Los de Enrico Maassen derrotan a los de Ricardo Moniz (0-2) por segunda vez esta temporada y agudizan más si cabe el hacinamiento en la clasificación: cuatro puntos separan al primero del sexto. La Zürcher Südkurve no canta victoria liguera de los suyos desde el 30 de octubre.
Estación de tren del barrio de Altstetten. Supermercados. Cadenas de comida. Castañas. Urracas. Graznidos (burlas). Cielo nublado. Y severo control policial, con furgonetas antidisturbios y escudos; de un momento a otro aparecerá de los andenes una masa uniforme de aficionados del equipo visitante ese día en el Stadion Letzigrund de Zúrich. Paso firme, cánticos, petardos, indumentaria invariable (negro arriba y azul vaquero abajo, por eso de la identificación) y todo un reguero de pegatinas, latas, vidrios y colillas. Cada nazareno, aunque enclenque o imberbe en realidad, se sabe intimidante en conjunto. Es la Gran Marcha de Kundera.
Espenblock es el nombre bajo el que se ampara la grada de afición del FC San Galo —por Espenmoos, el estadio tradicional del club—. En tanto que su cantón colinda con el de Zúrich, el desplazamiento no resulta demasiado laborioso.

Tiempos raros
El FC Zürich, líder intratable de la Swiss Super League durante el primer mes y medio de competición, apenas cuenta dos victorias en los últimos dos. Tras sucumbir ante el renacido Lausanne por 3-0, volvió a palpar su impotencia desde el mismo pitido inicial, sin futbolistas como Krasniqi, Ballet o Conceição e incluso sin su entrenador Ricardo Moniz, castigado en la grada. Al otro lado, un errante y excéntrico San Galo resentido por su reciente derrota en Conference League —curiosamente, contra el mismo equipo que privó al propio FC Zürich de participar en la competición: el Vitória SC— pero al mismo tiempo regocijado en el recuerdo de la primera edición de este cruce atrás en septiembre, de título 4-1.
El primer tiempo se saldó con un solitario tanto de Felix Mambimbi, quien batió a Brecher en un mano a mano tras una combinación corta con Witzig. Antes, el meta suizo había desbaratado una buena ocasión del ‘7’, y el ariete local Juan José Perea, en una explosión de frustración, pareció pretender meterse en la portería a base de fuerza bruta en toda jugada. El FC Zürich no sumó acercamiento alguno de verdadero peligro en toda la primera mitad.

No así en la segunda, aupado sobre el joven Jahnoah Markelo. Extremo zurdo por derecha, achaparrado e incluso amanerado, sumó su segunda titularidad consecutiva con el primer equipo. En el 51′, Zigi hubo de lucirse para repeler un sólido cabezazo de Kryeziu, así como luego otro de Perea, más o menos franco; en el 67′, rechazó un zurriagazo del susodicho Markelo; y más tarde vio perderse arriba un intento de Mathew tras una gran jugada por banda del ’26’. Al rato, tras una serie de fallos en el área, Perea y Emmanuel vieron toda una muralla humana levantarse ante sí y frustrar sus gritos de gol.

Las contras
Existe un vilo inquietante en eso de volcarse al ataque al que es imposible dar la espalda, aunque uno querría efectivamente hacer como si nada, como cuando de niño escuchabas un ruido en tu cuarto mientras dormías y permanecías inmóvil, deseando convertirte en camaleón (¡No pienses con tan enfermizo cerebro! ¡Sigue adelante y no pienses!).
Tras un envío errático de Brecher interceptado por Quintillá, Akolo condujo en suprema superioridad y firmó el 0-2 con un disparo cruzado. Desde aquella en septiembre, los chicos de Enrico Maassen también sumaban tan solo una victoria en liga, y hace apenas dos semanas cayeron eliminados en la Schweizer Cup a manos del AC Bellinzona, de segunda división. Los numerosos empates cosechados entre medias han conseguido drenar la hemorragia del equipo, de sangre temeraria. En el vestuario, los jugadores celebraron sus tres puntos al son de Bob Marley.


