El PP utiliza una medida no vinculante para evitar presentar una moción de censura
Feijóo sueña con despertar una buena mañana en el Palacio de Monte Pío, la residencia oficial del presidente de la Xunta, y descubrir que estos últimos cuatro años han sido una mala pesadilla, y que puede seguir dedicándose plenamente a cuidar de cuatro provincias: de su terra galega.
La semana pasada, el PP y Junts presentaron una enmienda ante la Mesa del Congreso con el fin de exigir que el presidente del Gobierno se someta a una cuestión de confianza, la cual dan por perdida. La Mesa del Congreso, dirigida en su mayoría por PSOE y Sumar, inadmitió la enmienda, vulnerando, por cierto, el derecho de los representantes a ejercer sus iniciativas como diputados.
Sin embargo, el jueves 25 de junio se registró una moción instando a que Sánchez se someta a una cuestión de confianza. Esta medida, que cuenta con total legitimidad parlamentaria y cuyos promotores tienen pleno derecho a elevar, es un ejercicio estéril en términos prácticos.
¿Cuál es el sentido de la moción?
Se pretende empujar, a través de una decisión del Congreso, a que el presidente presente una cuestión de confianza, pero adelantándole —mediante la propia moción no vinculante— que la va a perder. La cuestión de confianza es un recurso constitucional por el cual el presidente solicita una revisión de la confianza de la Cámara que un día le invistió; le basta con mayoría simple de votos favorables para mantenerse, pero también con mayoría simple de votos desfavorables para ser cesado.
Ahora bien, esta medida es una iniciativa gubernamental que solo el jefe del Ejecutivo puede ejercer. La moción presentada por la oposición es absurda, pues solo pone de manifiesto su cobardía para presentar una moción de censura, que es el instrumento que corresponde al Congreso de los Diputados para exigir responsabilidad al presidente. La moción de censura es, en última instancia, un proceso de investidura —sin segunda votación— por el cual se exige la sustitución de un presidente por otro a través de 176 votos verdes.
La cuestión de confianza: un instrumento obsoleto en el régimen parlamentario español
En un sistema parlamentario como el español, el Congreso de los Diputados elige al jefe del Ejecutivo encargado de formar Gobierno. Esta elección se materializa a través de la investidura, en la que la mayoría absoluta de votos favorables otorgan la confianza al presidente. En caso de romperse la confianza que une al Gobierno con el Congreso a través del presidente, ambos órganos cuentan con mecanismos para hacerla valer o desecharla: la moción de censura como instrumento del Congreso y la cuestión de confianza como herramienta del presidente del Gobierno en representación del Ejecutivo.
Este instrumento se ha utilizado en dos ocasiones: en septiembre de 1980, por Adolfo Suárez, y en abril de 1990, por Felipe González. Ambas supusieron estrategias para reforzar la imagen presidencial y proyectar un programa político bajo un aparente halo de confianza. Lo que sucede es que esto se hizo en la época del “bipartidismo imperfecto”, en la que el Ejecutivo disponía de un grupo parlamentario que aprobaba y votaba lo que Moncloa expedía. Por lo que la confianza se reduce a un apoyo partidista más que a una consulta parlamentaria. Desde 2016, ya no hay gobiernos que dispongan de un gran grupo parlamentario para mantener la confianza del Congreso y mucho menos para impulsar su agenda legislativa, al menos no como se hacía antes.
De este modo, la cuestión de confianza sí puede tener un impacto relevante, porque la aritmética parlamentaria es más fragmentada y la confianza se puede articular desde más posibilidades de negociación. Ahora bien, si antes dejó de utilizarse porque la tradición bipartidista la desnaturalizó, ahora no se utiliza precisamente porque hay un riesgo real de perder dicha confianza.
Lo de Feijóo: ¿una cuestión de dejadez?
El señor Feijóo comprobó el día 25 que mantiene los apoyos de Vox y UPN y que, además, a estos se suman los de Coalición Canaria y Junts: un total de 178 diputados que están pidiéndole a Sánchez que se someta a una votación que sabe que va a perder. No hace falta leer Manual de resistencia para entender que el señor Sánchez ni siquiera estudia —al menos ahora mismo— la posibilidad de dejar su puesto en manos de Junts.
