Dos días después del aniversario del golpe, el exmilitar muere a los 93 años
El teniente coronel Antonio Tejero ha muerto este miércoles 25 de febrero a los 93 años en la localidad de Alzira, Valencia. Quien fue protagonista del golpe de Estado del 23-F, que supuso un punto de inflexión para la democracia española, ha fallecido tras varios meses con un delicado estado de salud.
Sus familiares, a través de sus abogados, han sido los encargados de anunciar su defunción, han comunicado que el fallecimiento “se produjo de forma serena, en paz, rodeado de toda su familia y tras haber recibido los santos sacramentos”.
Dos días tras el 45º aniversario del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y horas después de la desclasificación de los documentos del golpe, quien irrumpió a golpe de pistola en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, ha fallecido por causas naturales a consecuencia de un cuadro médico severo. La muerte se produjo a las 18:45h en el hospital de Alzira, tras meses de estabilidad clínica precaria.
La biografía del golpista
Antonio Tejero Molina nació en abril de 1932 en Alhaurín el Grande, Málaga. Ingresó en 1951 en la Academia General Militar de Zaragoza y tras cuatro años salió como teniente.
Después de varios destinos, en la década de los sesenta asumió la comandancia de Málaga donde tras impedir una manifestación de demócratas de diferentes partidos y juventudes, que exigían la legalización de las organizaciones juveniles y la mayoría de edad a los 18 años, le sancionaron con un mes de arresto y el cese de mando.
En 1975 estuvo al frente de la Comandancia de Vitoria y posteriormente a la plaza de San Sebastián donde le destituyeron de su cargo tras su negativa a aceptar la ikurriña como bandera oficial.
La conspiración del intento de Estado, también llamada ‘Operación Galaxia’, comenzó en 1978 donde se reunió con Ricardo Sáenz de Ynestrillas. El plan salió a la luz y a Tejero le condenaron a siete meses en diferentes cárceles militares. Sin embargo, estar privado de libertad no impidió su deseo de dar un golpe.
La mañana del 23 de febrero de 1981 se dirigió a la Dirección General de Tráfico de la Guardia Civil, donde, apoyado por otros mandos, consiguió doscientos guardias civiles para asaltar el Congreso de los Diputados. Durante la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, Tejero apareció en escena con pistola en mano y proclamando su célebre frase: “¡Quietos todo el mundo!”. La falta de apoyos, incluso de los que le habían instigado, puso fin a su golpe, dando una lección sobre la fuerza democrática naciente de España.
El teniente coronel Antonio Tejero fue condenado a 30 años de prisión de los que cumplió solo quince. El golpista pasó sus últimos años entre el barrio madrileño de Carabanchel y la localidad valenciana de Alzira haciendo su gran afición, la pintura.


