Sarah Rodríguez: “Dejé de disfrutar del baloncesto profesional, necesitaba parar”

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Sarah Rodríguez con la selección española. | Fuente: Sarah Rodríguez

GrowingUp es su proyecto de psicología y baloncesto

Sarah Rodríguez se enamoró del baloncesto desde niña. Estudiantes fue su casa durante 12 temporadas. Sus buenos años en el club le permitieron ser doble campeona de Europa U20 con España. Llegó a Liga Femenina con Rivas, pero vivió la parte negativa del deporte de élite y se alejó de las pistas durante dos años. Tras su regreso, está viviendo el baloncesto de forma diferente. La psicología, con su proyecto, GrowingUp, junto con Mariona Ortiz, ocupa su vida.

La historia de Sarah Rodríguez es una de esas historias que merecen ser contadas. En el DNI aparece como Sara, porque en ese momento en el documento nacional no permitían poner la h. Sus inicios en el baloncesto no fueron de forma estrambótica, sino de la manera más normal posible. “Yo era muy alta, tenía que quedarme por las tardes en el cole porque mis padres trabajaban un montón y me metí a baloncesto”, afirma. En esas tardes jugando al baloncesto en su colegio, el Mater Immaculata, conoció a Raúl. Este tuvo una conversación con sus padres que Sarah nunca se le olvidará: “A esta chica hay que llevarla a un club porque puede tener trayectoria». Y ahí empezó todo.

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El club fue el Estudiantes, porque Raúl era preparador del club colegial. Tras 12 temporadas en el club, Sarah solo sabe definir al equipo con una única palabra: “Estudiantes es parte de mi familia, es hogar, no puedo definirlo de otra manera”. Cuando entramos en Magariños para grabar la entrevista, la gente la reconoció, la saludó, era como si se sintiera como en casa. Como ella misma dice: “es como si siguiera jugando aquí”. Precisamente, en ese pabellón disfrutó jugando al baloncesto y su buen rendimiento le permitió llegar a la selección española U20.

“Estudiantes es parte de mi familia, es hogar, no puedo definirlo de otra manera” 

Con la selección vivió los mejores momentos de su carrera ganando dos campeonatos de Europa U20, Hungría 2012 y Turquía 2013. Los dos fueron espectaculares, pero si se tuviera que quedar con uno, lo tiene claro. “Mi mejor momento fue el Europeo 2012 de Hungría, yo era de las pequeñas y me luxé un dedo del pie en un entrenamiento. Me agobié y lo pasé fatal”, declara. En ese momento complicado, y con su sueño tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, apareció otra persona que le hizo seguir avanzando en el baloncesto: “Laura Antoja, que era la fisio me ayudó un montón, se pasó día y noche pensando que podía hacer para que entrenara”. Su trabajo dio sus frutos y Sarah Rodríguez pudo ir con la selección. Allí coincidió con su amiga Mariona Ortiz: “Cuando me dijeron que estaba entre las 12, no se me va a olvidar”.

Aunque en la selección no es todo tan bonito como se ve desde fuera. Sarah vivió la competencia desde dentro: “Detrás hay un trabajo personal muy grande. Las dos primeras semanas hay convocadas 14-16 personas, y sabes que poco a poco va a ir habiendo un filtro”. El nivel es máximo y hay que cumplir las expectativas que han puesto sobre ti. “Si yo no rindo, igual el lunes estoy fuera, manejar todo eso es duro”, afirma. Su gran rendimiento con la selección le hizo fichar por Rivas. Allí otra casualidad le hizo cumplir su sueño de jugar en Liga Femenina: “La alero que ficharon no rindió y me dieron a mí una oportunidad porque no había otra persona. Esos partidos los disfruté un montón”.

Después de Rivas, Sarah fichó por Alcobendas y posteriormente por el Ciudad de los Adelantados de Tenerife. En la isla le ofrecieron renovar, pero ella decidió parar: “Acabé saturada de baloncesto profesional, necesitaba parar porque hubo un momento en el que dejé de disfrutar del baloncesto”. Ese deporte que durante años había sido el centro de su vida, ahora ir el entrenar estaba suponiendo un coste para ella: “En categorías inferiores es todo muy bonito, muy fácil, pero cuando llegas a categoría profesional hay contratos económicos de por medio y muchas cosas que están fuera de tu control”, asegura.

