Andaluzofobia, entonces: Feminismos andaluces

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Andaluzofobia
Logo feminismo andaluz. | Fuente: Mar Gallego
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Hay palabras que te cambian la vida, y eso es lo que sentí cuando descubrí los términos «andaluzofobia» y «feminismo andaluz»

Bandera de Andalucía - Andaluzofobia
Bandera de Andalucía. | Fuente: wikipedia

Desde chiquita sentí lo que implicaba ser andaluza, el miedo a hablar demasiado basto o cateto cuando salía de mi tierra, el deseo de ser de otra parte, y el llegar incluso a querer salir de aquí como sea. Por eso me fui a estudiar a Madrid entre otras cosas, porque como decía mi profe del instituto de historia: «En Jaén no hay de nada; si tenéis la oportunidad económica salid de aquí lo antes posible». Más o menos es lo que pasa con Andalucía, que muchas veces para sobrevivir, tienes que huir.

En el año 2020, me mudo a Madrid y me siento una persona súper guay, incluso se puede decir que me siento mejor que el resto. Voy a la capital, donde está todo, donde va la gente que vale, la gente interesante, y justo al vivir ahí, me doy cuenta de que llevo toda mi vida sintiendo un «algo» por dentro que me hace sentir insegura, que no valgo para la capital o para algunos trabajos importantes, que soy una paleta, que desearía no tener acento. En clase soy la única persona de Andalucía, y sale numerosas veces la conversación de que “en Andalucía la selectividad es más fácil” e incluso algunas personas me dicen que entienden que sea más fácil porque en Andalucía “tenemos una educación de peor calidad, y al enseñarnos menos, no pueden exigirnos tanto en la selectividad”. Presencié situaciones en las que me sentía muy inferior, menospreciada e incluso un motivo de risa o atención por ser de donde soy.

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Cuando me dicen que soy graciosa por ser andaluza, que mi acento les gusta mucho y les hace gracia, se ríen cuando digo algo normal por mi forma de decirlo, ¿no sé supone que me debería de gustar? ¿Por qué me da tanta rabia cuando hablan de mi acento? Un día viendo un vídeo de Pamela Palenciano descubro el término “andaluzofobia” y siento como si Pamela hablase de mí cuando dice que «se ha criado pensando que era una paleta por su forma de hablar, que valía menos, y que le daba vergüenza como miramos los de Jaén el mundo»; y, poco a poco, mirando en mis adentros, me doy cuenta de esa “andaluzofobia interiorizada” con la que llevo viviendo toda mi vida. Porque ya no es solo que por lo general la gente de Madrid se sienta superior, es que nosotras nos sentimos inferiores.

Salir de Andalucía me ha servido para tomar perspectiva de la importancia de los orígenes, de reconciliarse con el yo, con el acento, y con el orgullo de ser de donde eres y hablar como hablar. Y poco a poco, he ido cogiendo esa perspectiva de “origen” para llevarlo a cada perspectiva de mi vida, de eso habla mucho Mar Gallego, feminista andaluza que como dice Pamela, “le pone palabras a lo que hemos sentido”.

¿Y para qué sirve crear otro término dentro del feminismo?

Bien, pues al igual que dentro del feminismo siempre hay que tener consciencia de nuestros privilegios y circunstancias para que sea inclusiva y tengamos la perspectiva de todas para no dejar a nadie atrás, los feminismos andaluces deberían ser considerados. Los términos sirven para ponerle nombre a lo que sentimos que sirve para reconciliarnos con nosotras mismas y dejar de odiar nuestras raíces porque nos hacen catetas.

Pamela también defiende que hablar de feminismo andaluz no es separarnos en la lucha sino sumar diferentes perspectivas, historias de vida y estar en el mundo. Tu vocabulario, y tu manera de ver el mundo tiene mucho que ver de dónde vienes, tus raíces y te crea tu propia identidad.

