La infancia y la adolescencia son etapas de la vida marcadas por la vulnerabilidad a la influencia externa
Esto se debe a que el cerebro se encuentra en un proceso de cambio y desarrollo continuo, a la falta de experiencia respecto a la toma de decisiones y evaluación de riesgos, y a la búsqueda de identidad, además de la necesidad de pertenencia. Y de esta misma vulnerabilidad se aprovechan las redes para posicionarse como una de las influencias más significativas actualmente durante esta etapa.
“Nuestros niños y adolescentes no tienen el lujo de esperar hasta que sepamos la huella que las redes tienen en ellos”, afirma el doctor Vivek Murthy, la principal autoridad sanitaria en el gabinete de Gobierno de EEUU. Y es que, el uso de estas plataformas sin supervisión parental es un problema real que puede afectar muy negativamente al desarrollo de la personalidad de los más jóvenes.
Es una realidad que la generación de jóvenes actuales no tiene nada que ver con la de hace 40 años. Hoy en día la sociedad está expuesta a muchísimos estímulos artificiales y es en parte dependiente de la tecnología para numerosos aspectos de la vida cotidiana. Cuando se habla de la Generación Z, se trata de todos aquellos nacidos aproximadamente entre 1995 y 2015. Niños que “nacieron con un smartphone bajo el brazo” y que sufren las consecuencias de vivir inmersos en la tecnología digital desde la infancia. No cabe duda que la creación de Internet y las plataformas para socializar online han supuesto un antes y un después en la historia de los avances tecnológicos, han permitido transmitir información constante, dar visibilidad a muchos aspectos desconocidos para gran parte de la población, etc. Pero no todo es de color rosa, es un hecho que toda esta era tecnológica ha afectado también de lleno negativamente sobre todo a los más jóvenes. Muchos niños han perdido la capacidad de socializar en persona al encerrarse en su habitación tras una pantalla, se han visto inmersos en problemas mentales muy serios derivados de la falsa realidad que se muestra en las redes sociales o simplemente idolatran tanto a personajes públicos que van perdiendo poco a poco su opinión propia y su personalidad única. Se convierten en borregos del poder de las masas.

Padres y expertos se posicionan al respecto
Toda esta influencia negativa la notan sobre todo los padres de estos “adictos al móvil” que se encuentran perdidos, no saben cómo actuar adecuadamente frente a esta situación que es casi imposible frenar. Sin embargo, un grupo de padres de Cataluña ha decidido tomar parte en el asunto. Han creado un grupo denominado “Adolescencia libre” que cuenta con más de 2000 padres, principalmente en Whatsapp y Telegram, con el fin de retrasar la compra de un móvil para los niños hasta los 16 años. Comentan que uno de los motivos por los que los chicos exigen un teléfono a edades tan tempranas es la presión social, así que han redactado un documento en el que las familias aceptan comprometerse a no comprarle un móvil a sus hijos hasta los 16 años, edad a la que consideran que los chicos ya son un poco conscientes de los peligros de las redes sociales e Internet. Esta iniciativa se ha hecho muy famosa entre los padres y se está extendiendo por toda España.
Aún así, los padres no son los únicos que se posicionan respecto a la influencia de estas plataformas, psicólogos expertos en desarrollo de la infancia afirman que el uso excesivo de las redes sociales se relaciona con un menor bienestar psicológico generando síntomas de ansiedad, depresión, trastornos de sueño y de autoestima. Y es que se habla principalmente de lo peligroso que puede ser participar activamente en las redes, pero un estudio realizado por Alfredo Oliva, doctor en Psicología especializado en la adolescencia, revela que el uso pasivo de las redes sociales es más preocupante, más negativo. Ver durante tanto tiempo la maravillosa vida de otros suele llevar a una odiosa comparación que a su vez puede resultar en una vida infeliz. Aquí entra el papel de los famosos influencers, que como su propio nombre indica, tiene el poder de influir sobre las masas. Se trata de personas corrientes, que comparten su vida y hobbies a través de Internet, que han conseguido un número considerable de seguidores que en la mayoría de casos los toman como ejemplo a seguir. Los jóvenes pertenecen a un grupo de edad muy susceptible, por lo que si bien es cierto que los influencers tienden a mostrar una versión de su vida bastante idealizada, esto provoca que los niños crean que deben llegar a conseguir lo mismo que ellos, que su vida de antes no es suficiente.
Además, no cabe duda que los chicos y chicas de la Generación Z ya ven esta forma de vida como un trabajo accesible al que aspirar en un futuro. Se ha normalizado tanto este papel en las redes que ya muchos niños no sueñan con ser médicos o profesores, creen que su destino es ser influencer. Aunque no se trata de un puesto fácil, estar bajo la atenta mirada de tantas personas y poseer la capacidad de influenciar en sus tendencias y actuaciones supone una presión y responsabilidad enormes. La fuerza psicológica es imprescindible en este ámbito.

El poder de un simple like
Según el ISEP, Instituto Superior de Asuntos Psicológicos, las redes sociales tienen un impacto significativo en el bienestar emocional de la sociedad. Es más, tienen repercusiones a nivel cerebral, ya que la recepción de likes o refuerzos positivos desencadena la liberación de dopamina en el cerebro, generando una sensación placentera, conocida como el mecanismo de recompensa de dopamina. Siguiendo con el hilo de los likes, cabe resaltar que nadie está obligado a publicar nada en redes, sin embargo se ha convertido en una especie de deber social. Y hablando del ámbito social, no se puede olvidar que los humanos son seres sociales que tienen predisposición a vivir en comunidad y experimentan ansiedad o malestar cuando se sienten excluidos. Este fenómeno se amplifica en el entorno digital con el surgimiento del síndrome FOMO (miedo a perderse algo), donde las personas sienten un temor a perderse eventos relevantes en sus círculos virtuales. Esto lleva al hábito de consultar constantemente las redes para no perderse posibles planes interesantes o información relevante.
Una vez conocidos todos estos datos hay algo que no se puede negar. Las redes sociales ejercen una influencia masiva en el comportamiento de las personas, sobre todo de los más jóvenes, y está en manos de la sociedad pararle los pies y ejercer un control para poder disfrutar de estas plataformas de forma sana y beneficiosa.


