Siempre hemos escuchado aquello de que la cultura es el alimento del alma
A priori, esta afirmación puede parecer una simple metáfora, un verso ensalzando la cultura, pero, si profundizamos en su significado, podemos afirmar que es casi tan exacta como las propias matemáticas
La cultura siempre ha servido como espejo a la sociedad, ha tratado de reflejar sus valores y costumbres mediante formas artísticas. Las diferentes culturas hacen de nexo entre las sociedades y las personas; mediante el aprendizaje y la comprensión de la cultura, tanto la propia como la ajena, se alcanza el conocimiento más auténtico.
Entre sus propósitos, las matemáticas aspiran a descifrar algo desconocido, es decir, plantean ejercicios para hallar una incógnita y revelar la solución a un problema. Pues bien, con la cultura pasa algo similar y somos muchos los que recurrimos a ella, por ejemplo, mediante libros, canciones o películas, cuando queremos encontrar la solución a nuestro malestar interno. Sentimos que podemos dejar a un lado lo que nos preocupa, olvidar la magnitud de nuestro problema e incluso dar con su solución. Tratamos de sentirnos mejor a través de la cultura: del cine, la poesía, el teatro… Es decir, mediante el arte en cualquiera de sus formas.
En mi caso, recuerdo cuando descubrí por primera vez el cine de Pedro Almodóvar; su mundo y su estética me absorbieron por completo. Desde que vi su primera película supe que iba a convertirse en uno de mis directores favoritos, y así ha sido. En parte, gracias a su cine y a sus guiones, comenzó mi afición por la escritura. De igual manera me sucedió con las increíbles ilustraciones de Ricardo Cavolo o los versos de la poeta Rupi Kaur.

Consumir cultura nos hace mejores en muchos aspectos; nos hace más empáticos y más sociales, abre nuestra mente dejando a un lado prejuicios y nos enseña a vivir plenamente. Todas las sociedades deben impulsar siempre el desarrollo de la cultura, dejar que sea ella la que busque sus caminos, sin censura, sin limitar a artistas, poetas, escritores… Y tratando de ser, en la medida de lo posible, partícipes de ella.
Muchos conflictos colectivos provienen de una falta de cultura, de un conocimiento limitado del mundo y de la sociedad que habitamos. Si todos conocemos la situación de nuestro entorno, si logramos ponernos en la piel de los demás, es mucho más improbable que se genere una disputa. La cultura tiene un origen popular, por ello, es justo que las generaciones de hoy en día sean conocedoras de las lecciones que antepasados han dejado grabadas en ella; en vez de ignorarla y cometer los mismos errores del pasado.
20.000 especies de abejas
Hace poco fui a ver al cine 20.000 especies de abejas, pensando que no tenía mucho más que aprender sobre la trama entorno a la cual gira la película, que tan sólo iba a disfrutar de la cinta, pero, no sólo salí de la sala con la más plena sensación de aprendizaje, sino que esta obra consiguió hacerme reflexionar, a mí y al resto de los espectadores, sobre el género, la educación y la identidad. De alguna forma, nos dio una lección sobre el comportamiento desprejuiciado que tenemos de niños y que perdemos de adultos.

Todo el proceso de pensamiento y análisis por el que pasan los espectadores al ver una película es único de esa actividad, por eso justamente es por lo que ir al cine fomenta el desarrollo cognitivo y emocional de las personas de una manera que no sucede en otras áreas. Esto es sólo un ejemplo anecdótico, pero igualmente ocurre con el resto de actividades culturales.
El valor del arte y la cultura
Hay que aprovechar el arte, comprenderlo y compartirlo. Todos tenemos una canción que nos traspasa más allá de lo estético, de lo musical y que nos llega directa al alma; un libro que desde que lo leímos no podemos dejar de compartir con nuestro entorno o una película que desde que la presenciamos, no nos hemos podido quitar de la cabeza, porque cambió algo en nuestra forma de pensar o simplemente porque nos mostró una belleza que hasta el momento desconocíamos, y eso también forma parte de la cultura y del ejercicio del arte.
La cultura nos alimenta, nos salva, nos acompaña y nos sana. Consumiéndola y preservándola es como favorecemos al crecimiento de la sociedad y hacemos que avance en la dirección correcta.


