Aquel 22 de mayo de 2004 el cielo de Madrid acogía a las familias reales más importantes del mundo. Desde el entonces príncipe Carlos de Inglaterra hasta la glamurosa Rania de Jordania
Letizia Ortiz llegó a Zarzuela entre gritos de «¡plebeya!» provenientes de ambas infantas de España. Aquella boda del 22 de mayo de 2004 estuvo marcada por la frase «déjame terminar», pronunciada por la actual reina durante el anuncio de compromiso. La entonces periodista se atrevió mandar a callar al actual Felipe VI, príncipe de Asturias en 2004, un hecho que la condenó para siempre a ojos de la sociedad española. Su contexto, sus orígenes y profesión determinaron el máximo aliciente que fue objeto de crítica para una sociedad que no estaba preparada para ver alcanzar la cima a una de los suyos.
La España del recién siglo XXI acostumbraba a visualizar reyes y reinas de estirpes que se remontaban a siglos de antaño. Letizia no fue aceptada ni por los monárquicos ni por los republicanos. Tuvo que crear su propio camino, adentrándose en un nuevo mundo y enfrentando las dificultades presentes en su nueva vida como princesa en base a un feminismo real. Años más tarde reconocía que lo «importante es que la mujer se lo crea. Que pierda el miedo a hablar cuando hay que hablar. El miedo a delegar al primer biberón. El miedo a no poder con todo. A reconocerlo o, a pedir ayuda». En este contexto, Letizia asumía un papel que rozaba la indiferencia de una Familia Real cuyo objetivo era apartarla de Palacio.

La vida de Letizia
Letizia con Zeta, así comienza su historia y parte de su identidad. Los padres de la soberana querían que su hija llevase ese nombre sin modificación alguna, pero la ley franquista no lo permitía. No era un nombre que figurase en el santoral ni fuese de una santa. Días después del nacimiento de Letizia, Jesús Ortiz, el padre de la reina, supo que en el sur de Italia se rendía culto a la Virgen, Madonna della Letizia. Eso bastó para que un obispo de Oviedo diera su autorización.
La actual reina española creció en un ambiente de periodismo, junto a su abuela Menchu Álvarez del Valle. Poco tiempo después, la periodista puso rumbo a México para ser reportera de un periódico donde firmaría con el seudónimo «Ada» ya que ella escribía mucho y sus editores no le permitían publicar todo con su verdadero nombre.
«—Yo escribía mucho — recordó doña Letizia sobre sus días en aquel diario de México— y mis editores no podían publicar todo con mi verdadero nombre».
Letizia usaba este seudónimo por una amiga de la infancia llamada Inmaculada, y en su honor, utilizó la última sílaba de dicho nombre.
Durante su estancia en México trabajó como azafata de una empresa de tabaco, tenía que pagar el alquiler. En esos momentos se conoció a si misma, como mujer y como periodista. Era de izquierdas. Así la definen «Los Nájera», arrendatarios de Letizia Ortiz en el país donde creció como profesional. Su vuelta a España trajo consigo un aumento de oportunidades laborales. Antes de cumplir los treinta años de edad trabajó transmitiendo las noticias en Bloomberg TV, para posteriormente convertirse en presentadora de los telediarios de mayor audiencia en las cadenas CNN+ y TVE. Letizia, durante su etapa de TVE, no solo fue presentadora. Fue más allá, cumplió su objetivo. La entonces periodista se convirtió en corresponsal de guerra de Irak y Palestina.
De mientras, cuando todo esto sucedía, y la carrera la comunicadora se encontraba en su máximo esplendor, un príncipe llamado Felipe de Borbón, encendía el televisor todas las tardes a la misma hora para ver a una Letizia Ortiz presentadora de Informe Semanal. El heredero al trono de España se enamoró perdidamente de la cronista de guerra, de tal forma que no dudó en usar sus contactos y arreglar un encuentro con Letizia. Tras esta cena en la capital de España (Madrid), los encuentros entre la presentadora y el príncipe de Asturias siguieron produciéndose hasta llegar a oídos de los entonces Reyes de España, Juan Carlos I y Sofia de Grecia.
La vida en palacio
La boda entre el príncipe y la princesa determinó sus vidas. Nada volvería a ser como antes, Letizia Ortiz ya estaba dentro de la saga familiar más importante de España. Ella con seguridad 24 horas al día y su familia, al descubierto. La protección no llegó a la familia Ortiz Rocasolano y la consecuencia fue la bienvenida de la desgracia. La hermana de la reina, Erika Ortiz en 2007 decidía quitarse la vida. Dejó atrás a una hija, unos padres, unos abuelos, pero sobre todo, a una hermana que se vio obligada a arrodillarse en llanto frente a un Juan Carlos I que, a los ojos de la prensa, puso sobre cristales afilados a la esposa de su propio hijo.
La prensa determinó el futuro de doña Letizia, estaba condenada a la desidia de la sociedad, pero la abdicación de don Juan Carlos provocó un giro de guión. Letizia ya proclamada reina de España impuso sus propias normas en Zarzuela, ya no estaba bajo la súplica de unos reyes (ya eméritos), sino que era ella quien sostenía la Corona sobre la testa de Felipe VI.

Ahora sus objetivos son otros, en la actualidad ejerce un patrón similar al de la reina Sofía. Cueste lo que cueste, Leonor debe ser la próxima reina de España.


