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‘Superestar’ o la lucha interminable por ser quienes somos

Superestar es una miscelánea onírica donde realidad y ficción se dan la mano, elevando el drama vital que rodeó al ‘Tamarismo’ a categoría de mito

Sin embargo, el trasfondo que guarda esta producción abarca mucho más que la trayectoria vital de la hija de Margarita Seisdedos, puesto que ejemplifica cuán difícil es conseguir que los demás vean lo que realmente somos, que reconozcan lo que tenemos dentro. 

Consumí la serie de manera voraz e ininterrumpida, que es como considero que hay que hacerlo: de un solo golpe y sin dejar opción a posibles influencias de opiniones ajenas para poder consolidar la mía propia. Así, tras presenciar el acoso y derribo sufrido por la protagonista, volvió a mi cabeza la dificultad que conlleva que los demás nos perciban y nos acepten como realmente nos identificamos; bien sea intentando triunfar como artista o, simplemente, existiendo de manera plena.

Hace mucho tiempo escuche decir a alguien —creo recordar que fue a Alaska— que para ser artista lo único que realmente se requería era que uno mismo se percibiera como tal. Y Yurena lo hacía así. Confiaba en su voz, en su proyecto y en la reafirmación de su condición de artista. Pero la sociedad le daba la espalda.

Para el público y los medios —condicionando este último al primero— Yurena y el universo que en sí misma había conformado no eran más que sinónimos de freak, un saco de boxeo con el que poder desahogarse. Yurena podría ser de todo menos artista. ¿Cómo no rendirse a las reglas del juego entonces? No seré yo quien juzgue las decisiones de Yurena, nada más lejos de la realidad, pero ¿qué opciones quedan cuando lo único que anhelas es que el mundo respete tu identidad?

Es una decisión valiente —y admirable— aferrarse a la convicción de que uno es artista por sí mismo. Pero claro, no se puede vivir de una idea con la que solo comulga uno. Antes o después necesitamos que los demás nos reconozcan para vivir, y en el universo del arte, solo se puede vivir de ello si los demás te perciben como lo que promulgas ser. Es una de las autodeterminaciones de identidad más complejas.

La dificultad que conlleva convertirse en una estrella rutilante era inabarcable a principios de milenio y lo será siempre. Ocurrió con Yurena, ocurrió con Loly Álvarez y ocurrirá con las y los que vendrán. Por ende, el eterno debate entre dejar de ser uno mismo para alcanzar el éxito, elegir entre rendirse a las leyes de la industria o preservar la identidad será un continuum; pero Yurena cantaba No cambié por algo que va más allá de la mera cuestión musical. Su canción, su figura y su propia existencia acaban siendo una declaración de intenciones, un golpe sobre la mesa a favor de defender siempre lo que tenemos dentro.

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