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¿Por qué es posible que el PP gane el 23J?

Volvemos a elecciones. El presidente Pedro Sánchez anunciaba hace unos días la convocatoria de elecciones para el próximo 23 de julio, tras los resultados electorales del pasado 28 de mayo. Han comenzado los primeros sondeos y ya sabemos que la izquierda concurrirá unida en las listas de Sumar, el proyecto político de Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social.

La ley electoral establece un sistema donde la representación parlamentaria se articula en torno al número de escaños que obtiene cada partido. Cuando los votos a un partido no llegan al mínimo requerido para alcanzar el escaño, estos se pierden. En otras palabras, los partidos minoritarios tienen mayores dificultades para obtener representación. Bajo esta premisa, Sumar es una respuesta inteligente: vamos a agrupar a todas las tendencias políticas a la izquierda del Partido Socialista y que, si concurren unidas, tienen la posibilidad de lograr mejores resultados, pueden, por tanto, convertirse en una fuerza determinante en la toma de decisiones.

La democracia necesita grandes partidos, hay que agrupar las ideas. Dos personas pueden votar al mismo partido, pero seguramente lo hagan por motivos diferentes. Esto no importa, lo trascendental es que dichas ideas tengan un nexo en común. En este momento, el Parlamento cada vez cuenta con más partidos. El multipartidismo es signo de la pluralidad política y de la libertad ideológica e intelectual, pero también significa que hacer política se convierta en una tarea aún más compleja.

Este pasado 28 de mayo, el partido principal de la oposición, el Partido Popular, alcanzaba mayoría absoluta en varias Comunidades Autónomas. Estos resultados hablan de un sentir social que demanda un cambio político, no cabe duda. Pero las elecciones autonómicas y municipales se desarrollan con un “mecanismo diferente” al de las generales, que no son una, sino 52 elecciones diferentes, una por cada circunscripción (50 provincias y 2 ciudades autónomas, Ceuta y Melilla). Por ello, no debemos trasladar los resultados autonómicos y municipales al próximo 23 de julio.

Alberto Núñez Feijóo en un mitin en Albacete | Fuente: Instagram del Partido Popular

Sin embargo, el éxito del Partido Popular ha sido una derrota sin paliativos para los socialistas, quienes reivindican el escudo social que han llevado a cabo en estos cinco años de Gobierno, especialmente, desde el estallido de la pandemia cuando se protegió a las familias con los ERTES, se aumentó el Salario Mínimo Interprofesional o se aprobó una Reforma Laboral histórica, que ha contado con el apoyo de los sindicatos y la patronal. Pero los indultos en Cataluña o la cuestión del Sahara Occidental, entre otros asuntos, han pasado factura al gobierno de Pedro Sánchez, quienes muchos califican como un gobierno excesivamente personificado en su figura. Esto ha cabreado a lo que podemos denominar el votante ideológico.

Existen tres tipos de votantes, o más bien, a mi me gusta clasificarlos así. En primer lugar, el votante ideológico, es decir, aquel que vota ideas, que cree en lo que defiende su partido. No significa que se identifique con todas las ideas, ni le representen todos los puntos del programa electoral, pero tiene claro cuál es su partido. En segundo lugar, se encuentra el votante oportunista, este es el ciudadano que vota en función de sus intereses personales. Si, por ejemplo, un partido lleva a cabo una rebaja fiscal en el sector en el que trabaja vota a dicho partido, pero si cuatro años después la oposición le ofrece una mejora de otro tipo, cambia su voto sin ningún reparo. Es, posiblemente, el votante más pragmático de todos. Por último, tenemos al votante “por el cambio”, este es el ciudadano indignado, el que vota siempre lo contrario a lo que gobierna, da igual el color, simplemente, está cansado y busca otra alternativa.

El partido Popular está atravesando su mejor momento, cuenta con todos los votantes que buscan el cambio, a lo que se le suma los antiguos votantes de Ciudadanos. Los naranjas han intentado jugar un papel de centro, pero no les ha salido bien. En España, el centro político no funciona. No pregunten porqué, pero no consigue afianzarse en el espacio electoral. Tampoco es que Ciudadanos representara el verdadero centro político, su socio preferente siempre ha sido el Partido Popular. Esto significa que lo que verdaderamente representaban era el centroderecha y deberían haberlo dejado claro, a los ciudadanos hay que serles honestos.

Pero mientras la izquierda debatía sobre cuanta carne se debe comer, si poner o no faldas en los semáforos o el uso de los patinetes eléctricos, la oposición ha buscado un líder fuerte, Alberto Núñez Feijoo, a quien le avalan cuatro mayorías absolutas en Galicia y un discurso sensato, que, incluso, es demasiado moderado para algunos de sus votantes. Quizás la izquierda deba recuperar cierta sensatez, puede que ahí esté la respuesta a la pérdida de muchos de sus votantes, quienes ahora han dejado de ser “ideológicos” para convertirse en “oportunistas”.

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