Siglo XXI: un siglo que con orgullo se muestra con diversos avances innovadores y nuevas medidas más modernas, pero esta verdad no es universal
Desgraciadamente, existen lugares como Afganistán donde ideas retrógradas y limitantes de los talibanes asfixian el país, sobre todo a la sección femenina de la población.
La llegada del régimen talibán
Las nuevas pautas y medidas, justificadas con la religión, están derivando en un bucle sin fin que culminará con la pobreza máxima y la violación absoluta de los derechos humanos de una población sometida.
El germen de esta situación tan desfavorable es la conquista talibán. Se trata de un movimiento se remonta a la Guerra Civil de Afganistán de 1989. Se esparce y se desarrolla llegando a conquistar Kabul, la capital, en 1996.
Una vez llegado a este punto, los talibanes cuentan con el poder suficiente como para imponer un control sobre los derechos y las libertades sociales. Las mujeres son definitivamente el sector más afectado por la instauración de este régimen.
Esta situación que, por sus valores, parece tan antigua se remonta tan solo a unos años atrás. En 2001 estalló una guerra contra EEUU que permite a las mujeres tomar un respiro al verse liberadas del régimen opresivo que las estaba aplastando. Recuperan ciertos derechos innatos y se las considera de nuevo parte de la sociedad.
Estas voces, renacidas con más fuerza que nunca, tratan de romper las limitaciones nacionales y extender sus gritos fuera de las barreras. Por desgracia sus plegarias no llegan muy lejos, ya que el 15 de agosto de 2021 Estados Unidos decide retirar sus tropas y los talibanes retomaron el sistema imponiendo medidas aún más represivas.
Las mujeres bajo en régimen talibán
Basándose en la Sharia, definida como la base legislativa de las conductas y los derechos islámicos, los talibanes manipularon la situación para restringir la educación, el acceso al mercado laboral y la independencia de las mujeres.
Esa lucha constante donde las mujeres estaban consiguiendo el reconocimiento y la libertad base como personas humanas se ve acallada por las nuevas medidas cada vez más obsesivas y misóginas del movimiento talibán.
Educación
El acceso a la educación se vuelve a ver limitado para las mujeres. Solo teniendo derecho a estudios escolares hasta los 12 años y, aunque tienen permitido cursar determinados títulos universitarios, se enfrentan a tratamientos desiguales notables en cuanto a los hombres.
En este caso, las mujeres no pueden interactuar con el profesorado masculino lo cual implica una gran paradoja ya que, al no tener acceso a los estudios necesarios, hay una gran escasez de docentes femeninas. Además, deben ir cubiertas y no tienen la posibilidad de presentar frente a la clase. En caso de no seguir las normas, serán inmediatamente expulsadas.
Vestimenta
Desde el 7 de mayo de 2022, son obligadas a cubrirse al completo con el Burka, la tela que esconde al completo la identidad de la persona que hay detrás. Convirtiendo a todas las mujeres en figuras enteladas idénticas y sin diferenciación alguna.
Dicho velo cuenta además con una malla para los ojos para evitar «miradas provocativas» o «lascivas» que inciten a los hombres. Esta cobertura en los ojos además limita la visión lateral y la posibilidad de expresión.

Las mujeres dejan entonces de tener valor individual, llegando a la similitud extrema entre ellas. Sus propios hijos no pueden apodarlas «mamá» ya que solo se ven copias indiferenciables, por lo que deben dirigirse a ellas por su nombre.
No solo se enfundan en telas exactas en forma, sino que también prohíben los colores llamativos, e incluso los zapatos. Por ejemplo, los tacones quedan completamente restringidos ya que el sonido que producen al caminar es considerado «provocador» o demasiado «sexy».
No satisfechos únicamente con el código de vestimenta pautado, deciden que lo más razonable es prohibir también el sonido de la voz femenina en los espacios públicos.

