El odio es el detonante
La sala La Mirador del Teatro Fernán Gómez acoge en sus entrañas a la obra Vicent River, una de las más rompedoras del británico Philip Ridley y construida en los 2000, sobre delitos de odio. Ahora, es la directora Pilar Massa quien le da vida, desde el pasado 22 de enero hasta el 22 de febrero.
Personajes
Con tan solo dos actores en escena, la propia directora Pilar Massa y Eduardo Gallo, siendo uno de los primeros papeles protagónicos de este, la función consigue mantener expectante al espectador en todo momento.
Massa encarna a Anita, una mujer que ha perdido a su hijo Vicent a causa de un delito de odio por su condición sexual. Y Eduardo Gallo personaliza a Davey, un joven que afirma haber sido el primero en encontrar el cadáver del hijo de esta.
La desgarradora trama
Anita había huído de su ciudad y Davey la siguió hasta su nuevo domicilio, con el pretexto de sacarse de la cabeza la imagen del cadáver de Vicent. Entre ellos se establece un tenso y revelador encuentro. Mediante un pacto de habla, Anita y Davey comparten información personal: ella le habla de Vicent y él le cuenta sobre su vida.
Esa tensión se masca de forma sostenida en el tiempo, y lo que parece ser rabia en realidad es pena contenida y sumida en lo más profundo de cada uno. Una conversación catárquica que conlleva a la revelación de luces y sombras de ambos, haciendo del thriller algo crudo, poético y sincero.
El odio, miedo y la homofobia
Vicent River aborda cuestiones como: la intolerancia, el duelo, la maternidad, el miedo y la hipocresía social. Pero, sobre todo, un tema que emerge de forma monstruosa en la sociedad actual: los delitos de odio por homofobia.
El aumento de estos casos en la historia es alarmante a la par que incomprensible, en pleno siglo XXI se sigue persiguiendo y señalando al diferente. Haciendo insegura la existencia de la mera diversidad social, a pesar de lo enriquecedor y natural de esta. A su vez, se hace crítica a la prensa sensacionalista, y como esta llega a deshumanizar o etiquetar a las personas con tal de conseguir el titular fácil y llamativo.
Vicent River muestra una calidad sublime, incómoda y necesaria. No solo emociona, sino que invita a la reflexión. Una reflexión que empieza en lo individual y acaba en la sociedad que vivimos y construimos como comunidad.


