La delgada línea entre compartir y sobreexponer. El debate sobre la privacidad infantil en redes sociales
Las redes sociales se han vuelto un elemento prácticamente imprescindible y rutinario para la mayoría de las personas. Han revolucionado la forma en la que compartimos nuestras vidas (a veces incluso demasiado). Influencers y creadores de contenido han convertido sus vidas en una exposición que millones de personas consumen a diario.
Figuras como Dulceida, Marta Riumbau o Verdeliss, entre otras, han compartido a sus hijos incluso desde antes de nacer, lo que ha formado un debate social ético y legal sobre su exposición, pero, ¿Dónde se encuentra el límite? ¿Es justo exponer a los menores a una plataforma del que no pueden decidir formar parte?

La privacidad infantil
No es sorpresa que la privacidad haya cambiado drásticamente en la era digital. Hace años, las fotos se guardaban en un álbum personal, ahora se comparten a cualquier persona. Esto incluye fotografías (o vídeos) de menores que en muchos casos, no son conscientes de las consecuencias que pueden llegar a tener. Las imágenes de ellos se han convertido en una extensión de la marca personal de los creadores. Incluso, parte de los fans de estos creadores, les siguen principalmente por ver a los niños.
“Beneficios” y riesgos de la sobreexposición
Principalmente los beneficios que acarrean estas decisiones van ligados al tema monetario. Los menores forman parte del “gancho” para los seguidores de los creadores, por lo tanto, cuanto más audiencia o visitas, más ganancia económica.
A pesar de ello, también representan la vida cotidiana, lo que refleja la realidad de cualquier familia y apelan a las emociones de los espectadores. Compartir la rutina diaria o las dinámicas familiares humanizan a los creadores, alejándose de la “realidad perfecta” que suelen proyectar. Los riesgos que acarrean la sobreexposición infantil, pueden ser la pérdida de privacidad, la explotación digital o la seguridad digital. Los menores pierden totalmente el control acerca de su imagen, o de lo que se cuenta acerca de ellos. Puede llegar a ser acontecimientos objetivamente insignificantes, aún así, pueden ser utilizados por personas ajenas para atacar o hacer daño. Aunque en algunos casos el contenido familiar es natural, en otros roza la explotación de los niños como gancho para conseguir visitas, likes o contratos publicitarios.
Regulaciones y responsabilidades
En países como Francia, ya existen leyes que protegen a los menores de la exposición en redes sociales. Estas regulaciones establecen que los ingresos generados por la imagen de los niños deben reservarse para su futuro y otorgan a los menores el derecho a solicitar la eliminación de su contenido una vez que tengan capacidad de decisión. En España, no existe actualmente una legislación específica que regule este fenómeno, dejando la responsabilidad en manos de los padres y los creadores de contenido.
¿Dónde están los límites?
La sobreexposición de menores en redes sociales es un tema complejo que requiere un balance entre la libertad de los padres para compartir su vida y la protección de los derechos de los niños. Aunque las redes sociales pueden ser un espacio para conectar y compartir, no debemos olvidar que los menores son individuos con derechos a la privacidad y a una infancia libre de la presión pública.
En un mundo donde la monetización del contenido familiar está en auge, la responsabilidad no solo recae en los creadores, sino también en los espectadores y las plataformas. Fomentar una cultura digital más ética, que valore y respete los derechos de los niños, es esencial para garantizar un futuro más seguro para las siguientes generaciones.


