El cáncer, igual de peligroso pero cada vez más conocido
El investigador contra el cáncer, Alberto Jiménez Schuhmacher explica a qué se dedica en su día a día y acerca a la población una valiosa información relacionada con esta complicada enfermedad.
Nueva York es una de las ciudades más atractivas del mundo y uno de los destinos más habituales de los amantes del turismo. Sin embargo, Alberto Jiménez Schuhmacher viajó hasta allí con la intención de estar un paso más cerca de la cura contra el cáncer. “Estuve trabajando con la doctora Johanna Joyce en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en el microentorno tumoral, que son las células que rodean al tumor. Descubrimos que con un fármaco podíamos cambiar las células tumorales”.
Jiménez Schuhmacher nació en 1980, en Zaragoza. Comenzó a estudiar Veterinaria pero se licenció en Bioquímica por la pasión que le despertaron el ciclo celular y los animales transgénicos. Después de licenciarse, contactó con Mariano Barbacid (bioquímico que descubrió el primer oncogén –gen que induce el cáncer en la célula– en humanos, galardonado con la Medalla Echegaray y nominado varias veces al Premio Nobel, entre otros logros) que acababa de fundar el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), para realizar junto a él su tesis doctoral. De la mano de Barbacid, la doctora Carmen Guerra guio su tesis hasta que la finalizó en 2009.
Posteriormente, comenzó su etapa de trabajo en Nueva York hasta que, en 2013, regresó a España para trabajar de nuevo en el CNIO. En esta segunda etapa, se incorporó al laboratorio de tumores cerebrales, dirigido por Massimo Squatrito, hasta que, en 2017, se desplazó a Zaragoza para formar y liderar el Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS), donde trabaja actualmente.
Jiménez Schuhmacher explica que tiene varios proyectos abiertos: “El de la biopsia virtual es el más complejo. Tratamos de observar los tumores mediante un escáner que nos permite conocer sus características y sus reacciones a determinados tratamientos. Por otra línea, investigamos casos del síndrome de Noonan, que es una enfermedad rara relacionada con problemas craneales. Por último, tenemos lo que llamamos ‘proyectos de la leche’: o son la leche o nos damos la leche. Colaboramos con investigadores en Zaragoza para encontrar grandes soluciones pero no comprometemos la viabilidad del laboratorio si fracasan”.
Además de todo este trabajo dentro del laboratorio, la labor de Schuhmacher se extiende al ámbito de la comunicación, ya que escribe en El Heraldo una vez al mes, tiene un audio en Cadena SER en Zaragoza y trabaja en la radio de Aragón. “Siempre destaco una frase del discurso de Steve Jobs en Stamford: ‘You have to connect the dots’. Significa que tienes que unir los puntos y que hay que hacer las cosas para saber de ellas, no porque haya siempre un fin concreto. Yo puedo llegar a más gente gracias a mi participación en estos medios por los diferentes pasos que he dado a lo largo de mi vida”, añade Schuhmacher.
Una de las razones por las que Schuhmacher es un gran apasionado de la investigación y la medicina es el seguimiento de Ramón y Cajal. “Cajalista es ser forofo, cajaliano ser estudioso y cajalero defenderlo a ultranza. Yo soy los tres grados”, comenta el investigador. Su interés por Cajal le llevó a leer su biografía y Reglas y Consejos sobre la Investigación Científica, escrito por el propio Cajal. “Al leer este libro descubrí muchas cosas sobre la vida de Cajal pero, personalmente, me quedé con varias frases. ‘Toda gran obra es fruto de la pasión puesta al servicio de una idea’. Esta fue la frase que más me marcó y que aún mantengo presente en mi mente a día de hoy”, confiesa Schuhmacher.
Su intención de transmitir las ideas y logros de Cajal está resultando realmente fructífera porque está consiguiendo que en su entorno se le escuche cada vez más a menudo y que su labor sea más reconocible para todos. Tal y como expone Schuhmacher, “Cajal está a la altura de Darwin, Pasteur, Newton o Einstein. Es el padre de las neurociencias y no se le reconoce como tal”. Además, realiza una autocrítica al escaso conocimiento científico de la sociedad española por ignorar grandes hazañas logradas por científicos españoles. Entre ellos, destaca el desplazamiento de la vacuna de la viruela a América y Asia en lo que fue la mayor expedición filantrópica de la historia.
