El MUNCYT ilustra la historia de la ciencia y la tecnología en España

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Columnas | Fuente: Pixabay
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En el entorno de la imponente arquitectura del hierro del Museo del Ferrocarril, se encuentra también la Biblioteca del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT). Aquí es posible un acercamiento al desarrollo tecnológico y científico con muestras de las diferentes etapas de su evolución. 

Nos adentramos en la sede física de la Biblioteca del MUNCYT para analizar el proceso de trabajo y divulgación de la ciencia y la tecnología en una época de continuos avances, acompañados de Josefa Prados Barrera, directora de la Biblioteca. 

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Una gran familia de la ciencia

Es imprescindible distinguir entre los museos históricos que poseen colecciones y los centros interactivos, popularizados a partir de 1980 por una corriente anglosajona. La finalidad didáctica y divulgativa es la misma, pero confluyen dos métodos distintos. Los centros interactivos enseñan ciencia sin necesidad de exponer colecciones o piezas históricas, como ocurre en el caso del de Valladolid, Cuenca, Granada o Valencia. Mientras, los museos históricos transmiten un mensaje científico a partir de instrumentos reales. 

Actualmente, el MUNCYT cuenta con tres sedes: la originaria, junto al Museo del Ferrocarril, una en Alcobendas y otra en La Coruña. En el ámbito internacional, los parejos paralelos en el mundo serían el Museo Galileo de Florencia o el Museo de Historia de la Ciencia de Oxford: pequeños, pero cruciales por sus colecciones como testigos. Y, por si fuera poco, las relaciones y colaboraciones entre los museos históricos de distintos países enriquecen enormemente la cultura. 

Una colección destacada

El MUNCYT es un museo nacional, lo que quiere decir que conserva colecciones históricas españolas o que fueron creadas para España. Fue creado por decreto en 1980 para dar acogida a colecciones que se encontraban dispersas en diferentes instituciones y reunirlas en un museo. Esto lo diferencia de otros museos como el Jardín Botánico o el Museo Nacional de Ciencias Naturales, creados a partir de colecciones reunidas en el siglo XVIII en gabinetes de Historia Natural o de instrumentos científicos que se convirtieron en museos nacionales, ya en el siglo XIX.

De acuerdo con las declaraciones de Josefa Prados, la colección más representativa que recoge el MUNCYT es la de la Real Academia de Matemáticas, fundada por Felipe II en el siglo XVI. Este monarca encargó la formación de la Academia a Juan de Herrera con dos siglos de adelanto a otras reales academias fundadas durante la Ilustración. De esta forma, desde la Real Academia de Matemáticas se adquirieron o fabricaron instrumentos para la enseñanza de las matemáticas aplicadas a la navegación, construcción, máquinas, caminos…

Los Estudios de San Isidro

Los Reales Estudios de San Isidro, fundados a finales del siglo XVIII, heredan el Colegio de los Jesuitas del siglo XVII, que a su vez era heredero de la Real Academia de Matemáticas del siglo XVI.

Planisferio terrestre de grandes dimensiones: no se utilizaba en la navegación, sino para enseñar a los navegantes | Fuente: MUNCYT

La biblioteca como centro de documentación

Existen dos modos principales de ingresar instrumentos o aparatos en las colecciones. Uno es la donación, y el otro a través de una compra privada en una subasta, que protagoniza el propio Ministerio de Cultura y Deporte autorizado por la Junta de evaluación cuando se trata de una pieza de especial interés histórico para España. Si no, es el propio museo el que realiza la compra.

Una vez que las piezas llegan al museo, la documentación que acompaña a las piezas se estudia y se completa por el equipo técnico, que elabora informes con información relacionada con el origen de la pieza, su valor, su trascendencia y otros aspectos técnicos. El departamento de restauración y conservación también es muy importante en este proceso, porque existe la posibilidad de que las piezas entren dañadas o incompletas. 

Toda esta información se encuentra en el archivo del museo: hay una base de datos que es de objetos, y otra de toda la documentación que acompaña a estos objetos. Además, existe el Archivo Histórico, donde se recogía manualmente toda la información acerca de las piezas y que, tras mucha dedicación, actualmente se encuentra digitalizado. Sin embargo, no está publicado en la red, aunque los ciudadanos pueden solicitar su consulta. 

En este ambiente de digitalización, las fichas bibliográficas no son una necesidad, pero muchos ejemplares las mantienen como recuerdo y reafirmación de lo tangible.

La mujer inventora

La obra 200 años de patentes evidencia que durante la Ilustración era “una tendencia generalizada que las mujeres patentaran innovaciones relacionadas con el ámbito doméstico (cocina, limpieza, mobiliario), al que socialmente estaban relegadas”.

Es el caso del mueble multiusos, patentado por la comerciante Candelaria Pérez, domiciliada en La Habana. “Consistía en una cama combinable con un tocador, lavabo, mesilla de noche, escritorio, bidé, mesa de ajedrez o para comer”. 

