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¡Qué bueno es el niño!

Esta frase se ha convertido habitual en las casas de todos los atléticos cada vez que juega su equipo. Desde el momento en el que O Minino aterrizó en el Wanda Metropolitano todos se dieron cuenta de su calidad y de su diferencia con respecto a sus compañeros.

Su estilo, sus transiciones, su velocidad, sus carreras ‘maradonianas’, su descaro… Características que el Atlético de Madrid llevaba echando de menos desde tiempos del gran Paolo Futre, pero que no terminan de convencer a su entrenador.

Y es que los números hablan por sí solos. ‘El niño’ es uno de los jugadores más sustituidos por el técnico argentino. Su poca regularidad en los partidos está siendo un punto diferencial para que el ídolo rojiblanco decida sustituirlo y dar así oportunidades a Thomas Lemar, un jugador en el que la afición ya ha perdido toda confianza o a Vitolo, que, entre lesiones y actuaciones muy poco destacadas, no ha conseguido ser ese ‘Arda Turan’ que todo el mundo esperaba.

Pero a pesar de todo eso, Joao sigue en su empeño. Dando recitales semana tras semana, haciendo ver al mundo que es el único que juega a una cosa diferente al resto del equipo. Porque cuando el coge el balón, el mundo se para, y nada más acabar de pestañear, ese chavalín ya ha conseguido dejar atrás a toda la defensa rival dejando a todo el mundo boquiabierto.

Y es que, con él en el campo, la pizarra del Cholo pasa a un segundo plano. Un ejemplo es el día del Leipzig. Cuando el equipo necesitaba algo diferente, salió al campo, “tiró para adelante” y se divirtió. Sin más, sin complicaciones. No hacen falta tecnicismos. Es el estilo Joao, la nueva vía de éxito que el Atleti tiene que seguir explorando.

Porque el rock and roll no ha hecho más que empezar. Tas una temporada de transición donde ni él ni el equipo consiguieron encontrarse, las guitarras comienzan a estar afinadas, la batería comienza a marcar el ritmo y el cantante parece estar como loco por sumarse a la fiesta.

Ayer en Moscú, Joao Félix demostró por qué tiene que ser la referencia en este Atlético de Madrid. Regates, pases, búsqueda de espacios y, sobre todo, jerarquía. En los minutos finales, todos sus compañeros lo buscaban, le entregaron el mando del ataque para que, con una de sus genialidades, llegara el gol de la victoria.

Una impresionante mano cambiada del portero ruso lo evitó, pero, a pesar de todo, todos los atléticos y aficionados al fútbol pudieron confirmar lo que muchos ya presagiábamos: el niño es muy bueno.

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