El abrazo «prohibido» de esperanza y gratitud

Vivimos en una sociedad donde prima el egoísmo y el beneficio propio, nos olvidamos de los problemas de los demás y del hecho de que algún día podrían ser los nuestros. Esta imagen se vio reflejada durante la crisis migratoria en Ceuta, cuando además de juzgar la llegada de inmigrantes, parte de la sociedad española juzgó el acto de humanidad de una de las voluntarias.

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Vivimos en una sociedad donde prima el egoísmo y el beneficio propio, nos olvidamos de los problemas de los demás y del hecho de que algún día podrían ser los nuestros. Esta imagen se vio reflejada durante la crisis migratoria en Ceuta, cuando además de juzgar la llegada de inmigrantes, parte de la sociedad española juzgó el acto de humanidad de una de las voluntarias.

Cuando Luna, una joven voluntaria de la Cruz Roja, abrazó a uno de los más de 8.000 migrantes que llegaba a la playa del Tarajal, tras cruzar el paso fronterizo, pasó a convertirse en la protagonista de uno de los momentos más duros de la crisis. En las imágenes que han circulado por las redes sociales se aprecia como da agua un joven y como este llora desconsoladamente y se apoya en ella, mientras que a pocos metros personal de la ONG atiende a un amigo suyo intentando salvarle la vida.

Abrazo entre Luna y el migrante senegalés | Twitter @FonsiLoaiza

Debido al acoso, insultos y ataques xenófobos y machistas que recibió la joven, esta se vio obligada a cerrar sus redes sociales. Aunque, afortunadamente, muchos usuarios también manifestaron su apoyo a la voluntaria bajo el hashtag #GraciasLuna.

Miles de comentarios desprestigiando tanto a la voluntaria como a su trabajo y esfuerzo. Mensajes en los que se ve la falta de humanidad y respeto en las personas; porque al final, todos los inmigrantes y voluntarios a los que se trata de menos, son personas.

No es racional considerar inferior, y sin el derecho a ciertos recursos, a una persona que huye de una situación en conflicto y busca una vida mejor, como la buscaría cualquiera. Es ser egoísta sin plantearse la situación de aquello que haríamos en su lugar y como te gustaría que te recibiesen y ayudasen.

Las personas no nadan cientos de kilómetros cruzando de un país a otro por gusto, jugándose la vida y dejando atrás bienes y seres queridos. Es necesidad, es su último recurso aún sabiendo que pueden ser deportados; ellos lo intentan, tienen que intentarlo.

Y aun así, después de tanto sacrificio y sufrimiento, llegan a un país donde muchas personas no valoran sus derechos humanos, donde muchos les juzgan como inferiores, cuando quizás los inferiores moralmente hablando son todos los que desprestigian.

Ninguna persona debería jugarse la vida por ir en busca de una, y nadie que ayuda a estas puede ser considerado o calificado como mala persona. Estaría bien ver cuántas personas están dispuestas a ayudar y realizar todo aquello que hizo Luna o cualquiera de los voluntarios que estaban allí, con el único fin de ayudar. Aguantando escenas duras y viendo cómo en algunos casos no pueden hacer nada. Es fácil juzgar cuando tu vida no está en riesgo o no se le plantean problemas, pero debemos pararnos a pensar un momento que haríamos nosotros en dicha situación.

No se puede vivir con odio, la vida es demasiado corta para ello. No sabemos donde vamos a estar el día de mañana; y la vida de cada persona de este planeta es igual de importante. Lejos de ideologías, somos seres humanos con el mismo derecho a la vida.

La manera en la que Luna actuó, así como todas las personas que ayudan y aportan un mínimo día a día, es un ejemplo a seguir. No se merecía la oleada de malos mensajes que recibió, pero siguió dando lecciones de vida por la manera en la que se enfrentó a estos. Dar un abrazo es un símbolo de refugio y esperanza, y ella no pudo reflejarlo mejor ante la situación que se produjo.

 

 

 

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