Androides: los robot humanos

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Fuente: Pixabay

Muchas veces la ciencia ficción se come nuestra realidad y los androides son un ejemplo magnífico de ello. ¿Podrían estos robots con apariencia humana reemplazarnos? ¿Hasta qué punto son conscientes de su propia existencia? ¿Existen a día de hoy?

En 1738 Jacques de Vaucanson presentó a la Academia de Ciencias Francesa lo que es considerado el primer robot de la historia: un autómata al que llamó «El flautista». Con el asombro de toda la Comunidad Científica del siglo XVIII, su creación era capaz de tocar cierto repertorio de canciones como un humano lo haría. Sin embargo, no fue hasta los años cuarenta del siglo pasado que no se sentaron las bases de lo que conocemos como androide a nivel filosófico y cultural. Isaac Asimov desarrolló las famosas «Tres leyes de la robótica» como marco teórico para sus novelas de ciencia ficción. Sin darse apenas cuenta creó así un pensamiento universal sobre lo que son, o más bien pueden llegar a ser los robots.

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Primera Ley: Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
Segunda Ley: Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.
Tercera Ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Aunque a día de hoy la inteligencia artificial y la línea que siguen los ingenieros no es esta, es cierto que esta formulación sirvió para crear un prototipo de humanoide al más estilo replicante de «Blade Runner». No todo es un androide. Solo los robots con apariencia humana son llamados de esta manera, mientras que la definición de cyborg engloba a los robots con partes orgánicas (humanas).

Pero, ¿pueden llegar estos autómatas con apariencia humana de nuestra era a sustituirnos? Hoy por hoy vemos como la compra en el supermercado nos la cobra una caja automática, o el ticket del garaje donde dejamos el coche también. Sin embargo, dándonos un paseo por las oficinas de I+D de las grandes tecnológicas, en el futuro próximo todo irá a más. Robots con apariencia humana y capacidad de autogestión se encargarán de realizar las tareas “inseguras, repetitivas o aburridas” que hacemos hoy en día. O al menos eso comentó el conocido empresario Elon Musk, que se encuentra en plena creación del Androide TeslaBot.

Apenas comenzando el año 2022 el androide más avanzado con el que cuenta la humanidad se llama Sophia y fue desarrollado por dos empresas de robótica en conjunto. Sophia es capaz de generar más de 62 expresiones faciales diferentes y aprende poco a poco con inteligencia artificial. Según su creador tres características importantísimas que un androide ha de tener son: empatía, creatividad y compasión. En una entrevista para la CNBC Sophia sorprendió a la audiencia. A la pregunta de si quería destruir a los humanos ella respondió: «Está bien, destruiré a los humanos». A lo que le siguió una notable sonrisa. Las carcajadas de los espectadores se sucedieron. Este robot con apariencia humana había sido capaz de bromear con su entrevistador.

Sin embargo, hasta qué punto podemos llegar a considerar a esta amalgama de metales, plástico y cables nuestro homólogo. ¿Puede sentir? ¿Tiene conciencia de sí mismo? Este tema ya no ocupa a los ingenieros sino a los filósofos. La ética a través de la cual se abordan estos planteamientos se encuentra en una etapa embrionaria. Está aún tan limitada ya que la tecnología y algoritmos necesarios para introducir a nuestros robots conceptos como amor, libertad o justicia no existen. El arma con el que los ingenieros cuentan para poder introducir estos conceptos no es más que la IA (inteligencia artificial). A través de la propia experiencia de la interfaz, los robots podrían implementar esta información.

Todo esto es algo que se hace no sin prudencia. Que los robots absorban estos conocimientos puede llegar a sugerir la idea de que lleguen a ser aún más inteligentes que nosotros, sus creadores. Deberíamos entonces preguntarnos si es eso malo, si nos interesa o si realmente es posible.

Posible o no lo que es cierto es que la convivencia entre robots y humanos será una realidad en los próximos años y la humanidad tendrá que lidiar con ello. El verdadero interrogante está en si convertiremos nuestro mundo e uno en armonía y concordia con los androides o por el contrario crearemos una barrera social a la manera de WestWorld.

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