Mar Gallego en su proyecto Como vaya yo y lo encuentre de feminismo andaluz. Habla de su vida personal como semilla para entender el feminismo andaluz, porque como ella defiende «lo personal es político«, demuestra que cada territorio tiene su verdad y que dependiendo de lo que hayas vivido tu realidad va a ser diferente. Mar pone en clave la precariedad que sufrimos en Andalucía donde hay unos niveles súper elevados de pobreza o riesgo de exclusión social, y lo que nos salva es el concepto de familia y el concepto de solidaridad que tenemos en Andalucía que viene de nuestros orígenes andalusí y de una influencia gitana por la presencia tan grande que hay en esta tierra. Como vaya yo y lo encuentre se refiere a la típica frase de madre refiriendo a cuando no encontramos las cosas de pequeñas porque nuestra mirada no estaba puesta en la casa ya que no dábamos valor a los cuidados y nuestras madres sí.

Para la periodista, lo que de verdad le da el gran valor a Andalucía son esas miradas que están fuera de lo productivo y que se intentan ridiculizar desde el capitalismo (que en verdad los cuidados sí son productivos, pero no se entienden así desde lo hegemónico). «El trabajo capitalista no es la base de nuestra existencia por mucho que le pese al sistema; los cuidados son la base de nuestra revolución. Si quieres ver flojera en vez de revolución es tu problema; no necesitamos ser productivas para ser valiosas», comentaba Mar Gallego.

Mar Gallego / Como vaya yo y lo encuentre
Como vaya yo y lo encuentre / Fuente: Mar Gallego

Un día hablando con mis amigas de Madrid sobre que yo sí que percibía la «andaluzofobia», me dijeron: «Anda tía, si eso no existe, ni que te echásemos de comer aparte». Y es que hablamos de una «andaluzofobia interiorizada» que si no lo vives y lo sufres, muchas veces no se percibe, y se puede llegar a invisibilizar unos sentimientos y una realidad que está presente, pero no por eso nuestras percepciones son menos válidas. Está tan interiorizado que incluso llegamos a creerlo nosotras mismas, las andaluzas, por ejemplo, intentando cambiar nuestro acento para sonar más profesional. También tenemos el ejemplo de Rosa de España en una entrevista que confiesa: “A veces me da pánico regresar a Granada porque empiezo a hablar mal”, comentaba. Y comentarios como “ay que graciosa que eres andaluza. Me encanta tu acento, sois tan graciosos”.

Cada vez más hay gente que se especializa en el término «feminismo andaluz» y saca más perspectivas como por ejemplo Nadia Azouagagh que habla de que el hecho de ser andaluza ya es una cuestión política; y también añade que no es más feminista quien más ha leído sobre ello o quien más trabaja sino que valemos todas y cabemos todas. Sandra Heredia comentaba que tenemos que poner en el centro cuales son nuestras diferentes opresiones (antigitanismo, racismo estructural…) y añade la perspectiva del folclore que es una de las violencias que sufrimos las mujeres andaluzas y por lo que a ella le atraviesa siendo mujer gitana; esa hipersexualización de nuestros cuerpos y poca capacidad de decidir”.

Lucía, periodista de la revista feminista La Poderío, destacaba en su artículo, Yo, feminista de pueblo, habla de la realidad de vivir en un pueblo y la importancia de escuchar antes de criminalizar para entendernos y crear un feminismo que incluya a todas.

La poderío
Portada revista feminista La Poderío. | Fuente: La poderío magazine

Históricamente nuestra tierra ha tenido una situación de pobreza exacerbada por lo que eso ha hecho que la emigración se diese y se dé muy a menudo. Es por ello, por lo que hay muchísimos andaluces en Barcelona (y sus hijos, los charmegos). Por no hablar de quién no tiene un primo que se ha tenido que ir a Londres a buscarse la vida. Es por eso que cuando hablamos de feminismo andaluz no podemos olvidar la conciencia de clase, antirracista y gitana; y tampoco podemos olvidar que el 50% de nuestra tierra cultivable está en manos del 2% de propietarios.

Para acabar, recordar el significado a resiliencia que le da Mar Gallego y es el de venirse arriba después de haberlo pasado muy mal; refiriéndose a la cultura, y es que ese es el futuro que yo le veo a Andalucía. Una resiliencia y resistencia fuerte para no olvidar nuestras raíces y reconciliarnos con el sur. Para un futuro con todos los movimientos sociales llenos de diversidad y perspectiva andaluza.

 

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