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Memorias de Milán

Aquella noche de mayo de 2016, el cholismo sufrió una debacle tanto filosófica como futbolística. El día que se debía acabar con el mote de “El Pupas”, el miedo hacia el eterno rival volvió a resurgir tan fuerte como antaño, como en las épocas más oscuras que ningún rojiblanco quiere recordar.

Todo parecía haber pasado, pero el sábado, el coco vestido de blanco escondido en el armario, volvió a aparecer en la cabeza de Simeone.

El derbi se planteaba con un aspecto diferencial respecto a los acontecidos las últimas temporadas. El Atleti, líder indiscutido de la competición, iba a Valdebebas con la condición de favorito y con la oportunidad de dejar al Madrid sin opciones al título de Liga. Algo pocas veces habitual. Todo era optimismo, todo eran certezas y buenas vibraciones, pero una vez comenzado el partido, todos esos buenos pensamientos se esfumaron al instante.

Como aquella noche en Milán, el Atleti salió miedoso, encerrado atrás esperando a que el Madrid cometiera un fallo; creyendo por un momento que Kroos, Casemiro y Modric no iban a estar al nivel. Cuando todo hacía indicar que este Atleti era distinto, que había evolucionado, lo cierto es que es ver una camiseta blanca en frente e involucionar.

Entre los resbalones de Herrera, la inseguridad de Felipe, el egoísmo y las pérdidas de balón de Carrasco y la nula participación de Luis Suárez, el Atleti dejó ver su peor versión. La del Leipzig. La de un equipo superado en intensidad, seña de identidad incuestionable para el Cholo, en planteamiento, en calidad y en remate.

El gol de Casemiro es la muestra clara de que algo sucede en la cabeza de esos jugadores cuando el Real Madrid está en frente. Quizá por miedos pasados, quizá por órdenes de su entrenador o bien, por simple superioridad absoluta del que, me atrevería a decir, es el peor Real Madrid de la última década.

Los cambios al descanso aportaron más bien poco. Lodi, ese lateral que impresiona en la selección brasileña, salió echo un manojo de nervios; el horroroso momento de forma de Saúl ya no lo puede negar nadie, Correa no pudo hacer mucho más y Lemar, falló lo que no tenía que fallar.

Y por si fuera poco, sustituyes a tu estrella. Quitar a Joao fue tirar del único cable que te agarraba al partido. Tirar la poca esperanza que quedaba al cubo de la basura. Luego algunos se extrañarán de que más pronto de tarde, acabe pidiendo irse.

Así, superados y enfadados se fueron todos los Atléticos a dormir, seguramente con la sensación de que lo acababan de presenciar, ya lo habían vivido unos cuantos años antes. Milán volvía a estar presente.

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