Son varias las obras narrativas que han explorado la idea de que lo que vivimos es realmente una mentira, siendo Matrix un ejemplo que posiblemente se nos venga a todos a la mente. Sin embargo, hay dos historias que comparten bastante similitudes, y que, a su vez, son unas casi perfectas traducciones del mito de la caverna de Platón a la actualidad. Estas obras son El show de Truman, y American Arcadia.
Truman Burbank
El show de Truman cuenta la historia de Truman Burbank, un hombre de 30 años con una vida normal, un trabajo aburrido y una rutina muy marcada. A lo largo de la película, Truman va notando algunas cosas extrañas, como que un foco caiga del cielo o que la gente actúe raro. Es desde este punto que la trama se enfoca en el camino de Truman por conocer la verdad: Su vida es un reality show.

Todas las personas que rodeaban a Truman no eran más que actores pagados para interpretar su papel, incluso las relaciones las más profundas, como pueden ser su esposa o su amigo de la infancia. Su vida, desde el principio, ha estado escrita y preparada por Christof, un director con complejo de Dios, por lo que Truman nunca tuvo oportunidad real de elegir quién ser.
Una noche, después de momentos muy bajos y de mucha duda en la vida de Truman, este decide huir hacia el puerto, donde agarró un barco y se echó a la mar para huir de ahí, sin aún saber con qué se iba a encontrar. Christof, por miedo a que Truman huya, decide provocar un temporal que evite que Truman pueda huir, incluso si eso supone que muera ahogado.
Al final, los intentos del director son fútiles, y Truman choca de frente con la pared que simulaba ser el horizonte. Truman sube por unas escaleras, y, por primera vez en su vida, habla con Christof, quien le cuenta toda la verdad. Por último, el director le pide a Truman que hable de una vez, a lo que Truman solo puede contestar una cosa: “Por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches”

Trevor Hills
En American Arcadia, controlamos a Trevor Hills, un ciudadano de lo más corriente en Arcadia, una ciudad retrofuturista utilizada como setting para un reality show llamado American Arcadia. Sin embargo, de forma similar al show de Truman, los residentes en Arcadia, en su amplia mayoría, no son conscientes de la naturaleza televisada de sus vidas.

Este mismo es el caso de Trevor, quien lleva una vida normal y aburrida en Arcadia, tal así que es uno de los ciudadanos de Arcadia que menos audiencia genera. Por esto último, Vivian, directora del programa decide crear una subdivisión dentro de la empresa Walton, empresa creadora de American Arcadia, que se encarga de la relocalización de los ciudadanos de menor audiencia. Justo en el momento en el que van a informar a Trevor de este traslado, una misteriosa voz se pone en contacto con él. Esta voz es Angela, una trabajadora en Walton que quiere ayudar a Trevor a huir de Arcadia. Angela le explica a Trevor la realidad de Arcadia y cómo está siendo utilizado para el entretenimiento de cientos de miles de personas.

Tras una larga huida que deja a Trevor completamente agotado, física y mentalmente, este acaba subiendo a lo más alto de la cúpula de Arcadia. Allí, Vivian le esperaba para hacerle saber que ha ganado un nuevo reality show, “Escapa de Arcadia”, y que como primer ganador, puede dar unas últimas palabras. La directora recomienda a Trevor que desmienta todo lo mostrado sobre que ha sido perseguido y que su bienestar nunca se ha visto comprometido. Trevor, avanza lentamente hacia el atril con micrófonos, listo para decir sus últimas palabras: “¡DEJADME EN PAZ DE UNA PUTA VEZ!”
Una vida actuada
De forma similar a lo que ocurre en El Show de Truman, vemos a Trevor hacer todo lo posible por huir de una vida falsa, pero con diferencias clave. Truman no tenía a nadie que le ayudase, no solo a huir, pero a darse cuenta de la falsedad de todo lo que le rodea. Por otro lado, Trevor cuenta con ayuda externa al programa, siendo Angela una guía para él en todos los sentidos de la palabra. También, mientras que todas las personas en el show de Truman que habitan su entorno eran actores, en Arcadia es solo un pequeño porcentaje que actúa.

Estos son los llamados NPCs, quienes se dedican exclusivamente a hacer la mentira más creíble. Es por esto que con la historia de Truman Burbank vemos más un escape psicológico que físico a lo largo de la película. La huida de Trevor se beneficia de conocer la verdad gracias a Angela al comienzo de esta, mientras que la de Truman requiere conocer primero la verdad acerca de la mentira.
Una vida televisada
Por otro lado, en ambas historias vemos personajes que funcionan de forma similar. No solo Trevor y Truman, sino también en el caso de Angela y Sylvia. Ambas son personas que nos muestran el punto de vista del mundo exterior al programa, donde vemos cómo no todo el mundo apoya este contenido, sino que hay agrupaciones que existen para protestar en contra de este. Tanto Sylvia como Angela interactúan con los protagonistas con el fin de hacerles saber la verdad. En el caso de Sylvia, esta le cuenta lo que puede acerca del programa mientras que trabajaba como actriz, representando a una de las compañeras de universidad de Truman; Angela por otro lado se comunica directamente con Trevor a través de un pinganillo, haciéndole saber desde el minuto uno la verdad.

Por último, estas dos historias comparten un punto clave en su historia, el final. En ambos casos, el público ve desde la comodidad de su casa a los protagonistas afrontar una serie de dificultades que ponen en riesgo su salud, todo con el objetivo de llegar a la verdad. Tras este momento de tensión, el protagonista al fin llega a su destino final, donde mantiene, por primera vez, una conversación directa con la persona que se encarga de la dirección y producción del programa, en este caso, Vivian y Christof. Ambos directores tienen unas palabras con los protagonistas, finalizando sus discursos con una sola petición, que hablen, lo que desencadena en la despedida final de ambos protagonistas.
Seaheaven y Arcadia, cavernas modernas
Al igual que en la caverna de Platón, tanto el Show de Truman como American Arcadia cuentan con personas que “crean las sombras” para que aquellos dentro de la cueva crean que lo que ven es verdad. En este caso, tanto Truman como Trevor son personas nacidas dentro de la “caverna”, y a lo largo de sus respectivas historias, ambos emprenden el camino de escapar de dicho lugar, llegando a ver el mundo real, el mundo exterior, un mundo no fingido.

Tres historias sobre huir, sobre salir al mundo exterior y conocer lo que la realidad nos aguarda. Estas historias no solo comparten temática, sino que algunos matices, como el no querer escapar de la farsa, lo cual sucede en American Arcadia con otros ciudadanos y en La caverna de Platón con el resto de personas nacidas en la cueva. Otro punto que se suele mencionar de cara al final de American Arcadia y del Show de Truman es que la realidad, el mundo exterior, es frío y cruel, mientras que si siguen con su vida como parte de un programa de televisión, vivirán felices para siempre, aunque en ambas historias se llega a la misma conclusión. Y es que, ¿acaso eso es vivir? La respuesta, para Trevor, tanto como para Truman, es que no. Una vida organizada, una vida fingida, actuada, con relaciones artificiales, no es una vida.
Como conclusión, es digno de mención que, sin importar la época, ni el medio, el ser humano seguirá expresando sus dudas y sus cuestiones, de una forma u otra, mediante historias.