Otras restricciones
Los talibanes, que no parecen tener control suficiente de la mujer, pasan a eliminar cualquier tipo de independencia de estas frente a la figura masculina. No solo tienen terminantemente restringido la conducción sino que cualquier mínimo de libertad individual queda olvidado cuando se impone la regla de no poder salir sola a la calle.
Se crea entonces la figura del mahram, un hombre, familiar o el marido, que actúa como una especie de guardián a la hora de salir fuera de la casa donde la mujer debe quedarse para realizar «su labor». Si, por algún casual, la mujer pisa el exterior sin el acompañamiento del Mahram se verá sometida a un severo castigo, o incluso pena de cárcel.
La consecuencia de estas imposiciones y estas normas restrictivas es que la mujer acabe viéndose forzosamente confinada en su casa, saliendo únicamente para urgencias o necesidades estrictamente necesarias.
Total, si no tiene capacidad de trabajar, estudiar o interactuar en sociedad no se ve la necesidad de salir del hogar, aunque ese principio sea una violación del derecho fundamental de la libertad.
La mujer sin un mahram
Por muy surrealista que pueda parecer, se ha dejado completamente desamparadas a aquellas mujeres que no cuentan con una figura masculina representante en su vida. Es el caso de las viudas o las mujeres sin casarse y sin algún familiar hombre cercano al que acudir.
Si el sector femenino ya estaba limitado en todos los aspectos, aquellas mujeres se ven completamente imposibilitadas a realizar cualquier tipo de tarea. No pueden trabajar ni estudiar por lo que sus ingresos son prácticamente inexistentes. Si además se le suma el factor de no ser capaces de salir a la calle a buscarse la vida, se llegan a encontrar obligadas a recurrir a soluciones desesperadas con el fin de sobrevivir.
Cubrir las necesidades básicas se convierten en un verdadero problema. La pobreza aumenta y conseguir comida, agua o recursos primarios se vuelve un reto. Es por ello que muchas mujeres deben tomar decisiones extremas como mandar a sus hijos a mendigar o incluso vender en mercado a sus hijas menores.
El casamiento a menores
Antes de la llegada de los talibanes la edad mínima para casarse estaba en los 16 años, ahora ya no existe una limitación por lo que la situación se está yendo de las manos. El mercado de niñas menores, de hasta 5 años de edad o incluso bebes, se normaliza.
Pagos y deudas se realizan utilizando a sus propias hijas como moneda de cambio. Destinadas a la esclavitud absoluta, a un matrimonio abusivo y a la explotación, sin derecho a la queja y sin capacidad de decisión alguna. La vida de miles de niñas pequeñas arruinada completamente y expuestas a violencia doméstica.
Medidas tan extremas se perciben como consecuencias a la situación en la que está derivando el país. Con la retirada de ayudas y financiación externa que recibía Afganistán y que ocupaba el 43% del PIB, el país no se sostiene.

Se realizan «mercadillos» donde las familias exponen a sus hijas como productos. Tratadas como animales o bienes artesanales, se reúnen en lugares organizados para ese fin. De esta manera los interesados se pasean y deciden a que niña destinarán a un futuro tan poco prometedor. Las madres, desoladas y sin opciones, no pueden oponerse ni decidir, limitándose a dejar ir a sus hijas con gran pésame.
Embarazo infantil
La violación conyugal y los diversos abusos a aquellas niñas con frecuencia conduce a embarazos infantiles. Riesgos y problemas tanto en la gestación como en el parto pueden incluso provocar la muerte de la infante o serios problemas de salud.
Las mujeres no pueden ser atendidas por médicos masculinos con tanta libertad por lo que la limitación es mucho mayor. Como ya se ha mencionado, no existe la facilidad para las mujeres de acceder a estudios como para los hombres por lo que el sector femenino capacitado para trabajar en el ámbito de la salud se encuentra extremadamente reducido.
Como afirma la BBC, las cifras de personal en sanidad del país son alarmantes y a la hora de trabajar faltan especialistas. Muchas mujeres previamente preparadas ni siquiera han podido presentarse a los exámenes para poder ejercer ya que los talibanes decidieron restringirlo.
Un futuro incierto
El control totalitario de los talibanes sobre la sociedad está derivando en la censura y la selección del contenido que se da a conocer. Es por ello que no hay que permitir que esta situación se condene al olvido y a la opresión. El país y sus habitantes se encuentran sumidos en un abismo de injusticia y deshumanización que continua aumentando.
Las mujeres afganas, cada vez más consumidas por la privación de derechos humanos, se ven obligadas a agachar la cabeza y aguantar la violencia sistemática que las está aplastando. El retroceso de la lucha por los derechos de la mujer que la situación sugiere no debe ser ignorado.
El mundo debe quitarse la venda que se ha implementado para que estas situaciones pasen desapercibidas y hacer frente a las tragedias que engloban los actos catastróficos del régimen talibán.
Cómo colaborar para ayudar
Aunque parezca que la situación es demasiado lejana y compleja como para buscar una solución inmediata, cada uno puede aportar un granito de arena para ayudar a que esto cambie:
- Donando en Women For Afghan Women:
Una organización que destina los fondos a las familias afganas para tratar de minorizar la pobreza. Cuenta con más de una modalidad para donar, no solo monetariamente sino también con recursos necesarios.
- Voluntariando o aportando en Netwomening:
Gracias a esta organización sin ánimo de lucro se hace posible participar en diversas actividades: desde la búsqueda de viviendas y acceso al mercado laboral hasta ofreciendo apoyo emocional y orientación, entre otras.
- Apoyando a la causa con UNICEF:
Equipos con un gran paso por este mundo siguen luchando y ayudando a mejorar el estilo de vida de la población afgana. Desde el acceso a la educación, la sanidad, la nutrición y otros muchos aspectos en los que poder aportar.