De igual forma que pretende transmitir las ideas de Cajal, tiene como objetivo acercar a la población los datos más relevantes de sus investigaciones y aquello que pueda serles útil para evitar el mayor número de problemas posibles. “Si alguien tuviese que copiar el Quijote 1.500 veces –pregunta Schuhmacher–, ¿cometería errores? Evidentemente, sí. Pues, eso mismo ocurre con la multiplicación celular. El cuerpo humano tiene mecanismos para eliminar esos fallos en la reproducción de las células, pero a partir de los 50 años comienzan a fallar. De hecho, si todos viviésemos el tiempo suficiente, todos tendríamos tumores”, concreta el investigador. Por ello, explica que la intención de las investigaciones contra el cáncer es que los pacientes que lo sufren no fallezcan por ello, sino que lo hagan a causa de la edad o cualquier otro motivo. A eso se refiere con la frase: “La idea es morir con cáncer, pero no de cáncer”.
A pesar de que el cáncer no entiende de edades, sexos o procedencias, existen formas para mantener las probabilidades de desarrollar un tumor lo más bajas posibles. El propio Schuhmacher afirma con seguridad: “Nadie empieza a fumar con 50 años, ni con puros de habanos. Todos los fumadores comienzan en la adolescencia o cerca de los 20 años y por la accesibilidad de precio. Si el tabaco fuese más caro, los jóvenes no podrían acceder a él y se reduciría notablemente el número de fumadores”. Siguiendo esta argumentación, Jiménez Schuhmacher deja clara la idea más necesaria con respecto al tabaco: “lo importante de fumar es no empezar”.
Aún así, el cáncer no viene provocado solamente por el tabaco, sino que también puede aparecer por una mala alimentación, exposiciones prolongadas a la luz del sol o malos hábitos normalizados. “A los jóvenes –añade Schuhmacher– el cáncer que más les afecta es el melanoma, el cáncer de piel. Existe una prueba que llamamos ABCDE del melanoma, que muestra la asimetría, el borde, el color, el diámetro y la evolución”.
La labor que realiza Alberto Jiménez Schuhmacher ha sido reconocida tanto a nivel social como a nivel científico. Muestra de ello son los galardones con los que ha sido premiado, entre los que destacan el Premio ADEA Innovación (2017) y el nombramiento como Aragonés del Año e Hijo Predilecto de Zaragoza por sus valores humanos y contribuciones a la ciencia. “Además de esos, recibí un premio que me hizo especial ilusión. Fue en un colegio de Madrid, el colegio Nuestra Señora de los Ángeles, que siempre digo que es mi colegio de Madrid. Me entregaron el premio Alma Mercedaria y di una charla a los alumnos sobre mi labor y lo más importante de mi trabajo”, añade el zaragozano.
Desde su perspectiva de investigador, comenta: “Considero fundamental ir a los colegios a explicar todo aquello a lo que nos dedicamos para que los niños vean que estas cosas se pueden hacer en España. Creo que, si ven la cercanía y los medios de los que disponen para ayudar a la sociedad, alguno que esté interesado puede terminar dedicando su vida a ello”. En este punto, también reconoce que la pandemia ha sido positiva para que se tengan en cuenta todos los avances médicos y científicos que se han sucedido con los años. Si no hubiesen existido estos avances y mejoras, el Coronavirus seguiría igual que al principio. Gracias a ello, hemos conseguido neutralizarlo en poco menos de dos años, incluyendo el suministro de las vacunas, que están siendo muy efectivas.
Por último, Alberto Jiménez Schuhmacher aporta un consejo fuera del ámbito científico. “Todos tenemos un don o un talento y hay que encontrarlo y alinearlo con la vocación de cada uno. Las personas que consiguen eso no trabajan nunca porque realmente disfrutan de lo que hacen”, aconseja Schuhmacher. Además, reconoce que siempre tiene presente el consejo que le dio Carmen Guerra, la doctora que guio su tesis: “El no ya lo tienes”. Tal y como él mismo reconoce: “Me gustaría que los jóvenes tomasen este consejo y no dejasen nunca de hacer algo porque puedan fallar. No hay que tener miedo a cambiar de rumbo o a hacer diferentes cosas porque todas nos reportan beneficios y nos hacen mejores que ayer”.


