Victoria para los de Ricardo Moniz (1-2) en el siempre candente derbi de Zúrich. Los aficionados pusieron el humo y los dos ’10’, la magia. Así, el FC Zürich continúa su marcha triunfal y el Grasshopper se hunde en la clasificación.
Grasshopper Club Zürich y FC Zürich comparten el Stadion Letzigrund desde 2007. Ha llovido mucho, pero los grasshoppers no olvidan: su mítico Stadion Hardturm fue inevitablemente demolido en 2008. Por aquellas, Suiza se preparaba para albergar la Eurocopa junto a Austria: se reconstruyó este Stadion Letzigrund, hogar original del FC Zürich desde 1925, y se terminó de clausurar Hardturm. Si bien este último acogió al FC Zürich durante la reforma del Letzigrund, luego sucedió al revés: el Grasshopper, sin techo, fue a llamar a la puerta de sus vecinos. Hace ya varios años que parte de la ciudadanía de Zúrich clama la construcción de un nuevo Stadion Hardturm, y así lo hizo saber en 2020 tras un referéndum. El proyecto, no obstante, se encuentra estancado entre burocracia y opositores. Por lo tanto, sí: el FC Zürich llegaba a su propio estadio para jugar de visitante, un año más. Es como cuando vuelves a entrar en tu antigua casa: ves tu vida siendo vivida por otros. Debe ser extraño, brusco, repugnante. Es de suponer que por ello la Zürcher Südkurve danzó con tales aires imperialistas, y el FC Zürich empezó ganando el partido desde ahí, si bien los grasshoppers, en su Sektor IV, tampoco agacharon la cabeza. Todo un derbi: un encuentro entre dos equipos de fútbol de una misma ciudad que no se entiende sin las realidades que la pueblan.


Balones a los ‘10’
Los porteros Hammel y Brecher fueron los primeros en levantar la mano cuando el profesor preguntó quién había hecho la tarea. Ambos, pero sobre todo el del Grasshopper, repelieron las acometidas iniciales de sus rivales, orquestadas por dos directores de distinta escuela: Giotto Morandi y Antonio Marchesano. En el 21’, y tras una gran jugada a pocos pases, el ‘10’ de los locales le sirvió en bandeja el gol a un Tomás Verón Lupi que arrancaba de titular por primera vez después de su debut la jornada anterior y que no acertó a contactar con el balón cuando tenía casi toda la portería para él. El mismo argentino propició luego una pérdida comprometida que el defensor Ayumu Seko, quién sabe qué le traía por ahí, no fue capaz de convertir. Al rato comenzó a entrar más en juego Marchesano, que es como ese amigo encargado por omisión de organizar al dedillo todos los planes del grupo. Un diplomático. Según dicen, habló con la embajada del Grasshopper y logró impunidad para su compañero Lindrit Kamberi, quien en el 31′ pudo conducir hacia dentro desde la derecha, tomarse un cóctel, hojear una revista, intentar un pase, quedarse el rebote y disparar. Su zurdazo, algo apurado, entró con firmeza en la portería. Tan solo seis minutos después, Marchesano hizo lo propio con un disparo lejano a media altura que sorteó la estirada de Hammel. Los de Moniz estaban sumidos como en un estado de éxtasis, y de nuevo Marchesano anduvo cerca de anotar el tercero justo antes del descanso.

Ya en el segundo tiempo, y con el Grasshopper lanzado en busca del gol, Giotto Morandi se vistió de Doctor Strange y sacó de su chistera un pase de otra dimensión para el recién incorporado Pascal Schürpf, que irrumpía en el área. Su centrochut, después de rebotar en un defensor, le cayó como llovido del cielo a Awer Mabil, también recién ingresado, que apenas tuvo que moverse para marcar. Fueron esos los mejores minutos para el Grasshopper. El Sektor IV no se arrugó y forzó una irrisoria detención del partido a causa de la neblina de su espectáculo pirotécnico. Segunda jornada consecutiva que le sucede. Los rumores cobran fuerza: Stephen King es un aficionado ultra del Grasshopper.

En el 70’, Morandi mandó a la cruceta una embarullada jugada dentro del área. El saco se rompió y el partido se convirtió en un correcalles. Conceição se vistió de trilero, Mariano Gómez y Lee prosiguieron su lucha grecorromana en casi cada lance y Persson continuó subiendo y bajando la banda izquierda como si fuera un correcaminos. Pero al final el coyote se salió con la suya: el FC Zürich se queda los tres puntos y se despega del FC Luzern, derrotado en su visita a Berna en el primer partido del Young Boys sin Patrick Rahmen. Tendrá que esperar al resultado del FC Lugano para saber si continúa vigente su coalición o si podrá presentar candidatura para el liderazgo en solitario. El Grasshopper, mientras tanto, se hunde en la clasificación y se aleja de la buena racha que parecía estar enfilando. Le cortaron las patas.

