El 15M, diez años después

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Analizamos junto a Ramón Espinar, Juan Carlos Monedero y Miguel Urbán cómo fue éste movimiento, cuáles fueron sus causas y qué consecuencias ha tenido en la política y sociedad españolas

Muchos de los jóvenes de hoy en día no son capaces de sentirse identificados con este movimiento que transformó el panorama político y social español a partir de 2011. Sin embargo, el movimiento 15M fue decisivo en la regeneración democrática española, siendo un momento clave de la historia reciente de nuestro país.

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Con el fin de asimilar qué fue el 15M, sus participantes, las causas que lo motivaron y las consecuencias que generaron, hemos hablado con tres participantes del movimiento 15M y cofundadores de Podemos. Ramón Espinar; ex senador y ex diputado de la Asamblea de Madrid, Juan Carlos Monedero; profesor de Ciencia Política en la UCM y Miguel Urbán; diputado en el Parlamento Europeo desde 2015. El propósito del artículo es recabar sus análisis, ya sean coincidentes o discrepantes, acerca de todo aquello que envolvió este movimiento.

¿Qué fue el 15M?

Ramón Espinar nos habla de cuatro sentimientos. Por un lado, la frustración por la gestión de la crisis. Por otro, la rabia ante la incapacidad de canalizarlo a través de ningún cauce democrático. En tercer lugar, la decepción con unas élites económicas y políticas en las que la ciudadanía había depositado su confianza desde el periodo de la Transición. Por último, la afirmación de una nueva forma de participar en política. Un hartazgo de las viejas élites que llevó a la necesidad no de entronizar unas nuevas élites, sino de asumir un mayor protagonismo ciudadano.

De alguna forma, coincide con el análisis realizado por Juan Carlos Monedero. «El 15M fue una gran conversación que habló con las palabras creadas a lo largo de una década. Son palabras como espadas forjadas durante el No a la guerra de Irak, en las manifestaciones universitarias contra el Plan Bolonia, en las huelgas y en los primeros de mayo, etc. que aprendió de las protestas en el mundo árabe, en Grecia, en Portugal.»

«El 15M fue una gran conversación, antesala de un gran cambio que iba a despedir a los grandes acuerdos construidos en España después de la muerte de Franco, que bebía de todos los descontentos que se fueron acumulando y que se expresó con las nuevas herramientas del siglo».

El análisis de Miguel Urbán coincide en gran medida con los anteriores, ya que considera que los factores más determinantes fueron los recortes, el austericidio, la reforma (por el fondo y las formas) del artículo 135 de la Constitución, la corrupción rampante… «Todo ello junto a otros factores hizo poner en cuestión la legitimidad del Régimen del 78.»

¿Cómo se gestó?

El 15M como gota que desbordó el vaso tan solo fue posible gracias a un reducido número de personas que decidió acampar en Sol tras una manifestación. «El 15 M nació de una manifestación que era “otra” manifestación, que venía más cargada porque en el ambiente algo decía que la sordera del gobierno y de las instituciones era ofensivo. Pero nada había escrito que ese día iba a ser diferente. Lo fue porque alguna gente decidió quedarse a acampar en la Puerta del Sol.», apuntaba J.C. Monedero.

«Todos teníamos la sensación de que debía suceder algo, pero no sucedía«. Según nos cuenta R. Espinar. «La idea de la acampada surge de un núcleo de gente muy pequeño, y en realidad no termina de tomar vuelo hasta el día siguiente. Es al día siguiente cuando empieza a correr el boca oreja de que se ha quedado gente en Sol cuando desembarcamos muchos más.»

El movimiento histórico que se estaba viviendo esos días en la Puerta del Sol, permitió, de acuerdo con M. Urbán, que la movilización social y la autoorganización popular impugnaran el relato oficial de la cultura de la Transición. «Como apuntaba Daniel Bensaïd, las revueltas y las revoluciones llegan cuando todavía no se les espera o cuando ya no se les espera.»

Mensajes reivindicativos durante la acampada en mayo de 2011

¿Quiénes fueron partícipes del movimiento 15M?

Ante esta cuestión, las respuestas fueron variadas aunque con elementos comunes. En primer lugar, la descripción de los participantes en este movimiento fue muy amplia en el caso de M.Urbán: «Gente ante todo interpelada por lo común y personas afectadas directamente por el austericidio»

R.Espinar profundiza más, hablando de un perfil generacional principalmente de aquellos nacidos a finales de los 70 y en las décadas de los 80 y los 90. Sin embargo, el 15M fue un paraguas, un movimiento muy heterogéneo bajo el cual se encontraban desde miembros de la P.A.H., en el cual participaba un gran movimiento migrante, hasta jóvenes universitarios de clase media-alta (Juventud sin Futuro), pasando por los profesionales de la marea blanca o la marea verde.

