Reconocer que no se garantiza este derecho es un paso para hacer frente a la injusticia
Es en el barrio donde se tejen las redes de apoyo que sostienen a las personas frente a la vulnerabilidad que trae consigo la ausencia de comunidad. Son los propios vecinos quienes se reúnen para crear los vínculos que las ciudades y el sistema han hecho desaparecer a golpe de individualismo. Este es el ejemplo del Sindicato de Vivienda de Carabanchel, un colectivo vecinal que se reúne en asamblea abierta y se encarga de ofrecer asesoramiento y ayuda a quienes se encuentran en una situación de indefensión como lo es la pérdida de vivienda.
La vivienda es un derecho fundamental al que no todo el mundo tiene un acceso garantizado. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 contempla en el artículo 25 el derecho de toda persona a disfrutar de la adecuada provisión de bienes y servicios que garanticen su salud y bienestar. Asimismo, el artículo 47 de la Constitución española señala que «todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada«. Sin embargo, lejos de la teoría la realidad es otra. La vivienda se ha convertido en motivo de especulación para el mercado inmobiliario, y las grandes promotoras, junto a la falta de vivienda social y la poca oferta de vivienda sin ánimo de lucro, hacen cada vez más inaccesible este bien para la clase trabajadora.
La crisis de la COVID-19 supuso un duro varapalo en la sociedad, no solo por su carácter pandémico, sino también por su alcance socioeconómico, por lo que el Gobierno incluyó en el Real Decreto-ley 11/2020 la suspensión de los desahucios, que tendría vigencia hasta octubre de 2021, aunque finalmente se ha aprobado la prórroga de la moratoria hasta el 28 de febrero de 2022. Según nos pudo contar en una entrevista David, compañero del Sindicato de Vivienda de Carabanchel, esto no impidió que durante el confinamiento se siguieran llevando a cabo desahucios, dejando a familias en la calle en un momento donde a toda la ciudadanía se le pedía permanecer en casa por motivos de salud pública. Por su parte, el parón de la pandemia provocó un repunte de desahucios en el tercer trimestre de 2021. Según las cifras facilitadas por el Consejo General del Poder Judicial, el porcentaje de desahucios fue un 22% más alto que en la misma fecha en 2020.
Soluciones insuficientes
Uno de los principios del Sindicato de Vivienda de Carabanchel defiende que la vivienda debería estar fuera del mercado para que bancos, fondos buitres y empresas privadas no puedan mercantilizar un bien sin el que es imposible desarrollar una vida digna. En consecuencia, desde el SV de Carabanchel insisten en que el Anteproyecto de Ley por el Derecho a la Vivienda que busca sacar adelante el gobierno de PSOE-Unidas Podemos es una medida insuficiente que no servirá para paliar las dificultades a las que se enfrenta un grueso de la población y que afecta a jóvenes, familias y ancianos. Similar es la suerte que corre el bono joven de alquiler, un parche que no da soluciones reales a los problemas de vivienda de la población.
El caso de José Manuel y María ha alcanzado especial repercusión en las últimas semanas. El 12 de enero, el Sindicato de Vivienda de Carabanchel conseguía impedir el desahucio de esta pareja de ancianos gracias al apoyo vecinal. No obstante, la fecha sería reprogramada para el 18 de febrero y contará con la presencia de los antidisturbios. Desde el Sindicato de Vivienda de Carabanchel nos cuentan: «Paramos el desahucio hace unas semanas. Los servicios sociales no ofrecen alternativas«.
«La Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid se ha comprometido a dar a una solución, pero no la dan». Además, tampoco han encontrado una alternativa habitacional para José Manuel y María en el sorteo de la EMVS, «un sorteo insuficiente de 300 viviendas», nos dice David.
Como José Manuel y María, muchas son las personas que viven con el miedo a ser desahuciadas y cuyos casos no alcanzan la repercusión mediática que un drama social como este tiene lugar en nuestro país. Cada semana se producen varios desahucios solo en el barrio de Carabanchel, donde son los vecinos el único apoyo frente a las instituciones.
Una vivienda es el refugio que nos permite llevar a cabo una vida donde poder mantener las relaciones con nuestro entorno y ayuda a mantener la calidad de nuestra salud física y mental. Nos previene de la hostilidad de la calle y de las inclemencias del tiempo, y ha servido para protegernos de un virus que ha convertido los hogares en el lugar más seguro en el que podríamos estar. La vivienda es dignidad y un derecho fundamental.

