si lo disfrutas o no: “Después de cambios y devoluciones, hoy estamos aquí y lo estoy disfrutando como nunca”. Y si algo caracteriza a la cantante es el cariño que tiene a sus bailarines y bailarinas. Con Spinelli sonando y una Lola gigante de fondo, iban apareciendo todos ellos uno a uno junto a sus respectivos nombres en las pantallas.
El Dragón se despierta
Después de iluminar todo el estadio con Toy Story y la aparición (breve) de Belén Aguilera para cantar La tirita, El Dragón despertaba lanzando enormes llamaradas que encendieron todo el Riyadh Air Metropolitano y convirtiéndolo en una fiesta rave con láser verdes.

Con una aparición estelar saliendo del huevo plateado cantamos El Tonto y volvemos a subir la temperatura con La santa, Mi coleta para de ahí irnos a la Discoteka con un juego de luces y pirotécnicos impecable. Si ya la noche no podía mejorar, Paulo Londra llegaba con su Adán y Eva (por petición de Mimi) y luego juntos cantar Perreito pa llorar.

Luego, emocionada, dedicaba Sin Autotune a Triana apuntando al cielo y compartió una reflexión con el público para decir que “a veces nos comemos la cabeza con tonterías». Y con una puesta en escena que nos abría las puertas de Nave Dragón como si fuese caído del cielo: Lola Índigo en medio del escenario rodeada de su coro para cantar Dragón y llevarse una enorme y más que merecida ovación.
Lola Índigo cierra una noche estelar
«Esto llega a su fin», decía Lola después de dos horas de puro show y agradecernos porque ha cumplido su sueño de llenar un estadio. Nadie puso en duda que Lola Índigo pondría el broche final a esta noche como solo ella sabe: por todo lo alto con Moja1ta, aún estar «recién salida del horno», y 1000cosas.

Parecía que se acercaba el final después de las palabras emotivas de Lola y agradecer, entre lágrimas, «a quienes me vieron a ver cuando éramos 20, 100, 500, 17.000 en el WiZink o los 60 y pico mil que estamos aquí». También aprovechó para dar las gracias a «las salas como Cuenca Club, mis amigas trans, por la lucha, espero que sean muy queridas y que las cuidéis, que se acabe el odio hacia la comunidad trans y el colectivo porque gracias a ellos estoy aquí«.
Con un coreado «lo lolo lolololo» y pitidos, como si de un partido de fútbol se tratase, el público pedía una más. De fondo se escuchó a una niña pequeña decir «falta La reina» y sí. Al igual que el sinsajo renace de sus cenizas, un dragón y una veintena de guerreros daban la bienvenida a Lola Índigo, convertidos en una corona humana para La Reina.

No ha sido el calor ni las colas para entrar o salir del estadio, sino el sonido del Metropolitano que impidieron escuchar mejor a la cantante y músicos. Aún así el público estuvo saltando, bailando, moviendo los abanicos al ritmo de Lola y cantando de inicio a fin. Lola Índigo no solo ha llenado el Riyadh Air Metropolitano y roto la barrera del sonido, sino que ha marcado un antes y un después en su carrera.