“Acabé saturada de baloncesto profesional, necesitaba parar porque hubo un momento en el que dejé de disfrutar del baloncesto”

En esos dos años de parón, Sarah Rodríguez vivió la parte negativa del baloncesto y del deporte de élite. No todo es tan bonito como se pinta: “El deporte profesional tiene un coste a nivel personal muy alto, no poder estar las navidades con tu familia, no poder hacer un viaje familiar, perderte cumpleaños o el estar fuera de casa”. Lo que empezó como un hobby se acabó convirtiendo en un trabajo de 24 horas. “Es un trabajo en el que tienes que cuidar la nutrición, el descanso o lo que posteas en redes sociales. Todo esto lleva un coste personal muy alto y creo que no estamos preparados”, declara.

Había algo dentro de ella que le hizo volver a las pistas. “Me picaba porque a mí el baloncesto me da algo que no me dan otras cosas, necesito el deporte en equipo, el picarme con mis compañeras y el reírme”, confiesa. Ese regreso se produjo en Distrito Olímpico y ahora defiende la camiseta de Isaac Newton. Ahora Sarah Rodríguez ve el baloncesto de una manera diferente: “Ahora para mí el baloncesto es un disfrute, un desahogo del día a día, es un me lo voy a pasar bien con mis compis, a reírme y a disfrutar”. Es la vuelta a esa niña que un día fichó por Estudiantes. “Es como si ahora mismo hubiera vuelto a categorías inferiores, pero sin esa aspiración de superación personal, porque mis aspiraciones laborales están en la psicología”.

Precisamente, de la mano de la psicología y de su compañera, Mariona Ortiz, una de las personas que se lleva del baloncesto, han creado GrowingUp. “Hubo un momento en el que nos apetecía tener un proyecto de vida juntas en el que poder cuidar de las personas porque hay una necesidad de un trabajo personal y psicológico en cualquier ámbito y en el deporte”, declara. Su objetivo está claro: “Nuestra idea es abrir una clínica y vamos a abordar tanto deporte como personas de a pie, no tienen que ser deportistas”. Es decir, no estará destinada únicamente al deporte, sino que podrá acudir todo el mundo.

Sarah Rodríguez en un partido de baloncesto. | Fuente: Sarah Rodríguez.

La RAE define la psicología como el estudio del comportamiento de las personas. En este aspecto, y en relación con el baloncesto, Sarah Rodríguez lo tiene claro: “Un grupo de baloncesto es un grupo de personas que hay que saber gestionar, su confianza, su tolerancia a la frustración, al error, el trabajo en equipo, o los egos”. Gestionar eso, influye en el equipo. “Si tú consigues tener ese tipo de cosas colocadas en tus jugadoras, el equipo va a rendir mucho más, porque igual que cuidas tu cuerpo tienes que cuidar tu cabeza”. Precisamente, trabajar el aspecto psicológico tiene que ser una parte vital.

A la hora de gestionar todo este aspecto aparece una figura, el psicólogo deportivo. “Es un profesional que trabaja con jugadores porque tiene la base, la formación para hacerlo”, asegura Sarah. Sus palabras sobre este aspecto son para todos: “Creo que todo el mundo necesita algo que trabajar porque todo el mundo ha vivido experiencias que se van cargando en la mochila”. Esa mochila solo te la puede vaciar un psicólogo. Hay que trabajar para naturalizarlo: “Un amigo te puede acompañar, te puede ayudar, pero no tiene las herramientas para que tú cambies tu manera de comportarte”. El psicólogo deportivo tiene muchas funciones: “La cohesión de grupo, el liderazgo, la confianza en uno mismo, en el compañero, y hablar con el entrenador para ver cómo se dirige a los jugadores”. Tiene que ser una parte importante dentro del staff y hay que trabajar para que así sea.

