Conoce la historia de Asurbanipal, monarca del imperio asirio, erudito y gran conquistador
CaixaForum ofrece una exposición que reconstruye el reinado del último gran rey de Asiria. En colaboración con el British Museum, la muestra viaja a la Mesopotamia del siglo VI a.C. para recorrer la edad de oro de una de las civilizaciones humanas más antiguas, y también, su caída.
“Soy Asurbanipal, gran rey, rey poderoso, rey del mundo, rey de Asiria”. Así dice una inscripción de hace casi 2.500 años descubierta en la actual Irak y antigua cuna del imperio Asirio. En una época donde los grandes imperios no solo se forjaban con espadas, sino también con el conocimiento, emergió una figura que desafió los límites de su tiempo. “Soy Asurbanipal, rey de los cuatro rincones del mundo, descendiente de Asarhadon, descendiente de Senaquerib”. Hijo de reyes y heredero de uno de los territorios más extensos del Antiguo Oriente Medio, Asurbanipal ha pasado a la historia como el último gran rey de Asiria antes de su caída, siete siglos antes de nuestra era.
Para comprender su legado, CaixaForum ofrece una exposición que recorre los orígenes de la civilización mesopotámica hasta su reinado, entre los siglos 669 y 631 a.C. A través de relieves y tablillas trasladados desde el British Museum, se reconstruye un pasado en el que convivieron las primeras grandes civilizaciones humanas.
Mesopotamia fue una de ellas, situada entre los ríos Tigris y Eúfrates, en lo que hoy corresponde a Irak, Siria y Turquía. Su nombre significa “tierra entre ríos”, y no es casualidad, ya que gracias a sus aguas nacieron culturas como los sumerios, acadios, asirios o babilonios. Estas desarrollaron sistemas de escritura, códigos legales y grandes obras arquitectónicas 3000 años antes del nacimiento de Cristo.
El imperio asirio fue una de las grandes potencias que surgieron en este territorio y alcanzó su mayor esplendor en el siglo VI y VII a.C. Un poder militar implacable y una administración territorial desarrollada hicieron de Asiria un gran imperio, que Asurbanipal heredó en el año 669 a.C. con la muerte de su padre.

Los orígenes de un gran rey
En el imperio asirio eran comunes los enfrentamientos militares. El abuelo de Asurbanipal, Senaquerib, gobernó entre los años 700-681 a.C. Antes de su muerte, nombró a su hijo mayor heredero de Babilonia, región perteneciente al imperio. Fue a la hora de legar Asiria cuando surgieron los problemas, ya que nombró como heredero a hijo pequeño, Asarhadon, en vez de al mediano, Arda-Mulissu.
El salto en la línea sucesoria alteró el devenir del imperio. Arda-Mulissu, enfurecido, acabó con la vida de con su padre en una rebelión, y Asarhadon heredó Asiria en el año 681 a.C. Consumido por la paranoia y la enfermedad, falleció en el 669 a.C. habiendo nombrado a su primer hijo, Samash-shum-ukin, heredero de Babilonia, y a Asurbanipal, rey de Asiria.
Asurbanipal había recibido una rica educación y sabía leer y escribir, lo cual no era habitual entre los líderes asirios. Aprendió sobre estrategia trabajando como espía para su padre en la Corte y se convirtió en un hombre erudito.
Cuando fue nombrado rey, en el año 669 a.C., se trasladó a Nínive, capital del imperio. En aquel entonces, Asiria se extendía por el oeste hasta el mar mediterráneo por las zonas de Siria y Líbano, y por el este hasta Irán. Al ser un gran territorio, el imperio se dividía en regiones administrativas gestionadas por embajadores y funcionarios. La actividad principal era agrícola y el comercio se basaba en el intercambio de productos artesanales.
Primero vivió en el palacio que habían construido sus antepasados, y después, construyó uno propio. Llenó las paredes de relieves y estatuas dedicadas a los dioses protectores asirios, los Sebbiti, que le inspiraron para llevar a cabo su misión vital: quería ser como un dios, y por tanto, dominar el mundo conocido.