Feijóo ha conseguido evidenciar numéricamente lo que ya se sabía: que el Ejecutivo gobierna en minoría y que no cuenta con el apoyo ni la confianza de la Cámara. El problema de Núñez Feijóo es que sabe que 178 votos contra Pedro no son necesariamente 178 votos a favor de Alberto. Feijóo se siente cómodo elevando una moción que solicita al presidente presentar una herramienta que depende únicamente de la voluntad del mismo. Le está pidiendo a su adversario político que le haga el trabajo…
En España, la moción de censura es constructiva: no solo remueve a un presidente, sino que para hacerlo hay que nombrar a otro. Por lo tanto, para revocar a un presidente, tiene que haber un candidato con un proyecto que construya una alternativa a la del Ejecutivo saliente. Quizá Feijóo tema no ser constructivo y que la moción de censura, en lugar de apuntalarle, le destruya como candidato. Por eso, prefiere utilizar artimañas simbólicas y no vinculantes para ejercer presión contra el Gobierno.
Por eso también presentó una moción similar en el Senado, como si la Cámara Alta —que no está compuesta por criterios de proporcionalidad— pudiese presentar tales mociones como si fuesen vinculantes o como si dicha Cámara interviniese lo más mínimo en la relación nuclear que tiene el Congreso de los Diputados con el Gobierno de la Nación.
¿Porqué no presentar una moción de censura?
Si Feijóo presenta una moción de censura tiene dos posibilidades: perderla o ganarla. En caso de perderla, demuestra que el Congreso podrá no querer a Sánchez, pero a él menos aún. Si la gana, lo hará con los apoyos antagónicos de Vox y Junts. Junts constituye un espacio político que el PP ha venido criticando, no solo por lo que significa, sino por ser necesario para el Gobierno que él lleva cuatro años intentando derribar y que ahora él también necesitaría. De llegar ahora a la presidencia, Feijóo tendría que decidir si terminar la legislatura y derogar todas las leyes «sanchistas» o disolver las Cortes.
Ambas son estrategias de alto riesgo. El éxito de la moción de censura evidenciaría que PP y Junts pueden ser socios de gobierno y eso expresaría una contradicción programática para Núñez Feijóo, que ve con mejores ojos a su viejo socio que a los de la prioridad nacional de Vox. Pero aún es pronto, el líder del PP no quiere dejarse ver con los de Puigdemont o tener que coger un avión a Waterloo, al menos de momento. Si algún día tiene que hacer un acuerdo con Junts, que sea cuando queden cuatro años por delante de legislatura, y no a un año —o a meses— de las elecciones, evidenciando que ahora busca a quien tanto criticó y que va a hacer lo mismo que Sánchez, al que tanto también criticó por hacer lo mismo que, posiblemente, él hará.
¿A qué está esperando Feijóo?
Si Sánchez dimitiese al perder una cuestión de confianza, se activaría el artículo 99 de la Constitución para designar e investir a un nuevo presidente. Feijóo sabe que en primera votación no conseguirá la mayoría absoluta —de lo contrario, ya habría presentado la moción de censura— pero que en la segunda votación podría llegar a Moncloa con la mayoría simple que permiten posicionamientos más neutrales, como la abstención de los de Puigdemont.
Nadie sopesa la posibilidad de que Sánchez, a estas alturas de su vida política, presente una cuestión de confianza; parece que solo Feijóo, que piensa que Sánchez le va a ayudar a llegar a ser presidente. Por otro lado, no presenta una moción de censura por miedo a perderla, como si alguna vez en la historia reciente de España se hubiese presentado una moción de censura con la intención de ganarla; ni siquiera la única que se ganó contaba con tal posibilidad.
Por eso el expresidente de la Xunta —acostumbrado a gobernar y no a hacer oposición— prefiere presentar medidas no vinculantes, gritar, hacer aspavientos, lo que sea menos dar un paso adelante; quizá porque no confíe en su propio liderazgo, quizá porque tenga miedo a perder, o quizá porque tenga miedo a ser presidente.