El análisis que nos proporcionó J.C. Monedero se centró en un grupo del que ya nos habló R. Espinar.  Habla de aquellas clases medias a las que se les había interrumpido el ascensor social, jóvenes sobradamente preparados que vivían peor que sus padres, gente que ya no veía en la democracia aquello por lo que habían luchado sus padres sino un fraude. «Juntó a gente que, con un análisis más pormenorizado, nunca se hubieran juntado. Estaban ahí porque querían regenerar el país«.

¿Cuáles fueron, o han sido, las consecuencias de este movimiento?

R.Espinar es claro cuando habla de las consecuencias del 15M. En cuanto a las consecuencias inmediatas; el fin del bipartidismo y del modelo tradicional de representación política o la inauguración de una nueva cultura política más participativa. En cuanto al medio-largo plazo, pone de manifiesto las diferentes formas de gestión en lo relativo a la crisis de 2008 y la relacionada con esta pandemia. «Se han hecho intolerables algunas formas de gestión en materia de política económica, la ciudadanía lo ha hecho intolerable. Ya no permite que suceda un modelo de gestión como el de 2008.»

M.Urbán habla ante esta cuestión de cómo el 15M logró ocupar el espacio público de las ciudades, tomando las plazas, politizando las prácticas sociales y promulgando el debate público. Los barrios se convirtieron en lugares de agregación colectiva, de anclaje social en lo territorial y en las realidades cotidianas de la gente.

Para J.C. Monedero, sigue esta línea de análisis afirmando que el 15M marcó un nuevo rumbo en la política. «Las primarias en los partidos, la rendición de cuentas, la mayor sensibilidad frente a la corrupción, la aprobación y cumplimiento de códigos éticos en los partidos, la limitación de los mandatos, la reducción de los sueldos de los políticos, la reclamación de mayores dosis de transparencia (…) el fin del voto rogado es un buen ejemplo de lo que ha logrado el 15M».

Protesta en la Puerta del Sol en mayo de 2011

¿Qué queda hoy del 15M?

M. Urbán, citando a Marx: «Todo lo sólido se desvanece en el aire», nos habla de que la impugnación intuitiva del régimen que se dio en el 15M al grito de «democracia real ya» no llegó a abrir procesos constituyentes que impulsaran una nueva institucionalidad y la ruptura democrática.

«Aquellas certezas inamovibles sobre las que se construyó el sistema político y económico español siguen estando en cuestión. Aunque el ciclo se haya cerrado, no se cerraron las brechas. Y pese a los intentos por apuntalar el Régimen del 78, la Monarquía sigue en una crisis profunda, y el PSOE tiene dificultades para reinstaurar la pata izquierda del bipartidismo.»

Mientras, Ramón Espinar concluye, al hilo de las diferentes gestiones en 2008 y ahora, que lo que queda del 15M se halla en la mentalidad colectiva. «Queda un legado en términos de cultura política. Hubo cambios por aquel entonces en la psicología colectiva que ya son irreversibles«.

Conclusiones

Tras 10 años, queda ya tan sólo echar la vista atrás y ser conscientes de los logros y los errores tanto del 15M, como de los movimientos que surgieron a raíz de éste. Como señala R.Espinar, es imposible que se cree un «nuevo 15M», el 15M ya ha pasado y los nuevos movimientos sociales tendrán cada uno sus razones de ser y sus implicaciones.

Sin embargo, y como concluye J.C. Monedero, en una Europa que todavía está tentada por la austeridad, es probable que el creciente descontento por la crisis generada tras esta pandemia se capitalicen en nuevas formas de fascismo del siglo XXI (por ejemplo trumpismo).

«No es lo mismo sentirse cuidado en las plazas desde la fraternidad, que sentirte cuidado en una identidad excluyente y violenta que necesita odiar para tranquilizar. La fraternidad es la unión de los de abajo contra los privilegios de los de arriba. Es esa que hablaba el 15M cuando decía: «No somos antisistema, el sistema es antinosotros» y que advertía que podía enfadarse recordándole al poder que “si no nos dejas soñar, no te dejaremos dormir”.

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