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La banalización de Vox en las elecciones andaluzas

Moreno Bonilla esquiva el inevitable pacto con Vox: una normalización de la extrema derecha inmoral, antidemocrática e imparable

La campaña electoral de los comicios andaluces del próximo domingo han confirmado una tendencia que venía viéndose de lejos desde hace tiempo. La banalización de Vox ya es una realidad: su tratamiento como un partido más, sin incidir en sus tintes xenófobos, racistas u homófobos. Una normalización que va contra algunos de los pilares esenciales de la democracia liberal: la igualdad y la ausencia de discriminación. El punto de inflexión ha sido la entrada a la Junta de Castilla y León, lo que ha apuntalado verdaderamente esta dinámica que a nivel parlamentario ya se observaba.

Vox antes era un partido rechazado, con el que no se quería tener ninguna fotografía. Ya no se conforma con influir en las políticas públicas y alardear de sus medidas populistas. Ahora es un socio preferente para formar gobierno. Es cierto que los pactos desde fuera del Ejecutivo se venían produciendo desde la irrupción de Vox precisamente en la arena andaluza en 2018. En el debate de Canal Sur del martes Macarena Olona, la candidata de Vox, advirtió al actual presidente y candidato del PP, Juan Manuel Moreno: «Si necesita un escaño o una abstención, no se la daremos si no entramos en el Gobierno».

Ganadores y perdedores de la campaña electoral

En precampaña, Olona se presentaba como una novedad para incentivar el voto de la extrema derecha. Por el momento, su desempeño no ha podido ser peor. Ha demostrado en campaña su total desconocimiento de la realidad andaluza, uno de los talones de Aquiles de su marketing electoral. Viene de ser miembro del Congreso de los Diputados y el espaldarazo que buscaba Vox parece ser, a tenor de las encuestas, que no se va a cumplir. De hecho, hay un consenso mayoritario que la sitúa como la perdedora de al menos el último debate. Histriónica y apelando continuamente al antiglobalismo, así como a la poco creíble disyuntiva élite-pueblo cuando es abogada del Estado.

Juanma Moreno Bonilla es el gran ganador. Ha conseguido resistir los envites del resto de candidatos -erráticos en su mayoría, especialmente los de su rival a la izquierda, el PSOE- y ha sacado pecho de su gestión al frente de la Junta de Andalucía. Es el perfil más presidenciable de los existentes y los electores parecen estar razonablemente satisfechos con él. De hecho, esto se evidencia con el personalismo que ha supuesto priorizar su marca personal antes que la del partido.

De por sí, contaba con la mejor imagen ciudadana y con mayor popularidad, lo que ha conseguido refrendar al sortear los ataques a izquierda y derecha. Esa victoria «moral» no opaca la necesidad augurada por los sondeos de pactar con Vox dado que es probable que no alcance la mayoría absoluta sin su apoyo.

Si a ello se le suma que la oposición en estos tres años y medio no ha sabido erosionar al presidente de la Junta, tenemos el cóctel perfecto para la victoria del Partido Popular. Ello ha provocado que su gestión, no siendo especialmente eficiente, sobre todo en lo que concierne a la depauperación de la sanidad autonómica, pase por buena. Un craso error del PSOE, que ha cambiado de liderazgo en esta legislatura. La sustitución de Susana Díaz por Juan Espadas no va a dar demasiados réditos electorales. Su expectativa más positiva es obtener los 33 escaños de las elecciones de 2018.

El sistema proporcional andaluz

Sistema electoral proporcional, barrera por circunscripción del 3% que penaliza a partidos que la superen. Se eligen 109 diputados mediante el sistema D’Hondt, una fórmula de asignación proporcional que también está instalada a nivel nacional. Se trata de que el resultado en votos se traduzca aproximadamente a su correspondencia en escaños.

Cantidad de diputados a repartir por circunscripción en Andalucía | Fuente: Asqueladd, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.

Lo contrario sucede en el método mayoritario, en el que la lista más votada en cada circunscripción es la que se lleva la victoria. En cambio, en el sistema proporcional se favorece la representatividad de cada partido en lugar de la mayor gobernabilidad que ofrece el otro modelo. En definitiva, lo dota de una mayor legitimidad democrática -siempre teniendo que en cuenta que todos los sistemas imperfectos aunque válidos si se opta por cualquiera de ellos- pero de una menor eficacia.

Según el último barómetro «flash» preelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la izquierda lo tiene complicado. La derecha está representada en menos partidos y podría capitalizar mejor el voto en función del sistema electoral. La izquierda se presenta fragamentada en varios partidos: el PSOE, Por Andalucía (que agrupa a Izquierda Unida, Podemos, Más País, Equo, Iniciativa del Pueblo Andaluz y Alianza Verde) y Adelante Andalucía, liderado por Teresa Rodríguez. Separados obtendrían menos escaños que juntos, insuficiente para sumar.

El PP «se comería» casi totalmente a Ciudadanos -quien aspira como máximo a un diputado representado en la persona de Juan Marín, el vicepresidente de la Junta- y adquiere un resultado holgado en comparación con su máximo competidor a la izquierda, el PSOE. Aparte, conseguiría arañar transferencias de voto procedentes de Vox, del que aun así seguiría siendo dependiente en este escenario. La causalidad más viable es que Moreno Bonilla sea percibido como el candidato más centrado, en una comunidad sociológicamente de centroizquierda que está hastiada por tantos años de Gobiernos del PSOE.

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