Fuerza y conocimiento
Asurbanipal se consideraba a sí mismo un representante divino en la tierra. Los textos de la época reflejan su fuerza y era común que apareciera luchando en los relieves. Organizaba cacerías de leones asiáticos, espectáculos teatrales en los jardines de su palacio y recitales de música.
Como rey, su deber divino era hacer aún más grande el imperio. Durante la primera mitad de su reinado, se extendió por el oeste hasta conquistar Egipto, y después, hacia Elam. Sin embargo, una gran sombra pesó sobre él: la de su hermano mayor, Samash-shum-ukin, gobernador de Babilonia.
La historia de su abuelo se repitió en los hermanos. Cansado de que Asurbanipal se inmiscuyera en Babilonia, su hermano tramó una rebelión secreta contra él. Compró apoyos de los grupos anti sirios del imperio para crear una gran coalición. Asurbanipal, en un intento de calmar a su hermano, mandó una carta al pueblo babilonio: “He escuchado las palabras que mi hermano os ha dicho de mí. No son más que viento, no lo creáis”. Como el intento no funcionó, rodeó Babilonia con su ejército hasta lograr su caída en el 648 a.C. Su hermano murió y Asurbanipal estableció un poder absoluto.
Sin embargo, el poder militar no lo era todo para él. Creó la biblioteca más grande de la época para reunir todo el conocimiento de Mesopotamia con más de 20.000 tablillas y grabados cuneiformes. Muchos textos eran copias de obras anteriores y otras culturas mesopotámicas, que incluían conocimientos de medicina, matemáticas y literatura. Gracias a él, hoy conocemos una de las obras más antiguas de la humanidad: la Epopeya de Gilgamesh, cuyos fragmentos estaban recogidos en su biblioteca.

El último gran rey
Con sus conquistas e inteligencia, el imperio asirio alcanzó su edad de oro. Los nuevos territorios enviaban tributos a la capital asiria, tal como materias primas, oro y plata. Las victorias militares también generaron botines y esclavos y las tierras nuevas fueron repobladas para aumentar la producción de alimentos. Con estos ingredientes, el sistema imperial llegó a su máximo esplendor. Sin embargo, las continuas guerras y tensiones sembraron la base de su futura inestabilidad.
La muerte de Asurbanipal es un misterio. Las últimas referencias al rey asirio son del 638 a.C., por lo que se cree que falleció en los años siguientes. Más allá de un destino divino, no se sabe si abdicó o le depusieron. Lo que sí se sabe es que desde su muerte, el imperio asirio empezó su caída.
Le sucedió primero su hijo mayor, pero su poder fue débil y apenas duró unos años. Después se encargó el menor, Sin-shar-ishkun, quien perdió el control del territorio. Babilonia, descontenta desde épocas de su padre, se rebeló bajo el mando del general Nabopolasar y reclamó su independencia. En el 612 a.C. Nínive fue saqueada y la biblioteca de Asurbanipal ardió en llamas.
Desde entonces, Babilonia se convirtió en la mayor potencia mesopotámica, especialmente con Nabucodonosor, creador de los Jardines Colgantes, una de las Siete maravillas del mundo antiguo. Los territorios asirios se repartieron entre medos y egipcios, y el antiguo orden asirio desapareció por completo.

En realidad, casi al completo. La biblioteca de Asurbanipal no se destruyó del todo y sus maravillas arquitectónicas tampoco. En 1850 el francés Paul Emilde Botta comenzó las excavaciones en la zona iraquí, continuadas más tarde por el inglés Austen Henry Layard. La recuperación del patrimonio asirio ha sido más complicada en los últimos años, debido a su mal estado después de la Guerra del Golfo, la ocupación de Irak y los atentados del Daesh.
Sin embargo, la leyenda de Asurbanipal ha llegado hasta nuestros días a través de textos griegos, romanos y la propia Biblia. Estas fuentes cuentan la historia de un rey que no solo quiso dominar el mundo con su ejército, y que, sin saberlo, terminó convirtiéndose en uno de los grandes guardianes del conocimiento de la Antigüedad.


