Sentir no te hace débil, te hace humano
“No llores” o “no seas tan blando” son posiblemente las frases que más hemos escuchado desde pequeños. Están tan normalizadas que no somos conscientes del daño que causan, nos hacen creer que mostrarnos débiles no está bien. La sociedad aplaude la apariencia, la competitividad y la frialdad. Pero, ¿y si fuera al revés? ¿Y si ser sensible fuera una fortaleza?
Se educa para no sentir
Desde la infancia, nos enseñan a reprimir nuestras emociones en vez de gestionarlas. Se premia al niño que se muestra fuerte, pero se señala al que se expresa. Esta falta de educación emocional nos convierte en adultos desconectados, que son incapaces de reconocer lo que sienten y trabajar respecto a ello. Como consecuencia, la mayoría de las personas cuando crecen no piden ayuda por miedo al qué dirán y luchan en silencio.
Además de que nuestra sociedad premia el control emocional, esta idea también se encuentra en películas y series. El héroe casi siempre es imperturbable, soporta todo sin mostrarse vulnerable. En las redes sociales triunfa la perfección, una sonrisa constante y una vida aparentemente ideal. Este fenómeno también se refleja en otros aspectos, como en la imagen e insatisfacción corporal, siendo muchas veces una batalla silenciosa. Estos modelos culturales provocan una reacción en el público: las personas terminan ocultando lo que sienten para encajar en un molde que no es real. En este escaparate social, la sensibilidad no tiene hueco, generando una presión social que nos impulsa a callar lo que precisamente nos hace humanos.
Según una encuesta realizada por Mind en el Reino Unido, un 64% de las personas admiten haber enmascarado su tristeza con “una cara valiente”. Entre los jóvenes de 16 y 24 años se llega al 69%. Esto demuestra el peso de encajar en el molde social y así no preocupar a los demás, incluso cuando estamos mal.

¿Cuál es el verdadero significado de la sensibilidad?
Las personas sensibles no intentan hacer drama, son inestables o “lloran por todo”. Las personas sensibles tienen una conexión profunda con lo que ocurre en su interior o su entorno. Son capaces de empatizar con cualquier situación, de emocionarse fácilmente, pero también de reaccionar ante las injusticias. Una persona con este don no ignora sus emociones, las gestiona y las exterioriza. Y para hacer esto, se requiere valentía. Por lo tanto, podríamos asegurar que la sensibilidad es sinónimo de fortaleza, no de debilidad. Tienen inteligencia emocional, y esto es una brújula de lo humano en un mundo cada vez más superficial.
Las ventajas de ser sensible
La sensibilidad es una herramienta poderosa con grandes ventajas. Con una gran capacidad de empatía, es más fácil conectar con los demás de una forma más sincera y profunda. Estas personas son observadoras, creativas y cuidadosas. Cuando ven el mundo, siempre procuran ver el lado bueno, siendo así más positivos y felices. Una persona sensible se encuentra en equilibrio consigo mismo, porque ha escuchado las necesidades que piden sus emociones. Suelen destacar en profesiones que requieran contacto con los demás y una fuerte intuición emocional: arte, sanidad, docencia, psicología… Además, son los primeros en identificar las injusticias que otros pasan en alto. Cuidan y protegen su entorno, sin dudar en protestar cuando algo es ofensivo. Y en un mundo que va tan rápido, eso es más necesario que nunca.
Es bonito ver cómo alguien llora sin taparse la cara, cómo alguien se emociona viendo una película, leyendo un libro o escuchando música. Y también es admirable ver a alguien plenamente estable, pues ha obedecido lo que siente y ha vivido en base a ello.
Sensibilidad en tiempos de reivindicación
Afortunadamente, en nuestra sociedad se está haciendo cada vez más visible la importancia de exteriorizar lo que sentimos. Se están eliminando estigmas y esa faceta de “llorar es de débiles”. En el escaparate social está empezando a haber espacios donde se habla abiertamente de salud mental, emociones y vulnerabilidades. No se esconde el hecho de ir a terapia, de tratar de aprender a gestionar las emociones o simplemente, el estar pasando un mal momento.
Estamos viviendo un cambio en el panorama social: la sensibilidad no se señala y se critica, se reivindica y se aplaude. Porque la sensibilidad muestra una sociedad más empática, más sana y más real.
Ser sensible es tener valor para ser auténtico. Es enfrentarse a un mundo que clama el silencio, y responder con un fuerte “yo sí siento, y no me avergüenzo de ello”. Se trata de permitirnos estar en contacto con nuestras emociones, sin disfrazarlas o esconderlas. La sensibilidad es un acto de resistencia de lo humano ante la indiferencia que sacuden nuestros tiempos. Así que sí, soy sensible. Y espero que tú también te atrevas a serlo.