Uno de los temas más recurrentes dentro de la psicología deportiva es la conocida como fórmula del éxito: “Siempre nos venden, ya no solo en baloncesto sino en la vida en general, que si tú te esfuerzas y trabajas y sigues y persistes va a llegar. La realidad es que A+B no es igual a C”. Había niños jugando en ese momento en el pabellón y su respuesta fue clara. “Tenemos que transmitir, sobre todo, a los chavales que están en crecimiento que trabajen, que disfruten de lo que hagan, que disfruten del camino y que el objetivo ya llegará”, declara. Esa importancia de disfrutar jugando es la clave de todo: “Es lo que te mantiene ligado al deporte”. Es la única vía para dejar de lado la frustración.

“Tenemos que transmitir a los chavales que están en crecimiento que trabajen, que disfruten de lo que hagan, del camino y que el objetivo ya llegará”

Otro de los problemas que tiene que vivir el deportista de élite, sobre todo, cuando está empezando son las expectativas: “Cuando tú pones expectativas demasiado desmesuradas a la realidad a una persona es probable que se frustre y que su carrera deportiva no acabe donde hubiese podido llegar”. El consejo de Sarah Rodríguez es muy sencillo: “Lo que hay que intentar es que las expectativas sean ajustadas a la realidad, sean reales”.  Son a los jugadores con mayor trayectoria a los que más expectativas se les ponen. Hay que tratarles como a una persona normal, siendo el baloncesto una parte más en sus vidas. “El baloncesto es una parte, tu entorno otra, tus estudios o lo que a ti te guste formarte, a nivel cultural es otra. Todo eso hace que tú estés bien como persona”, declara.

Las críticas en redes sociales son un tema difícil de encajar para el deportista. “Sería un cliché decir ignóralas. Me parece una gestión de autocuidado cuando las cierras porque no te hacen ningún bien”, afirma. Las críticas constructivas vienen de otro lado. “Tiene que ser con tu entorno, con gente que sepa del baloncesto, con gente que te quiera y que quiera que estés mejor y que seas mejor”, asegura Sarah. Por ello, cuando estás mal y necesitas pedir ayuda8 tienes que hacerlo con profesionales, aunque la propia Sarah Rodríguez afirma que cuesta mucho: “Pedir ayuda conlleva abrir un cajón que da miedo. Muchas veces funcionamos en piloto automático y no queremos enfrentar cosas”. Pedir ayuda es duro. “Cuando tú vas a terapia, no es un proceso fácil, vas a llorar mucho y vas a tener que pensar mucho y darle muchas vueltas y hacer mucho trabajo personal”, declara Sarah.

Sarah Rodríguez campeona de Europa U20. | Fuente: Sarah Rodríguez.

En los deportistas profesionales sucede mucho más de lo que parece. Simone Biles fue el claro ejemplo de ello: “Antes que deportistas somos personas y las personas tienen problemas. Un deportista sigue siendo una persona, no un robot y no puede estar rindiendo 24/7”. Naturalizarlo tiene que ser la mejor manera para seguir creciendo. “Al igual que tienes un fisio, un preparador físico o un segundo, tienes que tener un psicólogo e incluso, un nutricionista”, afirma. Sarah es optimista: “La gente cada vez se atreve más a decir voy al psicólogo como quien ha ido al médico, no se da tanta relevancia”. Este es el camino a seguir.

La entrevista llegaba a su fin, pero antes Sarah quiso cerrarla con un último consejo: “Hay que disfrutar del deporte, de los valores que te da el baloncesto como deporte y de la gente que tienes alrededor”. A nivel psicológico lo deja claro: “Que no tengan miedo en pedir ayuda”. El baloncesto lo ha sido todo para ella: “Ha sido una fuente de crecimiento personal y de valores, te hace enfrentarte a frustraciones, a miedos y a trabajar en equipo”. Sarah sonríe, lo que le había dado el baloncesto tan solo se lo habían dado muy pocas cosas. Baja a la pista y se abraza con su amiga Mariona Ortiz. En ese abrazo está Estudiantes, la selección, su debut en Liga Femenina y esos dos años de parón, pero sobre todo, está GrowingUp. Ese proyecto que une psicología y baloncesto donde esperan, como su propio nombre indica, seguir creciendo juntas.

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