El combinado nacional se impone a Inglaterra (2-1) y se proclama campeón de la Eurocopa por cuarta vez en su historia, más que cualquier otra selección. Los imberbes Nico y Lamine fabricaron el primer gol y Mikel Oyarzabal se encargó de anular el de Palmer en los minutos finales.
Llegaba España entre vítores al Olímpico de Berlín para disputar la final de la Euro 2024 tras su intachable pleno de victorias en las rondas anteriores. Al otro lado esperaba una temible pero malograda Inglaterra que habíase hecho paso muy a duras penas por un lado del cuadro notablemente más asequible. El pragmático Southgate ha sido foco de críticas constantes por no lograr que su equipo, pura cubertería de plata, juegue un fútbol adecuado a las pretensiones del público o al menos mínimamente proporcional a la calidad del plantel. Nada más lejos de la realidad, se ha convertido en el primer seleccionador en perder dos finales de Eurocopa seguidas, después de sucumbir también ante Italia en 2021. Continúa el gafe de Harry Kane.
Vilo y respeto
El partido comenzó cauto, con España asumiendo el peso o acaso la ligereza de la posesión del balón e Inglaterra esperando bien organizada para amenazar luego a la contra. No fue hasta el minuto 11 que Nico Williams pudo gozar de una situación de uno para uno en el lateral del área, aunque John Stones le negó su disparo con pierna izquierda. Al otro lado de la zaga, Luke Shaw —titular por primera vez en esta edición del torneo y objeto de debate en Inglaterra por su convocatoria a pesar de apenas haber jugado esta última temporada a causa de las lesiones— mantuvo al joven Yamal castigado contra la pared hasta que inevitablemente comenzó a bajar la guardia. Inglaterra también probaba suerte a través del insaciable Bellingham, de un siempre sugerente Bukayo Saka y del expeditivo Walker. La mejor de la primera parte para ellos corrió a cargo de Phil Foden, cuyo forzado remate al segundo palo tras una falta lateral lo atrapó fácilmente Unai Simón.

La sobriedad de España durante la primera parte vino dada por Rodri y también por el vigoroso Carvajal, que volvió a firmar una noche para el recuerdo. No obstante, el descanso dejaría una noticia tétrica: Rodri tendría que ser sustituido tras una tarascada con Laporte. España eliminó a Alemania sin Pedri, a Francia sin Carvajal y se impuso a Inglaterra en la final sin su flotador y mejor jugador. De la Fuente optó entonces por Martín Zubimendi para paliar la desgracia, y el inicio de la segunda parte no pudo ser mejor: Carvajal se vistió de Luka Modrić para filtrar un pase con el exterior a Lamine Yamal, que en tanto que Shaw se había dado la vuelta, ahora sí, ya estaba tratando de liarla; Inglaterra hubo entonces de bascular repentinamente y el del Barça vio a Nico entrando solo al otro lado del área, así que se la dio rasa para que el navarro definiese cruzado, bajo y con pierna izquierda, lejos del alcance de Pickford. Gol, sonrisas y abrazos. Apenas dos minutos después estuvo a punto de anotar el segundo Dani Olmo, pero su disparo, mordido, se fue fuera. Morata, por su parte, se vistió de Torres al 54’ para adelantar a Guéhi y casi batir a Pickford con un toque sutil que no parecía ir a puerta pero que de igual manera se encargó de repeler Stones. España olía la sangre.
De zurdos, revulsivos y viceversa
En el 73’, Inglaterra proyectó a la carrera a Bukayo Saka. El joven inglés, consistente, altruista y letal, aguantó su conducción hasta verse en el pico del área frente a tres jugadores, y ahí encontró por bajo a un Jude Bellingham que, en un giro digno del mejor pívot de la NBA, se la dejó muerta al recién ingresado Palmer. El del Chelsea la coló rasa y fuerte al palo largo de un impotente Unai Simón. Jarro de agua fría, porque el gol llegaba de una jugada que Oyarzabal no había acertado a materializar tras una peligrosa recuperación de Zubimendi y también de una gran parada de Pickford a Lamine.

El partido estaba más roto que antes. En el 81’, Pickford volvió a ganarle la partida a Yamal, y tres minutos después ocurrió la magia: Dani Olmo filtró con el exterior y Oyarzabal abrió de primeras para la llegada de Cucurella. El catalán, también de primeras, centró raso y el mismo Oyarzabal se adelantó a Guéhi y Pickford y besó la red con esa sobriedad tan suya, o con esa frivolidad, como si tan solo fuese un beso más, como si los besos pudiesen o acaso debiesen ser tan solo “uno más”. La euforia era máxima, pero aún aumentaría cuando Olmo sacara bajo palos el remate de Guéhi tras una gran parada de Unai Simón en el 89′.

Pitó entonces el árbitro y los jugadores españoles lloraron, celebraron y se abrazaron. Han hecho de La Roja la selección nacional que más veces ha ganado la Eurocopa: 1964, 2008, 2012 y ahora 2024. Nadie ha conseguido esta cifra. Casi ningún español confiaba demasiado en Luis de la Fuente cuando su nombramiento en diciembre de 2022, pero él mismo sí. Y aquí estamos.