Boceto del mueble multiusos | Fuente: ‘200 años de patentes’

Pero las innovaciones femeninas también exploraron otros campos, como el de la educación o la ciencia. La madrileña Isabel de Parrazar patentó el abanico caja: “Simple, rápido y eficaz, el abanico ha sido, y aún es, un recurso fácil para rebajar los calores estivales”. 

Boceto del abanico caja | Fuente: ‘200 años de patentes’

La revolución educativa de una inventora docente

Ángela Ruíz Robles era una maestra leonesa que se trasladó a Galicia. Allí impartió clases y, a través de la observación al alumnado, desarrolló artilugios para que aprendieran mejor o para que no llevaran mucho peso en sus mochilas.

Esto lo consiguió gracias a la enciclopedia mecánica, que funciona como un rollo de papiro: son pequeños rollos para las diferentes asignaturas que se van rotando y ponen a disposición del lector todo el contenido de la enciclopedia. No era necesario portar tantos libros.

Este prototipo se considera el antecedente primigenio del libro electrónico, aunque no es electrónico sino mecánico, por el gran avance que supone la concepción de un artilugio sencillo de transportar capaz de albergar mucho contenido.

Enciclopedia mecánica | Fuente: MUNCYT

Josefa Prados señala que Ángela Ruíz también elaboró juegos innovadores que facilitaban el aprendizaje a través de un diodo eléctrico que enciende una pequeña bombilla si se han relacionado los conceptos correctos. Una variante del actual juego de Operación

Sus inventos resolvieron las necesidades de sus alumnos, pero, a pesar de que los patentó, no llegaron a fabricarse industrialmente. Entonces, lo que se conserva son los prototipos que su familia ha donado al museo. La enciclopedia mecánica está expuesta en la sede de La Coruña. 

Redescubrir grandes sujetos de la ciencia

Josefa Prados lo sabe: muchos aspectos científicos pasan desapercibidos diariamente ante nuestros ojos. El MUNCYT aboga por profundizar en la cultura científica y tecnológica española de la mano de personajes imprescindibles, inolvidables para la memoria colectiva y, a menudo, cuyas facetas y logros son desconocidos.

El MUNCYT recuerda que Santiago Ramón y Cajal era un apasionado de la pintura y que su padre le enganchó para el estudio nombrándolo ayudante de anatomía en sus clases en la universidad. Le preocupaba la situación precaria en la que se encontraban los científicos, que escribía y publicó El mundo visto a los ochenta años o que desarrolló un sistema de placas fotográficas nuevas porque le daba ciertos ingresos. Una de sus aportaciones más desconocidas es la fotografía de los colores, que sin embargo fue una aportación importantísima en la reproducción fotográfica.

Da a conocer a Enriqueta Lewy, discípula de Santiago Ramón y Cajal, que era doctora en Historia y le ayudó a comprender obras alemanas y francesas para sus proyectos científicos. Además, escribió sobre él las biografías más completas, como Así era Cajal o El hombre, el sabio y el pensador.

Del mismo modo que enseña sobre Mónico Sánchez, el inventor del generador portátil de rayos X. Este aparato fue muy útil en la época de la Primera Guerra Mundial y fue de los que utilizó Marie Curie en las ambulancias cuando atendía a enfermos junto a su hija. Pero también elaboró un estudio sobre minerales a través de tubos de descarga: tubos de vidrio a los que se les puede inocular un gas y, cuando entra a la corriente eléctrica, se produce un efecto colorido característico. Una colección completa y muy bien conservada de estos tubos de descarga está expuesta en el museo.

Y también reúne los instrumentos de trabajo de Arturo Duperier Vallesa, un físico español que estudió física de partículas, los rayos cósmicos y las partículas muhones. 

En definitiva, difunde las enormes contribuciones de personalidades generalmente poco conocidas, como Torres Quevedo y su transbordador de las cataratas del Niágara, sus globos dirigibles, máquinas algebraicas… Y explora la faceta científica de otro gran pintor, Agustín de Betancourt, fundador de la Escuela de Caminos.

Visitar la biblioteca en el Paseo de las Delicias, Madrid

Los ciudadanos pueden acceder a la biblioteca y sus contenidos, tanto libros como revistas, en curso e históricas. Es importante examinar si existe la versión digitalizada del documento que necesitamos consultar, porque todos aquellos documentos que tienen una digitalización se encuentran colgados en el catálogo de la biblioteca, disponible a través de la página web del museo. Si no fuera el caso, el único requisito es pedir cita para concretar el día de la visita y el documento que se solicita visionar, con el objetivo de agilizar el proceso y la consulta. 

Así concluye la visita a la biblioteca del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, de la mano experimentada de Josefa Prados Barrera. Sin duda alguna, merece la pena realizar el atrevimiento de acercar la atención a las distintas ofertas didácticas y los servicios que ofrece el MUNCYT, para recorrer sus colecciones y sus exposiciones y llevarnos un sabor a ciencia inconfundible.

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